La inmortalidad es una sensación que florece en la adolescencia, como un reforzamiento de la fortaleza adulta casi alcanzada. El apogeo físico del cuerpo nos confunde con la madurez mental que aún no hemos conseguido, pues ésta necesita tiempo y reflexión. ¿Cuántas veces habrás escuchado? Si lo que sé ahora, lo hubiera sabido con 21 años; otra vida tendría.

Las enfermedades no nos hacen mella, pues apenas son arañazos en las superficies que se cierran con un cóctel de pastillas con el famoso Poker de la Pirula; paracetamol, ibuprofeno, aspirina y antibiótico.

Sin embargo, la enfermedad nos traumatiza de por vida. Esa sí es la que te hace sopesar el antes y el después. Ahí sí te sientes frágil, pequeñito, arrinconado en tu carcasa y llegas a dudar que puedas resistir este golpe de ventura. Aunque si sales victorioso, es decir, vivo, tu fuerza y madurez suben como la espuma de una buena caña servida fría y en un vaso de cristal helado.

“Hope Was but a timid friend;

She sat without the grated den,

Watching how my fate would tend,

Even as selfish-hearted men.”

La individualidad de las sociedades neoliberales, con su democracia neoliberal, su sanidad neoliberal, sus ciudades neoliberales, su economía neoliberal y por ende su única solución neoliberal, no encaja con la necesidad de afrontar la enfermedad mediante una respuesta social en conjunto.

Si por desventura te diagnostican una enfermedad grave, automáticamente verás quienes te apoyan de verdad y cómo la mayoría sólo te dará apoyo moral y se alejaran, despacito y sin hacer ruido.

Al enfermo de cáncer le deseamos lo mejor, pero nos alejamos; al de sida, ni le tocamos con un palo; al de leucemia, le bloqueamos el teléfono inmediatamente; al de Covid-19, le culpamos de la Pandemia actual. Así somos y así seremos, porque en la sociedad neoliberal no hay espacio para la empatía, la solidaridad y el refugio de los desamparados.

El Principio de Pareto se define que el 20% es causa y consecuencia del 80%. Ejemplos: en la Italia de su época, el 20% de la población controlaba el 80% de las riquezas y las tierras del país. En una empresa, el 20% de los clientes genera el 80% del ingreso. Al final, Pareto fue un aristócrata exiliado en París porque su padre apoyó a Mazzini, acabó como Senador nombrado por Mussolini.

En el fondo, si no generas para que el 20%, que siga siendo el 20%, no sirves, no vales y esto está tan asumido que ni nos inmutamos. ¿Seremos mejores después de la Pandemia? Sólo te pido 10 segundos de reflexión y que tú mismo asumas el reto.

“She was cruel in her fear;

Through the bars one dreary day,

I looked out to see her there,

And she turned her face away!”

Divagar es un verbo muy bohemio, romántico, perezoso, inoperante, revolucionario, pasivo, revelador… Si experimentas unas horas dentro de un hospital británico, principalmente en Londres, descubrirás que no todos los hospitales tienen urgencias, que si solicitas una ambulancia para trasladarte a otro hospital, tendrás que esperar un mínimo cuatro horas, por lo tanto el taxi es la mejor opción. Y lo más importante, sí tienes derecho a que te atiendan, o en otras palabras, salir con una factura cuando te vayas a casa. La diferencia entre la sanidad pública estatal y la sanidad universal.

Otro detalle identitario es el conjunto de ONGS alrededor de los hospitales. Un sinfín de personas, sin obligación de poseer unos conocimientos mínimos sanitarios, ofrecen su ayuda bajo el amparo de una ONG, que a su vez recibe financiación pública para cubrir aquellos servicios a los que no llega o atiende el Estado, en este caso el NHS. Los verás con camisetas de colores y señalando con el dedo donde están el gel, las mascarillas y la recepción, ahí acaba su voluntariado.

Enseguida, después de registrarte y de esperar el tiempo oportuno, dependiendo de la saturación de ese momento, te suele atender un emigrante europeo cuya labor es tranquilizar al paciente, si es capaz de comunicarse en su lengua de origen. Luego te deja en manos de una enfermera o enfermero, suelen ser desde refugiados políticos, como albaneses, somalíes y etíopes de segunda generación hasta europeos que buscan un futuro más estable, como portugueses, andaluces, griegos, italianos, españoles… Cuando te han sacado sangre, tomado el pulso mil veces, afeitado el pecho para el electrocardiograma, viene el médico, en esta profesión encontramos un batiburrillo entre inmigrantes asiáticos de segunda y tercera generación y white british, como ellos marcan en la casilla de etnicidad. El trato es profesional, la comunicación escueta, la burocracia para que acceda a tus archivos médicos, laberíntica. Después de varias horas, sales con tu receta médica que solo podrás obtener en un hospital del mismo distrito sanitario si eres capaz de gestionarlo, o volver al hospital de urgencia donde te atendieron y esperar, si la hora es intempestiva, que la farmacia abra.

Todo esto son ejemplos de la ambigüedad de ese mundo híbrido entre la externalización de servicios y el trabajo no remunerado, muchas veces mezclado y confundido con el voluntariado de personas con ánimo de colaborar.

“Like a false guard, false watch keeping,

Still, in strife, she whispered peace;

She would sing while I was weeping;

If I listened, she would cease.”

Viendo quiénes trabajan y cómo lo hacen en el NHS, solo tengo algo muy claro, que es un ente en extinción. El NHS no cabe en un mundo neoliberal y las puñaladas dadas son visibles para cualquier ciudadano que ingrese con una urgencia sanitaria. La pluralidad de sus trabajadores es proporcional a su formación, es decir, en Reino Unido no se forman los sanitarios con la misma calidad que en otros Estados, aunque su oferta laboral es mayor. El Brexit está espantando a estos profesionales de las islas.

“False she was, and unrelenting;

When my last joys strewed the ground,

Even Sorrow saw, repenting,

Those sad relics scattered round;”

La idea generalizada de que NHS es el mejor sistema sanitario del mundo se repite, llaman héroes a sus trabajadores, pero eso sólo es una humareda para tapar su vandalización en manos de unos amiguetes.

Tener la vacuna no te exonera de enfermarse con el Covid-19 pero es cierto que disminuye su capacidad letal, no es poco. Sin embargo es aterrador pensar que en los años venideros tendremos otras pandemia y quizás del NHS solo nos quede el letrero bien grande y luminoso.

La sanidad solo es eficiente si es universal y con fondos para su desarrollo. Nada de esto hay en el NHS. Ahora se vive de aquellos maravillosos años, ¡que dure! porque no hay reemplazo a la vista.

Los que viváis en casa debéis apoyar al SAS, encarar a las Tijeras Voladoras que vienen con el cuento americano de la externalización, ese vocablo es solo el eufemismo de la privatización, la cual es definible así:

Las facturas de ciertas empresas privadas se pagan con LA PAGUITA del Gobierno, con el dinero de los contribuyentes, mientras los beneficios se lo reparten los accionistas.

“Hope, whose whisper would have given

Balm to all my frenzied pain,

Stretched her wings, and soared to heaven,

Went, and ne’er returned again!-Hope de Emily Brontë.”

Por último, hay que celebrar el derecho a morir con dignidad de las personas ya es legal. No era de recibo que a una persona que vive con una ínfima calidad de vida y de salud se le arrinconara y coaccionara hasta su agónica muerte.

Más vale tarde que nunca.

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y...

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