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En los últimos años se ha convertido en una cita obligada contar en la agenda con una media de 10 comidas de Navidad: la de los compañeros del trabajo, la de los compañeros del gimnasio, la de los amigos de toda la vida, la de los compañeros del colegio de cuando teníamos 5 años, la del grupo del Whatsapp ese de la despedida de soltera que hicimos en 2009… y así hasta llegar a la de los amigos del primo de tu vecina la de Sevilla Este.

No falla. Todos los años pasa lo mismo y entre los propósitos para el Año Nuevo está siempre el repartir mejor los eventos sociales, algo que se nos olvida pasados los Reyes y que volvemos a recordar cuando se acerca la Inmaculada. ¡A ver quién es el guapo que lo consigue!

Vamos a tener que empezar con las comidas de Navidad el 1 de octubre (dejemos el mes de septiembre para que podamos ahogar los remordimientos de los excesos del verano) y terminar cuando en el Salvador estén montando la rampa. A este paso nos va a pasar como con la Feria: todo nos parece poco.

¡Qué empacho! De comer, de beber, de salir, de gastar… ¡de tanto compromiso! Hasta a esto ha llegado el ‘postureo’, porque queda mal decir que no a una comida de Navidad. Señores, no nos queramos tanto en diciembre y repartamos un poco más el cariño durante todo el año, que con tantas ansias al final no hay bolsillo ni estómago que aguante. Veámonos en febrero, en junio o en septiembre. Cualquier fecha es buena con la compañía adecuada, la ocasión es lo de menos.

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