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Este año, un año más, el 28 de febrero celebramos el día de Andalucía. En esta ocasión el día 28 de febrero no se corresponde con el último día del mes porque estamos en año bisiesto. Este hecho ocurre cada cuatro años y ha venido ocurriendo así desde los tiempos de Julio César.

Así ocurrió, también, en el año 1980 que fue bisiesto y fue el año en que se perdió el Referéndum de Andalucía, que es precisamente lo que se rememora y celebra el día 28, por antojo de algunos.

Algún aficionado a la astrología, al esoterismo o a la simple superstición, dirá que se perdió necesariamente por celebrarse en año bisiesto y, por lo tanto, en año poco propicio. Otros como el que esto escribe, bromas aparte, consideramos que no prosperó porque todo se urdió para que así fuese. Aunque creo que, desgraciadamente, una mayoría, simplemente no tienen ni idea de lo que estoy diciendo.  

Digo desgraciadamente, porque han pasado ya treinta y seis años desde que se celebró el referéndum y dudo mucho que, a estas alturas, esa inmensa mayoría de andaluces sepa qué se celebra el día veintiocho de febrero. Yo estoy convencido de que no lo saben porque a las instituciones andaluzas y a los que las gobiernan, durante treinta y seis años, no les ha interesado explicar a las nuevas generaciones el sentido de esta efemérides.

Por eso, para algunos, el 28 de Febrero es el día de la bandera o el día de las Medallas de Andalucía, que todavía tiene un pase; pero para otros, lamentablemente, es el día de la flauta en el que se toca el himno de Andalucía, vestidos de flamenca y trajes cortos; o es el día de la ‘tostá’ con aceite de oliva o el día de la marcha en bicicleta.

Esto viene siendo así desde hace treinta y seis años porque a ningún estudiante andaluz se le explica que el veintiocho de febrero de mil novecientos ochenta se celebró en Andalucía un referéndum para que los andaluces decidiéramos si queríamos una autonomía como la otorgada por el Estado a las llamadas nacionalidades “históricas” (Cataluña, Galicia y Euskadi) y no una mera descentralización administrativa.

Porque a ningún estudiante andaluz se le explica que aquel día el referéndum no prosperó porque la ley de consultas pactada entonces, entre el gobierno de la UCD y el grupo mayoritario de la oposición del PSOE, exigió para alcanzar esa autonomía especial, no la mayoría de los votos afirmativos de los votantes sino la mayoría del censo electoral; de tal manera que todo el que no votara a favor se contabilizaba como voto en contra; incluida la abstención.

A ningún estudiante andaluz se le ha explicado, durante todo este tiempo, que tuvimos que llegar a un veintiocho de febrero, y a un referéndum injusto, a pesar de que hubo una fecha anterior, un 4 de diciembre de 1977, en que los andaluces salieron a las calles para decir, a quienes entonces redactaban la que sería la actual Constitución de 1978, que Andalucía quería una autonomía como la que más.

Y a ningún estudiante andaluz se le ha recordado que los constituyentes de entonces, incluidos muchos de los que después, y hoy mismo, se dan golpes de pecho, decidieron no incluir a Andalucía dentro de las comunidades llamadas “históricas”, a pesar de que ahora se apropien de manera espuria de la génesis de nuestra autonomía.

Al final, aunque perdiéramos el referéndum, terminamos logrando, sobre el papel, una autonomía de primera fruto de la presión política de andalucistas y socialistas, cuyo Estatuto sí se aprobó en referéndum el 20 de octubre de 1981. Y digo sobre el papel porque, al final, un nuevo pacto entre la UCD y el PSOE, descafeinó nuestra autonomía aprobando, el 30 de julio de 1982, la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) una ley que limitó las transferencia del Estado a la Comunidad y que acabaría, entre otras cosas, con la dimisión de Rafael Escuredo como presidente socialista de la Junta de Andalucía enfrentado al gobierno central de su propio partido.

Han pasado ya treinta y seis años de toda esta historia; una historia contada oficialmente a medias o narrada de forma velada. Después de tantos años, es necesario que los andaluces conozcan su pasado porque, está claro, que si un pueblo no sabe de dónde viene, difícilmente sabrá hacia dónde va, o lo que es peor, hacia dónde lo dirigen.

En todos estos años hemos conseguido muchos logros; negarlo sería no ser objetivos; pero no podemos olvidar que seguimos estando a la cola de todas las estadísticas y nuestra diferencia con el nivel de vida y de rentas de las comunidades más ricas se sigue manteniendo; entre otras cosas porque nos hemos dejado llevar por la marea de la historia que nos han contado.

Por eso, ahora, en estas fechas políticamente convulsas en las que se dibuja, en muchos aspectos, un escenario parecido al de los años de la transición, es preciso que estemos alerta, porque hay quienes están pretendiendo, una vez más, y como entonces, utilizar a Andalucía y a los andaluces como ariete para llegar al poder o como escudo para mantenerlo. Es verdad que estamos en un año bisiesto que no tiene porque ser infausto como algunos vaticinan, a lo mejor bastará con que nos cuidemos de los idus de marzo, algo que por cierto no hizo Julio César y así le fue. 

Manuel Visglerio fue candidato al Parlamento de Andalucía por el Partido Andalucía. Actualmente, está retirado de la política.
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Equipo de redacción de Sevilla Actualidad