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La era Opinión

Mamá quiero ser artista /hijo, pasarás mucho frío

Mamá, yo quiero ser de plata/ Hijo, pasarás mucho frío.

Canción tonta (Federico García Lorca)

Hay un anuncio en la tele sobre una comida rápida en la que el hijo quiere dedicarse a la música y se plantea qué reacción tendrán los padres, seguramente negativa, cuando lo diga. Contrariamente a lo que hubiéramos imaginado, los padres están de acuerdo con él…pero recordemos, se trata de un anuncio publicitario. Esto no ocurre en la realidad. Hoy, como ayer, si nuestros hijos deciden hacer una carrera artística o dedicarse a una actividad no productiva le diríamos:

-¿Y de qué vas a vivir? ¿qué vas a estudiar mientras tanto?

No está el horno para bollo. Ante la crisis que tenemos presente y futura no dudaríamos en hacer una buena campaña para disuadirlo.

-Niño, dedícate a una cosa que de dinero y/o seguridad. Haz un módulo, aprende un oficio o haz unas oposiciones.

Hay muchos oficios alrededor del  Arte y la cultura, pero todos ellos están sufriendo las consecuencias de la dejadez de las instituciones con respecto al sector, que da de comer, o mejor dicho, daba, a mucha gente. 

¡Al paro, del tirón, que aquí no hay ERTE que valga! Toda la cultura está en paro. Y no nos damos cuenta que parar la cultura es parar la vida.

De la teoría, todos sabemos un rato: La cultura, dicen, nos permite tener una nueva visión de la vida y, además, nos hará libres ¿…?

Si, pero la gente de la cultura, quienes trabajan para alimentar nuestro espíritu, come y tiene que llenar la nevera, como todos. La cultura no vive del aire. Es un recurso y un “socorro” para cualquier momento. Nos salva de nosotros mismos. Ahora nos hace llevar la pandemia un poco mejor.

Pero si todos  reconocemos el “poder” de la cultura, ¿por qué no se le ayuda? ¿Por qué la abandonamos siempre que las cosas se ponen difíciles?

En pocos espacios ha habido tanto control y tanto rigor a la hora de establecer los protocolos sanitarios, dicen las autoridades. Sin embargo, seguimos pensando que ir al cine, a un concierto o entrar en una librería, nos puede contaminar.

No opinamos lo mismo de los bares. Los hosteleros se echan a la calle y se les escucha. A los cómicos no…ellos no producen.

Siempre se ha dicho que las obras con lo que sobra. Parece ser que en la cultura ocurre lo mismo, cuando la economía va bien, hay sobras para ayudar a los espectáculos…mientras tanto, a pasar hambre, ¿quién se va a enterar? Que está muy bonito leer a Benedetti o a Machado en “un acto” y quedar bien  y después pretender bajarse una canción o un libro gratis o en el mejor de los casos encargarlo por Internet.

Tras la campaña del gobierno de “Cultura segura”, la gente de la cultura se ha echado a la calle, por fin, para reivindicar su sitio.

Aunque el señor ministro Rodríguez Uribes   afirme que la cultura es segura y  necesaria,  la cultura tendrá que estar asegurada. Y por eso han ideado un plan de recuperación dotado con 800 millones de euros que no servirá ni para cubrir gastos. Sin embargo, insiste el hombre en que “la cultura es ejemplo de seguridad y de responsabilidad, por lo que tenemos que generar confianza para incentivar la afluencia de público a  los espacios culturales”.

¡Muy bonito! Pero como diría Lola Flores, “¿Cómo me las maravillaría yo?” o como dicen en mi pueblo, menos rollo y más manteca al bollo.

Hay que conseguir que se declare el arte y la cultura como bien esencial, porque, un día sin cultura es como un día sin pan, muy largo.

No asistimos sino al cierre incesante de salas de cine o de teatro, de espectáculos flamencos y conciertos…y de las poquitas librerías que habían quedado.

Mantener las librerías y las bibliotecas cerradas después de las seis de la tarde es un error, aunque mi madre diría que es “un crimen”.

Flaco favor le hemos hecho a la cultura con las últimas medidas contra el Covid en Andalucía.

Un escritor malagueñocomentaba que habría valido mucho más la pena contagiarse en la sección de humanidades de una librería que comprando en la pescadería del Mercadona.

Mantener la oferta cultural en estos días es una tarea imposible.

Ser artista en tiempos del Covid es una quimera, una ilusión.

Ya no podemos vivir “por amor al arte”, porque hay que seguir pagando la luz y el agua. Y cambiar el pijama de estar por casa.

Muchos “pagamos” por escribir, gracias a contar con otro oficio o con una pensión. No podemos esperar ni consentir que nuestros nietos sigan haciendo lo mismo, vivir del aire

No les vamos a dejar un mundo peor que el nuestro, ¿no?

Tener cultura es tener una opinión propia. ¿Y eso importa hoy?

La Unión de Asociaciones empresariales de la Industria Cultural manifiesta “su más profunda preocupación por la situación actual, en la que el gobierno no atiende proporcionalmente a la magnitud de la crisis que asola al sector…”

Según un artículo de El País, en España se piensa que “nuestra cultura se reduce a cuatro famosos que viven del cuento y nos da vergüenza hablar de dinero”. Hasta al ministro le da pudor. Porque el arte, como el dinero, no huelen, si no, ya nos habría llegado el tufo.

“Deberíamos analizar por qué decimos amar la cultura y no conseguimos valorar a quienes la producen, a los trabajadores”.

Ahora la gente vuelve al portátil y al móvil para aprender mediante videoconferencias.

No veas lo que me cuesta hacer una pataíta por el portátil. A mi lo que me gusta es ir a las clases de flamenco y bailar con mis compañeras y aprender de mi maestra.

La cultura nos acompañó en el primer confinamiento: música, teatro, vídeos, curso de formación…y ahora que más falta le hace, les damos la espalda, con el achaque de que ir al cine, a un concierto o al teatro no es seguro…¿seguro?

Ya estamos igual que antes/la cultura vuelve/ otra vez a pasar hambre.

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Sobre el autor

Lucre Romero

Lucre Romero

Maestra, especialista de francés. Titulada por la Escuela Oficial de Idiomas, colabora en La Voz de Alcalá desde el año 2003 y en el periódico local 'La higuerita' de Isla Cristina desde el año 2010. Desde 2014 coordina El Club de Lectura en Francés en la Biblioteca José Manuel Lara.

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