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La altura a la que fijamos nuestras expectativas, suele ser el primer escalón que arranca la bajada a la frustración. Es inevitable, esperamos algo de las personas, las cosas, las películas, las políticas, y al final, es más fácil que difícil llevarse el chasco.

Cuando una película como ‘Tarde para la ira’ se ha ensalzado hasta el extremo, y premiado acorde, alguien piensa que va a ser un punto de inflexión en el tan reivindicado ‘cine español’. Luego, cuando al fin tienes oportunidad de verla en el cine de verano, con tu tercio del templete y procurando captar todo el frescor posible del patio de Diputación, pues ves que estás ante una película sin más.

Con buenas interpretaciones, sí, sólo faltaría eso, pero poco más. Guión ramploncete, acción, y su par de escenas de cama absolutamente superfluas, que no vaya a pensar la audiencia que no podemos contar historias sin tetas y culos o un polvo intrascendente.

Recuerdo con pena un estreno del que hablé hace meses por estas gradas, la película ‘Ira’, a secas, sin tarde o mañana. La sala estuvo poco poblada, y la repercusión de la cinta ha sido tan escasa como inmerecida.

Curiosamente, ambas circundan entorno a un tema común, la legitimidad, o falta de ella, para que una persona se tome la justicia por su mano. La necesidad o el derecho de emprender acciones individuales ante una respuesta o fallo social, incluso jurídico.

‘Ira’ tiene acción, por supuesto, pero también discurso, filosofía, una invitación a pensar y un formato que te hace creerte la historia hasta el extremo. ‘Tarde para la ira’ tiene, supongo, un apoyo en la producción y la distribución, que le hizo tener un tirón comercial del cual me alegro, aunque para nada se corresponde con lo que yo esperaba encontrar.

Por supuesto, no me creo tan entendida en la materia como para pensar que miles de personas están en un error y yo no. Probablemente, una película minoritaria que hace pensar en exceso es menos masticable, cuesta más que pase por la garganta. ¿Qué vamos a hacerle?

Cada cual consume cine buscando determinadas cosas. Yo, hace unos meses acudí a un estreno sin saber que iba a ver, y me encontré una joya. La semana pasada fui a ver una película ensalzada por los premios más prestigiosos del país y me llevé un chasco.

Eso sí, el ratito en el citado patio y su selecta nevería siempre merecen la pena, al menos, ese consuelo no me lo pueden quitar.

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...