Hace ya bastantes años, en una columna veraniega, la compañera Belén Zurbano comentaba una conversación playera que ella había escuchado por casualidad… Argumentaba que ella no cotilleaba o ponía la oreja como cualquiera, sino que los periodistas estaban obligados a hacer eso en pos de tomar el pulso social o algo así…

RENFE, esa empresa que nos llamaba pasajeros, después clientes y ahora viajeros, lucha como gato panza arriba para pensar en lo que desean las personas que transporta de un sitio a otro previo pago de su importe, ya sean pasajeros, clientes o viajeros… Y ha debido darle muchas vueltas al asunto hasta caer en el invento del vagón silencioso de los AVE.

La verdad es que entramos en el campo abonado de los columnistas. Miles de opinadores han sacado adelante su espacio al hilo de quejarse de los compañeros de viaje molestos que solían empezar sus conversaciones con la interpelación de «¡Estoy en el AVE!» a un volumen que en ocasiones te hacía preguntarte si un teléfono hecho con vasos de yogur no sería más útil si se disponía de esa capacidad fonadora.

Recuerdo incluso un relato de uno de mis padres en esto de la opinión, Pérez-Reverte, donde narraba su experiencia en un tren italiano, cuando quedó fascinado por una pasajera que era muy de su gusto, morena con ojeras, porque para quien no lo sepa, a don Arturo le encantaban las morenas ojerosas aunque últimamente sus protagonistas estén siendo rubias, lo cual no sé si es algún tipo de traición… La cuestión es que aquella mujer elegante y un poco taciturna tenía ese algo de misterio que a ciertos hombres les gusta; pero ese misterio se quebró cuando le sonó el móvil y mantuvo una conversación absurda con una amiga que al periodista le hizo pensar que tras aquella interesante fachada solo había una gilipollas.

No pasemos por alto que Pérez-Reverte, al igual que yo, comparte el pensamiento de la Zurbano, y poner la oreja en estos casos tiene cierta justificación. El vagón silencioso habría permitido que aquella mujer italiana fuera un recuerdo fugaz e interesante que podía haber acabado siendo protagonista de alguna novela, pero el móvil y los vagones no silenciosos desmitificaron a esa fémina.  Sin embargo, yo creo que con ese vagón vamos a perder mucho todos. Yo no he podido evitar recordar ese viaje Madrid Sevilla en que al ser un día entre semana éramos pocos en aquél vagón. Corría el mes de Diciembre y Mariano Rajoy había tomado posesión esa semana, de hecho me había hecho la foto en la puerta del Congreso con el dosel y la correspondiente parafernalia de investidura. Ya en el tren se sentó a mi espalda un sujeto cuya carpeta bajo el brazo desvelaba a que organismo pertenecía.

En el silencio del vagón, acompañado por varias copas de manzanilla que le fueron sirviendo, el buen hombre mantuvo una larga conversación con algún colega. La cosa no tenía desperdicio porque por lo que deduje a los cinco minutos, el buen señor se había reunido con el ministro Cañete, y la versión que daba del encuentro era inmejorable. Me hizo abandonar el libro que llevaba, que por cierto era de Pérez-Reverte, casi hizo que mi acompañante y yo no habláramos ante semejante relato… Creo que mi parte favorita fue cuando afirmó haberle dicho al ministro: «Yo sé que sabes lo que te estoy diciendo porque tú ya has sido ministro de esto, y por eso mismo sabes que no me vas a  engañar a mí por muy ministro que seas.» 

El esfuerzo que hice por reprimir una carcajada fue sobrehumano… Tras conversaciones sobre aceite, Europa y el algodón, acabó quedando con ese mismo interlocutor para matar un animal al día siguiente, creo que un cerdo o un cordero… Luego he vuelto a ver a este hombre en la televisión y lo he escuchado en la radio, ya más comedido, y cada vez que me lo encuentro en un medio me río recordando cómo se las gastaba con el recién nombrado ministro.

Así que sin ser periodista, pero acogida a la teoría de Belén, prometo no subir a un vagón sin ruido, no por nada, simplemente por el futuro del columnismo de opinión.

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...

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