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La mascarilla o mascarita y cubrebocas, barbijo, tapaboca… ha llegado a ser parte del vestuario diario.

“I guess it’s funnier from where you’re standing

‘Cause from over here I missed the joke

Clear the way for my crash landing

I’ve done it again

Another number for your notes

I’d be smiling if I wasn’t so desperate

I’d be patient if I had the time

I could stop and answer all of your questions

As soon as I find out how I can move from”

El genial actor mexicano Joaquín Cosío en Matando Cabos tiene un rol de guarda de seguridad que había sido un famoso luchador, conocido como Mascarita; el odio del personaje, cada vez que le recordaban su pasada nomenclatura, era el mismo que tenemos a esta nueva prenda de vestir. Sin embargo, sólo hay una cosa peor que llevar mascarilla, aguantar al terraplanista de turno sin ella y alabando las teorías del primo del tío del cuñado que ha visto un video en internet.

Por cierto, la palabra mascarilla es un italianismo procedente de la palabra maschera, que quiere decir cubrebocas, y a su vez, del árabe siciliano masharah que significa payaso.

“The back of the line

I’ll be your clown

Behind the glass

Go ‘head and laugh

‘Cause it’s funny

I would too

If I saw me

I’ll be your clown

On your favourite channel

My life’s a circus, circus

Round in circles

I’m selling out tonight

I’d be less angry if it was my decision

And the money was just rolling in

If I had more than my ambition

I’ll have time for, «Please»

I’ll have time for, «Thank you’s»”

Prácticamente, ya se cumple el primer aniversario de la Pandemia C-19 la cual nos ha cambiado cada minúsculo aspecto de nuestras vidas.

La vida en London ha dado un giro de 180 grados. Ya no existe el London de los espectáculos que no duerme por el ocio. Ha sido una larguísima cuarentena conviviendo con una gran cantidad de personas, tan egoístas e ignorantes, que hacen que la vida resulte bastante desagradable; sin embargo, hay que ser paciente y pedagogo si nos preguntan nuestra opinión o mantenemos una conversación con conocidos. La ignorancia se combate con modales e información contrastada.

Pero también hay una lectura positiva, se ha activado en un inmenso número de personas el chip de que debemos cambiar, pero ¡ya! El planeta no aguantará mucho más tiempo siendo habitable para la especie humana. Aunque sean en un porcentaje mínimo, si encadenamos un par de pandemias más, el número de muertes por contaminación sería espectacular. Entonces, todos lamentaremos pérdidas cercanas, desde los Rockefellers hasta la última aldea de Sudán del Sur.

“As soon as I win

I’ll be your clown

Behind the glass

Go ‘head and laugh

‘Cause it’s funny

I would too

If I saw me

I’ll be your clown

On your favourite channel

My life’s a circus, circus

Round in circles

I’m selling out tonight

From a distance my choice is simple

From a distance I can entertain

So you can see me

I put make-up on my face

But there’s no way you can feel it”

El ser humano se caracteriza y a su vez se diferencia de otras especies del planeta por su variado sentido artístico, por ello, la identidad individual y colectiva se han manifestado en las mascarillas. Podemos hacer un repaso por algunas mascarillas que se pasean por London en las líneas de metro y autobuses.

Una de las primeras mascarillas que se avistaron por la capital del fish & chips fueron las que vamos a denominar Artesanas. Este grupo a la par está dividido en varios subgrupos, pero iremos directo a los más espectaculares.

La Artesana, se caracteriza por el reciclaje de productos del hogar, por ejemplo, un buen puñado de servilletas de tamaño A4 sujetas por gomillas del pelo, en caso de molleras voluminosas, por gomillas elásticas, esas que cuando se rompen te golpean sobre la cara y causan un gran dolor. Esta mascarilla suele construirse con todo tipo de servilletas, pañuelos de papel, hasta trozos de telas de quién sabe qué cosa. Por cierto, su eficiencia es insultante, pero limitada.

Seguimos con La Croché, Ganchillo o Punto de Cruz, hermana de la anterior, sin embargo en esta la dedicación, la destreza, el entusiasmo y la originalidad son muy superiores. Suelen ser muy personalizadas y encajan en la faz de la persona portadora, ya que han sido hechas por un ser querido paciente   que suele saborear los “verte originales de toffee”. No hay médico que la aconseje, ni oreja que aguante ese roce por otro año.

La siguiente mascarilla, muy paseada por esta orilla del Thames, son las Bandidas o Robabancos de pañuelos. Mi generación hemos disfrutado del western ya de rebote, principalmente, del anterior a la caída del muro de Berlín. Cada vez que veo a un abuelito con su bastón, su pañuelo y su gorro, me preguntó si esperaba una diligencia o si iba al banco, quizás le disparan desde el tejado. Esta, en particular, tiene la misma efectividad que una zancadilla a un tren.

