Hace algunos años que el término feminismo está criminalizado, como si por compartir parte de esa ideología una fuera a ir por la calle castrando a todo macho viviente para liberar de la opresión a las mujeres de la Tierra. Y tampoco me pesa decir que parte de la culpa de la estigmatización del término la tenemos las mujeres.

Hace poco leí un artículo a este respecto en que, por cierto, salía a la palestra el juez Serrano. Lo dejo aquí porque merece la pena echarle al menos un vistazo: http://blogs.elcorreoweb.es/blancarodriguezruiz/ Por cierto, gran suerte tiene esta autora de no sufrir el bombardeo que los seguidores del juez suelen hacerle a sus detractores.

Desde una perspectiva conflictivista, el feminismo surgió como la crítica tras el estudio de siglos de opresión machista, hasta ahí todos conformes. Tal vez, personalmente, hoy día creo que debería emplearse otro término, uno que aluda más a lo igualitario, que es lo que este movimiento reclama, pero en cualquier caso, teniendo en cuenta que ningún radicalismo es bueno, esta demonización del feminismo es totalmente inmerecida.

Ahora viene ese momento de maldad que todas las mujeres tenemos, y critico a mi género haciéndolo culpable de esta situación. Entre otras muchas cosas, en este curso he aprendido por qué ese proceder de las mujeres, siempre algo ladinas con respecto al otro sexo y al nuestro.

Según he comprendido, los seres humanos, a la hora de responder a una agresión, emplean el “arma” que consideran más efectiva según sus cualidades. Los hombres generalmente son directos y pueden guiarse por la fuerza. De ahí ese mito de que los hombres se lo dicen todo a la cara, lo arreglan a puñetazos y las mujeres vamos por la espalda y herimos maquinando; pues al sentirnos agredidas y no poseer la fuerza suficiente para arreglar las cosas a golpes, recurrimos a lo que la naturaleza nos deja. Esto no es bueno ni malo, sólo la explicación de un tópico muy extendido.  Pero en todas estas cosas el límite lo pone, o al menos debe ponerlo, el sentido común.

Ahora, algunas mentes preclaras acusan a Angels Barceló de machista, como ya antes acusaron de lo mismo a todos los que defendíamos que Sara Carbonero está donde está por ser novia de quien es y por un físico que, por cierto, será ignorancia femenina, tampoco me parece tan agraciado, cirugías a un lado. Quien no quiera verlo -lo del trabajo de Sara, no lo de su belleza-, o se engaña mucho a sí mismo o es un memo de campeonato, más aún viendo la política de contratación de la cadena donde trabaja, que eso sería materia de una columna propia.

Tristemente, esta sociedad es muy generalista. Cuando alguien falla, caen todos sus similares. No admitir que Sara Carbonero hace flaco favor a las mujeres periodistas es ser machista y no lo contrario. Menos mal que en el periodismo deportivo hay grandes profesionales que mínimamente entienden de lo que hablan como Susana  Guash y Nira Juanco.

Reconozco que el mundo deportivo tampoco es mi fuerte, pero si fuera mi trabajo, lo que me diera de comer, me esforzaría todo lo posible al menos por informar a la gente de forma adecuada. Lo machista es esa actitud, ocupar un puesto de trabajo que miles de personas, hombres y mujeres, podrían hacer mucho mejor, y no importarte eso en lo más mínimo, al fin y al cabo no todo el mundo es la novia de Iker, será esa su cualidad primordial al no tener terminada la carrera.

Pueden llamar machista a quien quieran, pueden decir que el feminismo es el arma que castra a los hombres, pero la historia y los movimientos intelectuales, con el tiempo, suelen seleccionar lo importante y dejar en este camino a todos esos que, por no entender el concepto, no fueron capaces de aportar nada.

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...