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‘El arte de callar’ es el título de un libro del profesor Hernández Guerrero editado en 2008 por la diputación de Cádiz. Su formato es el que guarda las esencias o los tesoros, un formato pequeño, extremadamente cuidado como se deben cuidar las joyas.

Y es que en su interior, el autor nos habla de los silencios y su importancia, de saber vivir callado en una sociedad donde a veces el silencio se torna una amenaza siendo, como es, un bien casi inexistente en nuestra realidad más cotidiana, donde el ruido alcanza cotas de semidios. Y no digamos en el caso de España, sabida es nuestra fama de hablar en un tono excesivamente elevado.

En las sociedades orientales, el silencio es venerado e incluso reverenciado, tiene un valor preponderante la comunicación sin uso de la palabra. De ahí procede su sabiduría e incluso su felicidad, del uso adecuado del silencio germina la prudencia. Por no decir que las grandes decisiones del ser humano proceden de la reflexión y el silencio.

Sin embargo, no es fácil callar, e incluso hay quien no se siente cómodo en el silencio, como si este fuera el anticipo de una tempestad y no de la calma. Se dice que la compenetración total de dos personas llega en el momento en que saben interpretar sus silencios. Disfrutar de un silencio compartido avivando cada uno de los sentidos, prestando atención al momento presente y a todo lo que sucede a nuestro alrededor es uno de los grandes placeres en los que a menudo no reparamos.

Pero también afirma Hernández Guerrero que el silencio a veces es portador de los mensajes más crueles. Incluso hay determinados organismos oficiales que han acuñado el concepto de “silencio administrativo”.

Ahora bien, también considero el silencio como una falta de respeto cuando el trabajo de una, o varias personas, depende de una respuesta así sea positiva o negativa. Si lo pensamos, el no tomarse un minuto en enviar una respuesta es una cuestión de ego, una sensación de poder que invade a la persona que siente que los demás esperan o dependen del botón ‘enviar’ de su pantalla de mail o whatsapp.

Es más triste aún cuando detrás de esa no-respuesta hay instituciones o personas que abanderan la lucha por la recuperación de valores ético-sociales y que con su silencio simplemente tratan de ejercer su posición de dominio, de control del tiempo y del momento.

Efectivamente, a veces callar es un arte, pero hay quien de no saber usarlo como arte lo convierte en una falta de educación supina.

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Paco Ramos

Nace en Cádiz en 1981 y estudia Filología Hispánica entre la UCA y la UNED. Actualmente dirige los talleres de Escritura Creativa de El fontanero del Mar Ediciones. Organizador del festival poético...