Sé que tengo muchas cosas por las que dar gracias, cosas que otros no tienen y nada más por eso, no tengo derecho a quejarme, pero hay días en que ya no se puede más.

No trabajo picando piedra, pero a veces madrugas, y soportas frío y desgana, y llegas a la facultad, a luchar con Bolonia, y con todos esos tópicos de la generación fracasada por ser producto de todas las variables del sistema educativo que tantos gobiernos incompetentes  quisieron probar, y lo que te rondaré morena, claro, que a la nueva asignatura que sustituye a Educación para la Ciudadanía le podían haber puesto directamente FEN, que era lo que estudiaba  mi madre.

Y luego aguantas la neura del catedrático de turno, o del profesor que se encarte… Que sí, que algunos son geniales, pero cada uno tiene su historia, su libertad de cátedra, su manera de venderte las cosas, y sin saber cómo, estás en una clase donde un hombre lejano a  la capacidad empática y cercano a la  jubilación empieza a despotricar del alcalde de Marinaleda, que no seré yo quien defienda a ese hombre pero, ¿qué me importa a mí lo que un hombre arcaico piense de otro? Pues nada, y te cansas…

Y luego el carnaval, que a veces es bálsamo, pero te pilla a desmano y lo ves todo negativo, te posee el espíritu de Paco Rosado y el nivel está cortito y no te consuelas pensando en el Love, sino que te cansa Julio Pardo y su arcaicismo, la cursilería vacía de Luis Rivero, el chovinismo de Antonio Martín o la dudosa creatividad de quien se cree poeta y no llega ni a juntaletras, y eso va por el que no sabe escribir ni en italiano ni en castellano… Te cansa, lo que debería animarte te cansa… ¿Cómo no vas a estar cansada si fuiste incondicional del Vera y no aguantas su chirigota este año?

Luego zapeas, y una tipa que se la da de periodista persigue al sinvergüenza yerno del rey, qué cansancio, qué asco de televisión, de país y de Monarquía.

Qué frío hacía hoy, se te han cortado tanto los labios que literalmente duele sonreír, y para colmo, resulta que esa humareda rara de por la mañana era una nube de contaminación, lo que nos faltaba.

Y te llaman y te cuentan, y cansinamente esta ciudad se sigue apuñalando con el cainismo que sólo pueden tener los hipócritas, por temas tan banales que resultan cansinos, como sólo puede ocurrir en este rincón del sur de Europa. ¡Ay Europa! Qué cansancio de Europa, de San Valentín y de los asientos del Bernabeu.

Y claro, con todo este cansancio de la vida y de mí misma, tengo que plantarme en mi teclado, a escribir algo que fijo que hará que mi jefe de Opinión se ría pensando que cada vez estoy más cerca de que me larguen con viento fresco. Menos mal que no me lee mucha gente y este daño no se extenderá en demasía, pero aún así, lo siento, de verdad, pero a veces la  cosa está tan mal que una no puede evitar que la desgana y el cansancio se apoderen de todo.

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora...