Mary Badham y Gregory Peck en un fotograma de Matar a un Ruiseñor

En el fondo lo sabíais. Llegar tarde a la vida, decir que lees a Stevenson, que ves películas de Kurosawa y que se rían de ti con la excusa de ‘pues yo a los 11 años escalaba el monte con la boca, porque era un niño’. Os admiro, pues vos sois distinta a lo propio conocido, por modales y por un papel que lo dice. Y eso en vuestra vida os limitará.

Vos sois una niña, cierto es. Heredera de La Corona, futura jefe del Estado y -en lo presente- incipiente entusiasta del abrigo de la vida: los libros y el cine. Os recomiendo, Leonor, que os enamoréis de Atticus Finch. Yo lo hice y acabé siendo abogado -o eso dicen los papeles y el alma-, no por los profesores, sino por ese personaje que fue ganador del Premio Nobel a las buenas intenciones.

Decidle a vuestro padre que os ponga una tarde de domingo Centauros del desierto, Vértigo y La dolce Vitta; todo seguido, para que aprendáis que la vida es cerrar y abrir puertas, que la vida se desinfla a borbotones en la belleza de Kim Novak y que todo debería ser tan fácil y obvio como bailar en una fuente.

A los 10 años me sorprendió la vida de Lorca, y aún más me sorprendió conocer a Ian Gibson, su biógrafo. Desafortunadamente, nadie en el colegio sabía quién era, de ahí mi indignación. Aprendeos de memoria la Canción de los vendimiadores y vuestra piel se erizará, que os enseñe desde ya quién era Romero Murube y devorad ese Doncel de Larra que vuestra madre regaló a vuestro padre.

Caed, levantaos, aprended. Tomaos la vida con el cuchillo entre los dientes y que jamás os importe lo que de vos digan. Leed a Pynchon, el rey de lo absurdo. Jugad al polo. Admirad a Hemingway. Corred descalza camino a la playa, siempre con una sonrisa en los ojos. Fumad, y observad en el humo cómo la vida se escapa. Acariciad las sabanas del amanecer y enloqueced de ilusión al hablar de Balenciaga. Que La Corona os pese. Estáis ahí porque la metafísica lo quiere, que diría Dalí.

No os creáis esa frase de James Dean que unos cuantos lerdos atribuyeron a Dean. Que el Este del Edén sea siempre vuestro hogar. Leed a Sabina, y luego escuchad y quedaos en esa frase, ‘y cuando duermo sin ti contigo sueño’. Terrence Malick os hará descubrir el color verdadero de la vida retratado en cada atardecer. Llorad de la risa con Billy Wilder. Preguntad a vuestro abuelo quién era Carmen y qué le inspiraba la mirada de esa gacela acuática herida de muerte desde su juventud. Perdeos en Asturias, en el faro de Lluces de Lastres encontraréis las respuestas a todo en vuestro interior mientras rompéis vuestra mirada observando como el faro quiere ser mar.

Recordad que vos sois una persona y que valéis lo mismo que cualquier otra: vuestra palabra. Alejaos de los aduladores, envidiosos y abrazafarolas, este país está sobrado de ellos. Por último, alejaos de los ignorantes y de esos necios conjurados que pretenden que seáis tan mediocres como ellos a los 11 años. Vivid, al fin y al cabo, porque vuestra es la vida digan lo que digan. Solo sois una niña que lee a Stevenson y admira a Kurosawa que está por encima ya de la jungla de tuiter que no sabría ni situar en un mapa Djibuti. Llegad a donde queráis, no porque os lo digan, si no por empecinada. En eso consiste vivir, en ser empecinado y persistir. La vida, Leonor.

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Jaime Fernández-Mijares

Nacido en 1989 en Sevilla. Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y Máster en Tributación y Asesoría Fiscal por la Universidad Loyola Andalucía. Forma parte de 'Andaluces, Regeneraos',...