Cuando uno va sobre ruedas, cuando viaja en tren o en autobús, cuando redescubre el paisaje que se muere lánguido bajo la luz del atardecer, un horizonte que a veces se olvida contemplar, pero que siempre está ahí, latiendo bello, impasible. Cuando uno repara en su reflejo en la ventana, cuando se sorprende a sí mismo pensando en lo que no debería, sacando de nuevo a flote una historia que duele y que creía tocada y hundida, dormida en la memoria; la memoria, qué maldita. Cuando uno está atado al asiento y no sabe qué hacer y sin embargo hace algo que no sabe qué es.

Laura Rosal. Acabo de llegar a mi parada y mi cuerpo se desvela roto contra la ventanilla. Los músculos entumecidos proporcionan ese dolor tan propio del despertar. Estoy abrazada a mi cuaderno que se entreabre sobre el vientre y me señala una cita de Wallace Stevens, “la poesía es una forma de melancolía”. Ay, la poesía. El autobús, lugar para escribir. Lugar para dormir. Hagan sus apuestas. Lugar para mirar fijamente un punto que se perpetúa, a pesar de que todo marcha rápido. Porque todo se está yendo.

Miro fijamente a la niña que mira fijamente la ciudad reflectada en el susurro de los cristales. En cualquier ciudad, en este mismo momento, alguien mirando por la ventanilla del autobús. Alguien observando a las personas, sus vidas. Inventando otras personas, otras vidas (la vida que no tenemos y deseamos). Los cruces de miradas.  Asustadizas a veces, apasionadas otras. Me gusta la velocidad que poseo desde el dichoso transporte público.

Rodrigo Fresán hablaba de la velocidad de las cosas, de observarnos como el actor que se ve a sí mismo en la pantalla: un vivirnos vivir, un morirnos morir. Desde el asiento, mirarnos mirar.

¿Escribir las instrucciones para qué? ¿Para quién? El hombre del asiento contiguo me intimida durante todo el viaje. Sus ojos azul metálico clavados sobre mi mano. Mi mano temblorosa sosteniendo un bolígrafo también azul metálico, incapaz de dar instrucciones a nadie. Un bolígrafo que se pierde en su propio viaje, en su ir y venir en el asfalto de las miradas. Una instrucción que me confieso incapaz de seguir. Un viaje que no acaba, no hoy.

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Antonio Campos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla, empezó en la comunicación local y actualmente trabaja para Canal Sur TV. Máster en Gestión Estratégica e Innovación en Comunicación, es miembro...

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