joaquin ferrera 30junio16

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Según Woody Allen, se trata de “sexo con uno mismo». Es una definición interesante de la masturbación porque implica sentimientos y emociones importantes que se relacionan con esta práctica sexual valiosa y entrenable.

Como cualquier acto relacionado con nuestra sexualidad, la masturbación está rodeada de expectativas, sentimientos, deseos, dudas y conflictos. La masturbación nos da la oportunidad de experimentar con nuestra sexualidad, en un espacio íntimo y ajeno al juicio de los demás. Es un momento de plena libertad que nos conecta con lo más íntimo de nuestra esencia sexuada y es, en definitiva, una experiencia al alcance de cualquier mujer que decida y desee practicarla.

Generalmente, la mujer que practica la masturbación comienza a hacerlo en la pubertad y al comenzar la adolescencia, aunque también se dan casos de inicio durante la infancia, como recoge el ‘Informe Hite’, un macro estudio sobre la sexualidad humana.

Hay que decir que ambos sexos perciben la experiencia como placentera. Aún así, la frecuencia entre las mujeres es menor que entre los hombres. Por supuesto, hay mujeres que deciden no masturbarse y otras que empiezan durante la etapa adulta. No hay una norma para ello y la iniciación en esta práctica sexual parece darse de forma más escalonada que en el caso de los hombres.

Igual que ocurre con la masturbación masculina, en las mujeres tampoco hay una frecuencia que se considere más normal que otra para esta práctica de autoestimulación, sino que esto está relacionado con nuestros impulsos y deseos; ni siquiera hay una edad más adecuada para iniciarse en esta práctica, ni un momento en que deba finalizar.

Lo aconsejable es dejarse llevar por el propio ritmo, porque la frecuencia varía a lo largo de la vida de cada mujer en función de sus creencias, sus deseos y sus circunstancias vitales.

Existe una falsa creencia acerca de que la sexualidad de las mujeres acaba con la menopausia. Tanto es así que no son pocas las mujeres que siguen masturbándose en esta etapa de su vida y disfrutando de las sensaciones y placeres de la autoestimulación voluntaria, libre y deseada hasta el final de sus días. Otro mito es que desaparezca el interés por el sexo en la tercera edad. De hecho, es posible que muchas personas, y en especial las mujeres, hayan sufrido la pérdida de su pareja en esta etapa y contemplen la masturbación como una alternativa valiosa y satisfactoria.

Es importante tener en cuenta que la masturbación contribuye tanto a propiciar el bienestar emocional, como el físico y sexual, independientemente de la edad. Asimismo, tiene multitud de beneficios. En el caso de la mujer contribuye positivamente a:

– Conocer su cuerpo, sus genitales y cómo le gusta que sean tocados, acariciados, etc.

– Es una herramienta de inestimable valor para conseguir el orgasmo, en solitario y con su pareja.

– Es una forma de liberarse del estrés. No olvidemos que si se logra el orgasmo con la masturbación, en el organismo se liberan endorfinas que generan sensación de relajación y bienestar.

En definitiva, ya es hora de que se acepte la masturbación femenina como algo positivo, natural y deseable. A diferencia de lo que siempre se pensó, la mujer también practica la masturbación. Es una conducta que desde antaño se percibió como pecaminosa, sucia y muy mal vista, sobre todo cuando se relacionaba con el colectivo femenino. Hoy son, y somos, algo más libres, y les preocupa su cuerpo, su placer… no ‘el qué dirán’.