Un equipo científico estudia en La Molata, Albox, la forma en que las pequeñas fallas mitigan el riesgo sísmico de las grandes. Según el departamento de Geodinámica de la Universidad de Granada que está investigando la deformación reciente de la Cordillera Bética, un movimiento activo de las estructuras tectónicas menores cercanas a las fallas mayores en la Península Ibérica atenúa el riesgo sísmico de manera parcial.

Sevilla Actualidad. Un estudio científico publicado en ‘Journal of Quaternary Science’ recoge la investigación que lleva a cabo un equipo de investigadores españoles acerca del riego sísmico al que está sometido el sureste español. El grupo de científicos, que estudia la deformación reciente y activa de la Cordillera Bética, ha demostrado, según la información que aparece en la citada revista, que la actividad de las estructuras tectónicas menores cercanas a las fallas mayores en el sureste de la Península Ibérica atenúa parcialmente el riesgo sísmico.

Así y gracias a las declaraciones que ha hecho al Servicio de Información y Noticias Científicas, SINC, el principal investigador del Departamento, Antonio Pedrera, ha dejado claro que “en la parte oriental de la Cordillera Bética hay grandes fallas de salto en dirección que son activas y que ocasionalmente generan terremotos de magnitud baya y moderada- menos de magnitud 5 en la escala de Ritcher-”.

En la investigación reciente y publicada en el Journal of Quaternary Science, el equipo ha estudiado el sector de La Molata, en las proximidades de Albox (Almería), cerca de la terminación meridional la falla activa de Alhama de Murcia. Según los autores este sector está deformado por fallas y pliegues de pequeña escala que crecen de manera progresiva. “Aunque no se puede excluir la posibilidad de que estas fallas de salto en dirección puedan generar terremotos de magnitud más elevada, demostramos que la formación de pequeñas estructuras tectónicas contribuye a relajar parcialmente la energía asociada con la convergencia de placas, y atenúa la actividad sísmica de estas fallas mayores”, declara Pedrera.

Secreto bajo tierra

Entre los fósiles encontrados en las fallas, unos molares de Mimomys Sabin (pequeño roedor que vivía en zonas húmedas hace entre 950.000 y 830.000 años) han permitido cuantificar en 0.006 milímetros/año el acortamiento horizontal de las fallas, según Antonio Ruiz Bustos, coautor del estudio e investigador en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra.

Los científicos han combinado la datación de sedimentos deformados con otros datos geológicos de superficie, como la cartografía geológica, el análisis cinemático de las estructuras, la prospección geofísica y los análisis geomorfológicos para evaluar el papel que, durante el Cuaternario (desde hace 1,8 millones de años hasta la actualidad), desempeñan estas fallas en la formación de terremotos.

Desde hace nueve millones de años, la parte oriental de la Cordillera Bética está deformada por la actividad de numerosos pliegues y fallas que se han desarrollado como consecuencia de la convergencia entre las placas de Euroasia y África.

En la actualidad, algunas de estas estructuras tectónicas continúan su desarrollo, pero los datos de distribución de terremotos indican que la sismicidad es dispersa y moderada.

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Equipo de redacción de Sevilla Actualidad

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