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Timados seres humanos,

Seguís ciegamente o criticáis al catolicismo sin leer la Biblia, hacéis lo mismo con los musulmanes sin saber el Corán, o con los judíos sin conocer la Torá.

Actuáis igual, con un sentimiento de superioridad con respecto al resto de creencias del mundo que no son la vuestra, sin hacer ningún esfuerzo en conocerlas ni comprenderlas. Colocáis como referentes históricos a personajes que actuaron por el bien de la humanidad, pero veis imposible las utopías que perseguían, y al verlas imposibles, las hacéis realmente imposibles.

Ponéis verde o jaleáis ciegamente a los comunistas sin haber leído a Marx, o a los neoliberales sin haber leído o ni siquiera oído alguna vez los nombres de Milton Friedman o a Friedich Hayeck.

Decís que creéis en la democracia pero criticáis y teméis lo que sale en las urnas. Apoyáis o crucificáis a un líder sin atender a sus palabras, sin dedicar más de ocho segundos a reflexionar sobre las ideas que propone y dejándoos llevar por lo que un asiduo de las tertulias televisivas grita o lo que un titular manipulado dice. Pensáis que vuestra ciudad es la mejor, o la peor del mundo, sin haber salido nunca de vuestro barrio.

Decís que moriríais por vuestro club deportivo, o que el club de enfrente es el mismo demonio, despojándoos de la objetividad de disfrutar de un buen partido. Queréis la igualdad de todas las personas, pero consumís masivamente produciendo la diferencia entre cada una de ellas.

No entendéis la desigualdad entre países del norte y del sur, os gusta pensar que se debe a causas sobrevenidas, como si de una tormenta destructiva e incontrolable se tratase, sin pensar en la relación que tiene haber establecido vuestras fábricas de producción en lugares sin leyes de protección social, lo que permite hacer trabajar a hombres, mujeres y niños de un color de piel más oscuro veinte horas al día por un sueldo mísero.

Y además os habéis creado una historia por la que nosotros, tres Reyes Magos procedentes de la parte del mundo donde vendéis armas, jugáis a las guerras y hacéis negocios petrolíferos, tenemos que atravesar el planeta entero para dejaros regalos caros, luminosos, tecnológicos y que no despertarán el interés de vuestros hijos y mayores más allá de unos cuantos días hasta que queden en el baúl de los recuerdos.

Sois los putos amos. O eso debéis creer. Pero ya estamos un poco cansados. No sois buenos. No lo habéis sido, y ya es hora de que alguien os lo diga. No os mintáis a vosotros mismos. El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento, al igual que el desconocimiento, a veces premeditado, de la situación del mundo no os exime de vuestra responsabilidad.

Este será el último año que hagamos la vista gorda. U os ponéis a informaros de la situación que viven los habitantes de los países que sufren las consecuencias de vuestra civilización y a trabajar en buscar el entendimiento entre culturas, el respeto a los derechos humanos, el establecimiento de relaciones internacionales justas, la eliminación de la posibilidad de ir a la guerra como una solución para cualquier conflicto, la asertividad para con vuestros paisanos y el respeto de su forma de entender la vida y la sociedad, u os va a traer regalos vuestra puñetera madre (con perdón).

Sin otro particular, nos despedimos.

Recibid un afectuoso saludo, aún. Que os construyáis un buen 2016.

Melchor, Gaspar y Baltasar.

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Eduardo Parody

Biólogo de formación con filósofa deformación, escritor, autor de la novela 'La soledad del escribido' y del blog 'Mi Mundo Descalzo', ha sido infectado por dos moscas ciertamente peligrosas: una,...

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