La sociedad británica es clasista por convicción, tradición y desesperación, por lo tanto, sus mascarillas, las Orgullosas, no pueden ser de otra manera. Son notables aquellas mascarillas Orgullosas, en particular, presumiendo del escudo de su familia aristócrata, en colores fuertes y bordado grueso.  Los miembros de las Fuerzas Armadas visten el estandarte con mucho orgullo mientras hacen cola en la oficina de desempleo, ciertas ONG y organismos de ayudas sociales, ya que su esfuerzo y servicio en el exterior nunca es agradecido por el gobierno y finalmente, las empresas beneficiadas de la usurpación de recursos naturales en terceros países. La mayoría son más falsas que un billete de 30 libras, aunque hay algunas que sí cumplen con los requisitos mínimos establecidos.

La siguiente mascarilla es la Fanática. Esta suele ser usada por aficionados al fútbol y al rugby, fundamentalmente en esta megalópolis. La pasión e identificación por el club de toda la vida es muy envidiable hasta que traspasa la línea del hooliganismo.

Por ahora, no he visto ningún encontronazo en el metro entre aficiones rivales, pero sí he llegado a escuchar en algún lugar: “ You got it on your face, mate!”

Si se identifica con diferentes definiciones, que cada cual la traduzca a placer.

Si hay una que te hace viajar hacia las estrellas o lo hondo de las fosas Marianas son las Buzos o Escafandras, un tipo de mascarilla salida de una película de ciencia-ficción y no apta para personas cuyo cuello y espalda no resistan al menos 5 kg. Si se pinta de negro y dependiendo de las personas que la lleven, parecería que un toro se ha introducido en un vagón de metro. Las hay tan espectaculares que parecen la cara del Terminator afeitado por un barbero con párkinson. Suelen tener una gran efectividad, pero muy mala vida social. ¡Que cada uno elija!

La China es popular por su gratuidad, se reparte en ciertos metros y hospitales. Su mayor misterio es si lo azul es hacia afuera o hacia la boca, y si la parte metálica es para sujetar la barbilla o la nariz. Al descubrirlo te sentirás tan feliz como si hubieras realizado un puzle de mil piezas. Su efectividad depende del uso, disminuye con el tiempo.

La Amarilla, esta mascarilla suele ser del mismo tipo que la anterior, pero que no ha sido cambiada desde el inicio de la pandemia, la usan ciertas personas, más como un objeto anti-sanción y que le permita la entrada en edificios públicos, que, por higiene, la cual desconocen. Según pasa de color mostaza a caramelo quemado, se entiende lo añejo de la misma mascarilla. Sólo es oficioso desde la consumación del Brexit y un elemento identitario británico en auge junto a la Corona.

La Estrambótica es la mascarilla que reproduce en su decoración desde los dientes de un vampiro (viviendo en el Reino Unido y al verlos blancos, me dan menos reparo que cuando son humanos, amarillos y en el dentista del NHS). incluso de agujeros negros, símbolos exotéricos, figuras geométricas entremezcladas, bocas de payasos asesinos (sí, a ese me refiero), animales salvajes estilo película de Hollywood, personajes de juegos de rol, comics… De estas mascarillas, me gusta su singularidad, hasta que van tres amigos juntos. Como otras muchas la calidad del material la hace sanitaria o absurda.

Hay otras dos muy destacables: EL Collar del perro y la Teléfono. En sí no son mascarillas. La primera es una tarjeta del tamaño de una libreta de teléfono antiguo que reza que la persona está exenta por temas de salud, si por salud. La segunda es un pantallazo en el teléfono que la persona debe enseñar cada vez que entra en algún lugar, dadas las singularidades de London, son muchas veces al cabo de un rato al día. Lo más curioso de estas no-mascarillas es la cantidad de tiempo que esas personas han dedicado para no llevar mascarillas. En fin, lo de especie inteligente lo diréis por los pingüinos, los delfines y los chimpancés.

“From so far away

I’ll be your clown

Behind the glass

Go ‘head and laugh

‘Cause it’s funny

I would too

If I saw me

I’ll be your clown

On your favourite channel

My life’s a circus, circus

Round in circles

I’m selling out tonight. Clown- Emeli Sandé”

La pandemia sigue ahí fuera pero parece que los números mejoran, aunque conociendo quienes los publican, no nos emocionamos. Así que la mascarilla mejor puesta y que cubra la nariz. Put it on!

Recuerden, si la mascarilla tiene una sonrisa dibujada y tú otra, sonrisa al cuadrado.

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y...