El andaluçîmmo y er cubo de Rubîh tienen en común que nunca paçan de moda, pero poca hente çabe cómo çoluçionâl-lô. La paçarela de políticô que huraron traêh la úrtima çoluçión pa Andaluçía êh largíçima. Dêdde çiempre, çe an embuerto en çímbolô meçíanicô pa anunçiâh que traían la çarbaçión. Aora, argunô políticô muêttran çu compromiço con el andaluçîmmo êccribiendo mençahê en andalûh, êtta ortografía difíçî que ûtté çe êffuerça por dêççifrâh. Êtta êh la úrtima reibindicaçión andaluçîtta, un idioma çacao de la xîttera que, por lo bîtto, demuêttra que êttamô mâh comprometíô con la cauça. Nô toman por tontô. Êtta nueba imbençión êh otro ehemplo de que lô andaluçîttâ êttamô tremendamente acompleháô. Çi lô manualê de çiençia política diçen que una naçión debe tenêh un pueblo, un territorio y un idioma, y a noçotrô nô farta lo úrtimo, nô lo imbentamô. ¿Ê açí? Qué ridículo.

En serio, Andalucía vuelve a ser un producto político atractivo y chic. Muchos partidos políticos se esfuerzan en autodenominarse como los últimos y mejores defensores del pueblo andaluz buscando fórmulas inverosímiles. La del Estándar para el Andaluz, por ejemplo. Cuando vi que El Principito había sido traducido al andaluz, me hizo gracia. Pero hasta aquí la broma, ¿no? Ver a políticos lanzar mensajes oficiales en esta suerte de idioma cutre, diciéndonos que esto forma parte de nuestra identidad y nuestra cultura, me hace pensar que se creen que somos tontos. ¿Acaso el andalucismo necesita un idioma? Por eso digo que estamos acomplejados.

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José Antonio Merat

Cuento cosas y espero que te resulten interesantes. Escribo para seguir vivo. En Twitter: @meratleon