José Ignacio Wert lo ha vuelto a hacer. Nos ha engañado como a bobos. La supuesta reforma del sistema de becas que iba a premiar el mérito académico ha resultado ser una pantomima, una burda falacia para tenernos callados unos meses más. Los expedientes excelentes pero con pocos recursos van a recibir 300 euros menos de media, mientras miles de estudiantes que no lo necesitan van a recibir una beca que no merecen.

Pero no toda la culpa es del ministro de Educación, Cultura y Deportes, ya que también los estudiantes tienen mucho que ver en este despropósito. Si bien es cierto que Wert nos ha engañado, no lo es menos que nuestros propios compañeros nos traicionan al solicitar unas ayudas que no necesitan: las becas están para cubrir las necesidades de los estudiantes, no sus lujos.

En todos los años que llevo como estudiante (dos carreras dan para mucho), me ha tocado escuchar historias tan inverosímiles como tristemente ciertas acerca de las becas. Desde “me he gastado el dinero de la beca en ropa”, hasta “una compañera se ha operado los pechos con lo que le han dado”. Después, esos que usan las becas para sus caprichos claman contra Wert porque les han recortado su cuantía, demostrando una incultura desmesurada o bien un egoísmo insultante.

Por otro lado, gran parte de culpa tienen también los antecesores de Wert en el cargo: los ministros que desde los años ochenta han abordado seis reformas educativas por intereses políticos, anteponiendo la lucha interpartidista al bienestar de la nación. La lógica seguida por estos auténticos ministros de la incultura ha sido la siguiente: mejorar los datos del fracaso escolar a base de bajar el nivel de exigencia académica, conseguir más universitarios bajo su gobierno haciendo de la Selectividad un mero trámite y dando becas a todos sin importar si las necesitaban.

Con todo esto no han hecho sino malcriarnos, haciéndonos creer que todos estamos preparados para ser universitarios, y que todos merecemos una beca aunque vivamos en un chalet y papá conduzca un Mercedes. La consecuencia de estos despropósitos, tanto de los ministros como de algunos estudiantes, ha sido que todo sean pulgas cuando más flaco está el perro.

No voy a defender a Wert, por supuesto, pero me parece que sólo es la mano ejecutora de una sentencia que se ha venido dictando desde hace años y en la que los estudiantes hemos sido parte activa (o pasiva, porque con dinero en mano no había boca que se abriese).

Es por ello que animo a mis compañeros a que se manifiesten contra las políticas de Wert, pero teniendo en cuenta que el sistema no solo lo vicia el que está en el poder, sino todos aquellos que se han aprovechado de él hasta que la burbuja ha explotado. Teniendo esto claro, luchemos por recuperar los derechos que merecemos pero corrigiendo los errores del pasado para no volverlos a repetir y teniendo algo claro: las becas son para quienes de verdad las necesitan.

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