Juan Álvaro Lumbreras, propietario de la finca El Palomar de Paradas. Carmen González

Al pistacho lo llaman en China el fruto feliz. Todo por la forma que tiene cuando madura, ya que su cáscara simula una sonrisa desde la que se puede ver el interior. Aunque es un cultivo milenario -las primeras plantaciones se ubican en las zonas más secas de Irán- en España comienza a ser una alternativa a otros productos agrícolas como el olivar, a los que gana en rendimiento. El pistacho es muy reciente en determinadas zonas de Andalucía, pero, aunque su implantación es lenta, no para de crecer. El primer vivero que comenzó a funcionar en la provincia de Sevilla está en la finca El Palomar de Paradas, un pequeño municipio de la Campiña sevillana. Es propiedad del ingeniero agrónomo Juan Álvaro Lumbreras, que estuvo tres años intentado sacar adelante las primeras plantas. En esta última campaña han salido de sus instalaciones más de 15.000 camino de repoblar otras fincas sevillanas y andaluzas.

Lumbreras ha sido pionero en la implantación del vivero de pistachos en la provincia de Sevilla, aunque a él no le gusta mucho reconocerlo. No obstante, es una realidad. Fue el primero que le dio una oportunidad a un cultivo que el agricultor mira desde la distancia. “Los agricultores no controlan este cultivo y esto le da inseguridad. No tienen la autoconfianza en el aprendizaje, tiene que depender de alguien”, explica. Justo lo contrario al olivar y otros cultivos herbáceos que domina sin problema porque es tradicional en la agricultura de Andalucía.

Para el viverista es necesario cambiar esta actitud y sólo se puede hacer con la colaboración de las administraciones. Por esta razón, esta semana ha recibido la visita en su finca del portavoz de Agricultura en el Parlamento andaluz, Alberto Sanromán (PP), al que le ha pedido que la Administración informe y forme sobre este cultivo al agricultor y se invierta en investigación, áreas en las que llevan años de adelanto otras regiones españolas como Castilla La Mancha, donde está el Centro de Investigación Agroambiental ‘El Chaparrillo’ y el 90 por ciento de la producción de pistachos del país.

“Andalucía está a tiempo de montarse en un tren y, como dijo en una conferencia José Francisco Couceiro, puede convertirse en la despensa del pistacho de calidad en Europa si hace las cosas bien”, dice Lumbreras. José Francisco Couceiro está considerado el principal investigador de este cultivo en España, incluso se le atribuye que ya haya regiones en el país donde uno de cada 700 kilómetros cuadrados ya está cubierto por pistacheros. 

Iniciativas parlamentarias

Esta información y más se ha llevado Sanromán para su estudio en el Parlamento y se ha comprometido a impulsar iniciativas dirigidas a aumentar líneas de investigación para la mejora de variedades, así como proponer jornadas formativas y de divulgación. Para Lumbreras, avanzar en este sentido permitirá que sea el agricultor el que coja las riendas y “no las grandes inversoras que empiezan a desembarcar” porque el pistacho es un fruto con un rendimiento superior al de cualquier otro cultivo y un consumo en alza. En la actualidad, el 90 por ciento del pistacho que se consume en España se importa de EEUU. 

Según los últimos datos barajados por la Junta de Andalucía, la región andaluza en la que más ha crecido esta planta es Granada, que ha pasado de 601 hectáreas de este cultivo en secano y 398 en regadío durante el año 2018 -en total 999 hectáreas- a las 3045 de 2022, divididas en 1981 hectáreas en regadío y 1064 hectáreas de secano. Sevilla ocupa el cuarto lugar en este ranquin de crecimiento, y ha pasado de un total de 276 hectáreas en 2018 (de las que sólo 43 fueron en secano) a 633 hectáreas en 2022, año de que se tienen los últimos datos.

Lumbreras sigue trabajando para que esta situación cambie porque “en Sevilla no hay todavía un foco importante de plantaciones de pistachos”, sólo hay algunas zonas dispersas y, de momento, su implantación dice que es “como una bomba de racimo, donde se pone una empiezan a crecer a su alrededor más fincas con este cultivo”. Y esto, tal como lo cuenta, ha pasado en Olvera (Cádiz), Archidona (Málaga), Ciudad Real, Jaén, Granada o Badajoz. 

De su vivero han salido en esta campaña pistachos para Pedrera, Paradas, La Puebla de Cazalla, Montellano, dentro de la provincia de Sevilla; pero también ha vendido plantas cuyo destinos son fincas de Higuera de la Sierra (Huelva), Villafranca de los Barros (Badajoz), Granada, entre otras. Precisamente en Paradas, el municipio donde está ubicado su vivero, está creciendo el cultivo, el propietario de la emblemática empresa Saladitos, Manuel Barrera, está apostando por este fruto seco para ampliar su producción en el sector.

En estos días, en la finca de El Palomar, donde su propietario ha puesto a prueba sus conocimientos y aprende continuamente, se superponen los trabajos, ya que él y sus empleados preparan el invernadero para poner las plantas que este año, por distintas razones, no se han podido vender, al mismo tiempo que están a la espera de sembrar parte de su finca con los nuevos portainjertos que albergarán en dos años el injerto de alguna de las variedades de pistachero.

Inversión y rendimiento

Por su experiencia como asesor en distintas fincas (trabaja incluso en tres de Portugal) y en el propio vivero, sabe que al agricultor le interesa la inversión por hectárea que asciende a 3000 euros y cuenta la compra de 200 a 250 plantas y la preparación del terreno. Es una planta que tarda en estar en plena producción de seis a siete años en tierras de riego y nueve años en secano, y de 1000 a 1500 kilos por hectárea en secano y de 2000 a 2500 kilos en riego. 

“Hay que empezar poco a poco dejando una parte de la finca para este cultivo. Los agricultores de Castilla La Mancha lo fueron implantando en sus tierras progresivamente y ahora están forrados”, asegura Juan Álvaro Lumbreras. El precio del kilo de pistachos está en seis euros, nada que ver, por ejemplo, con el de la aceituna que en un año normal y, dependiendo de la variedad, apenas alcanza el euro. Aún considerando que en la hectárea de olivar se producen de 3000 a 4000 kilos, sigue siendo mucho peor el rendimiento. Tampoco requieren de más cuidados que los olivos.

Lumbreras es ingeniero agrónomo y lleva con el vivero desde 2013, después de pasar unos años trabajando en Archidona en DCOOP, la mayor cooperativa agroalimentaria española. Allí fue donde germinó su interés por el pistachero, sus variedades y, sobre todo, sus posibilidades. “Entonces -dice- cada planta valía 18 euros, ahora está entre 9 y 12”. Los primeros años plantaba solo en macetas, pero el tercer año amplió su finca y compró 60.000 metros cuadrados de un terreno arenoso donde crecen miles de plantas que acaba extrayendo a raíz desnuda en los meses de enero y febrero. 

Ahora incluso tiene un proyecto con un socio para producir pistachos en Paradas y que ya salgan envasados del pueblo. Sólo de esta manera completará un círculo y demostrará que el rendimiento del fruto feliz es una apuesta de crecimiento económico.