La sal de fruta y el Omeprazol se han convertido de un tiempo a esta parte en mis mejores amigos. En el bolso y en el botiquín de casa no faltan ninguno de los dos, acompañados por el amigo Ibuprofeno, que ya se sabe lo que pasa con las noches de desenfreno…

La crisis parece que en Navidad no existe. Los bares a rebosar, los supermercados y tiendas de bote en bote. Para algunas cosas ojalá fuera Navidad todo el año. Para otras, no tanto. Pasa un poco como con el mes de agosto, que como la gente tiene la cabeza puesta en otras cosas, se convierte en una época ideal para que hagan con nosotros lo que quieran.

Con lo que ha dado de sí 2013 con las reformitas liberales, no hacía falta ponerle la guinda al pastel con la contrarreforma exprés de la Ley del Aborto con la aprobación de la mal llamada Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, que ni protege la vida ni a las mujeres.

Todo retroceso en derechos es algo que, independientemente del partido que lo promueva, no debe celebrarse. Y menos aún cuando la ley vigente, la de plazos de Zapatero, funciona. No penalizar el aborto libre, lejos de convertirse en la barra libre de los abortos, se ha traducido en una reducción del 5% en el número de casos practicados en 2012, lo que viene a demostrar que tener más derechos no desemboca en su uso de forma abusiva e inconsciente.

Quizás el ala dura del PP y de la derecha española no entienden aún que las mujeres de este país tenemos la suficiente madurez para tomar por nosotras mismas decisiones responsables; que no necesitamos de protección alguna porque somos iguales a los hombres y que lo único que precisamos es quitarnos ese yugo que convierte en delito nuestras propias decisiones.

Elaborar una ley más restrictiva que la de 1985, una ley que responde a unas exigencias puramente ideológicas y nos hace retroceder 30 años, nos sitúa a la cola de Europa en este tipo de legislación, poniéndonos al nivel de países como Irlanda o Polonia, y acercándonos peligrosamente a la ultraderecha de Le Pen, el único que ha mostrado su apoyo a esta reforma. ¡Como para salir corriendo!

Pero los supuestos de la ley del 85 tampoco parecen ser suficientes para Gallardón, que nos va a obligar ahora a las mujeres a tener hijos a pesar de conocer sus malformaciones o de tener una enfermedad incurable, aunque los haga fallecer al poco de nacer. ¡Eso sí que una norma que protege la vida del concebido y a la mujer embarazada! Menos mal que el Gobierno de Gallardón está ahí luchando para ayudar a la familia en los cuidados del niño dependiente, garantizar su atención sanitaria y facilitar su acceso a la educación gratuita.

Apenas probado el Miura, estoy empezando a ver en sepia y tengo la sensación de que de un momento a otro voy a aparecer en el salón de los Alcántara. Voy a tomarme otro mantecado y unos cuantos sorbos más a ver si cuando vuelva en mí, aunque tenga que tomarme la sal de frutas y el Ibuprofeno, me despierto en Full HD. O en la II República.

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