Rusia cambia su plan de no atacar y bombardea la acería de Azovstal, donde se refugiaban cientos de civiles y el último bastión del ejército ucraniano en la localidad de Mariupol, región prácticamente controlada por el ejército ruso. Soldados ucranianos han evacuado a unas 101 personas, según datos de la ONU, que han sido trasladadas a Zaporiyia, región controlada por los ucranianos ubicada a 200 kilómetros de la ciudad portuaria de Mariupol, según informa EFE.

El ataque ha sido perpetuado con artillería naval y artillería de cañón, según un video del comandante ucraniano en Azovstal difundido en redes sociales. El comandante del batallón, asegura que dos mujeres han muerto y que otros diez civiles han resultado heridos como consecuencia de los bombardeos.

El alcalde de Mariupol, Vadim Boichenko, ha confirmado que al menos 200 civiles se encuentran todavía atrapados bajo el suelo de la planta metalúrgica. Los civiles evacuados aprovecharon el alto el fuego negociado por la ONU para ser trasladados en autobuses a Zaporiyia, a donde llegaron escoltados por la Cruz Roja Internacional y Naciones Unidas.

¿Por qué antes no y ahora sí?

Hace dos semanas el gobierno ruso publicaba un video en el que el presidente Putin ordenaba a su Ministro de Defensa que no atacara la acería de Azovstal. «No hay necesidad de penetrar en estas cavernas y en el subsuelo a través de estas instalaciones industriales. Bloqueen esta zona industrial para que no salga ni una mosca», decía entonces el mandatario ruso.

Sin embargo, esa postura ha cambiado tras el alto el fuego decretado entre los dos países. Rusia bombardea la acería de Azovstal y alega que las tropas ucranianas estaban tomando «posiciones de tiro» en la planta siderúrgica durante el alto el fuego. «Se declaró un alto el fuego, los civiles tuvieron que ser evacuados del territorio de Azovstal. Azov y los militares ucranianos, que están estacionados en la planta, lo aprovecharon. Salieron del sótano, tomaron posiciones de fuego en el territorio y en el edificio de la fábrica», citaba la agencia de noticias rusas RIA al Ministro de Defensa ruso.

Historia de la acería de Azovstal

La planta metalúrgica de 11 kilómetros cuadrados fue construida en 1933 por la Unión Soviética para que tuviera un fácil acceso al Mar de Azov. Más tarde, en 1941, las tropas nazis la bombardearon y destruyeron en su avance hacia Moscú. Como lección del bombardeo alemán, los rusos reconstruyeron la planta pero la dotaron de una serie de túneles y galerías subterráneas resistentes a bombardeos, ataques aéreos e incluso a un ataque nuclear. Y ahora, en 2022, la acería de Azovstal vuelve a ser atacada, pero en este caso por aquellos que la reconstruyeron hace ocho décadas. Debido a la densidad de muchos de sus muros e infraestructuras, el ejército ruso estaría utilizando artillería pesada para intentar destruirla. La acería de Azovstal ya es símbolo de la resistencia ucraniana.

Dos meses y nueve días de conflicto

La invasión de Ucrania por parte de Rusia supera ya los dos meses de conflicto armado. Según la oficina de derechos humanos de Naciones Unidas, al menos 3153 personas han fallecido en la contienda bélica. La mayoría de fallecidos fueron asesinadas con armas explosivas con un rango de impacto alto, es decir, con bombas y misiles lanzadas por el ejército ruso. Más de cinco millones de personas se han visto obligadas a desplazarse de Ucrania, según datos de ACNUR. Al menos doce periodistas han muerto cubriendo el conflicto, tal como indican fuentes oficiales ucranianas.

La masacre de Bucha, las fosas comunes de Mariupol, el bombardeo a civiles en la estación de tren de Kramatorsk, los ataques a los corredores humanitarios, el bombardeo a la torre de retransmisiones televisivas de Kiev, el bombardeo al hospital materno-infantil de Mariupol, los múltiples y continuos bombardeos a la ciudad de Jarkov, el bombardeo a Kiev durante la visita del secretario general de la ONU, ataques en Donetsk y un sin fin de enfrentamientos entre infanterías y la destrucción completa de ciudades ucranianas son algunos de los acontecimientos que ha vivido el país ucraniano en los dos meses y nueve días que alcanza el conflicto armado. Y ahora, Rusia bombardea la acería de Azovstal, su último ataque contra Ucrania.

Reacción internacional

La reacción internacional se produjo desde el primer momento que Putin anunció «una operación especial en Ucrania», como denomina a la invasión del territorio ucraniano por parte de Rusia. La Unión Europea condenó la invasión e implementó un paquete de sanciones contra Rusia en materia económica y diplomática. Los países de la UE retiraron a todos los representantes rusos de sus respectivos territorios y se embargaron las cuentas de los grandes oligarcas rusos en el extranjero.

Conforme el conflicto ha avanzado, se han aprobado hasta cinco paquetes de sanciones contra Rusia con medidas muy concretas, aunque no suficientes para frenar la contienda: la expulsión del sistema SWIFT; suspensión de las disposiciones sobre la facilitación de visados para diplomáticos, funcionarios y empresarios rusos; cierre del espacio aéreo de la UE a todas las aeronaves rusas; prohibición de las transacciones con el Banco Central de Rusia; suspensión de la transmisión en la UE de los canales de comunicación públicos Russia Today y Sputnik; prohibición de nuevas inversiones en el sector ruso de la energía;
prohibición de las exportaciones a Rusia de productos de lujo; prohibición de las importaciones a la UE de hierro y acero procedentes de Rusia, entre otras muchas.

El Papa Francisco o el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se han pronunciado también en contra del ataque ruso a Ucrania. Además, la Asamblea General de la ONU aprobó una condena casi unánime de la invasión de Rusia a Ucrania. Únicamente cinco países votaron en contra de condenar a Rusia: Siria, Eritrea (única país africano que votó en contra), Biolorrusia, Corea del Norte y la Propia Rusia. Además, otros 35 países se abstuvieron, como fue el caso de China, Cuba, Bolivia, India, Irak…

Lo único en lo que no se han puesto de acuerdo los líderes europeos es en cortar de forma unánime la dependencia del gas ruso. Países como Alemania importan una gran cantidad de gas ruso, por lo que resulta muy difícil deshacerse por completo de la materia importada desde territorio ruso. Por su parte, España ha sufrido un revés en su relación con Argelia (hasta hace poco el mayor proveedor de gas para España), debido al acercamiento del ejecutivo de Sánchez con Marruecos, quien guarda rencillas diplomáticas con Argelia.

Mario González

Periodista. En Twitter: @mariooGr