¡Partidos mayoritarios! Hago una advertencia: “a los IBM y Microsoft de la política española les acabará apareciendo un Google que cambie las reglas del juego al entender como funcionan y qué demandan sus usuarios”. Pónganse las pilas.

Y es que, de entre todas las instituciones probablemente sean los partidos políticos aquellas que con más urgencia necesitamos reformular: la corrupción junto con los políticos y los partidos en general llevan un año en el “Top 5” de los problemas según los ciudadanos (véaseBarómetro del CIS sobre percepción de los principales problemas de España).

Podría resultar lógico pensar que esta pérdida de confianza en los partidos políticos sea resultado de los últimos escándalos de corrupción. Sostengo algo más radical: la actual pérdida de confianza en estas instituciones está mayormente relacionada con la percepción ciudadana de que están más preocupadas del sostenimiento de las estructurasde su organización que en servir de vehículos de representación política que satisfagan las demandas sociales. Desafortunadamente los partidos políticos siguen siendo, hoy por hoy, el vehículo de participación con más incidencia política. ¿Cómo los hemos dejado estropearse?

Un breve apunte histórico. Ya en el Siglo XIX, como respuesta a los “partidos de notables”– creados ad-hoc por los tecnócratas de aquel momento en los senos parlamentarios–, la sociedad civil comienza un proceso para apropiarse del partido como instrumento de participación política, en lo que Maurice Duverger vino a denominar “partidos de masas”. En estos partidos la militancia es la base de la financiación de las actividades e incluso algunos tenían más que mera voluntad de gobernar –ej.: El SPD de principios del siglo XX asesoraba legalmente, fundaba escuelas y casas del pueblo–. Tras la Segunda Guerra Mundial se da un círculo vicioso: algunos consiguen más votos con propaganda en los mass-media que con actividad desde la militancia. Las campañas en los medios son caras y el “gran pastel” de la financiación en está en las subvenciones y aportaciones a cargo del erario público … ¿qué tal si suavizamos los matices ideológicos para obtener cuantos más votos mejor, optar a financiación pública y seguir financiando campañas cada vez más caras?. Otto Kirchheimer los conceptualizó como “catch-all party” (partido atrapalotodo). De ahí al actual modelo de “partidos cártel” (Katz y Mair) que han empresarializado y profesionalizado la política tan solo había un paso. ¿Dije breve apunte histórico? Lo siento :P.

A la par que se avanza en una ciudadanía organizada con voluntad de vigilar e incidir en política, es necesario, también, iniciar un proceso de reapropiación del partido político como instrumento de participación ciudadana. Serán necesarias las reformar de la Ley de Partidos (como propone el Foro +Democracia) y la Ley de Financiación de Partidos (como propone el grupo Cuentas Claras), pero más necesario aún es que partidos y la ciudadanía reformulen su relación. Es una cuestión de conceptualización, que no de leyes. A la actual actitud y compromiso fuerte del militante que gusta a los partidos mayoritarios –identificado con el ideario del partido, que se expresa y participa a través de la estructura del partido, que reconoce la autoridad del líder– debemos anteponer la actitud independiente y compromiso débil del activista –identificado con la sociedad civil, que se expresa y participa a través de coaliciones ciudadanas, que reconoce la autoridad del que mayor méritos hace–. De militantes a activistas (como propone Antoni Gutierrez-Rubi).

Estamos en un momento estupendo para procurar el cambio: la ciudadanía tiene la ilusión por una regeneración democrática, las redes e internet han propiciado la aparición de plataformas para la coordinación de acción política masiva y, encima, a partir del año que viene se suceden en cadena distintos procesos electorales.

Muchos partidos pequeños y de nuevo cuño ya han empezado…

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