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Se duermen 60 minutos más, eso siempre es bienvenido, aunque la oscuridad se adelante. En la madrugada que transcurre entre este sábado y el domingo toca retroceder las manillas del reloj una posición. La Comisión Europea en 2018 anunció su intención de eliminar los cambios de hora, propuesta que se llevó a Consulta Pública y se aprobó en el Parlamento Europeo para que entrara en vigor lo más tardar en 2021 en toda la Unión. Tras una pandemia, tal asunto ha quedado suspendido, pero podría retomarse en cualquier momento y encontrarnos ante los últimos bailes del tic tac que descoloca un poco el ritmo vital tanto en otoño, como en primavera.

La propuesta con respaldo popular

En respuesta a iniciativas ciudadanas, en febrero de 2018 el Parlamento pidió a la Comisión que evaluara la conveniencia de mantener el cambio de horario y que, en función de sus conclusiones, propusiera una revisión de la directiva vigente.

La Comisión efectuó una evaluación, que recibió 4,6 millones de respuestas, el 84% favorables a suprimir el cambio, y a continuación presentó una propuesta legislativa. Un respaldo popular polémico ya que la participación de 4,6 millones de europeos, teniendo en cuenta que somos casi 500 en toda la UE, fue muy escasa, aunque claramente favorable a la abolición del mareo horario.

En marzo de 2019, el Parlamento Europeo aprobó la propuesta subrayando que cada Estado miembro elegiría en qué tempo quedarse (primavera u otoño). Llegó el coronavirus y así seguimos, en impass cíclico de modificaciones alrededor de los equinoccios que nos recuerdan que caminamos hacia el verano o hacia el invierno.

Razones para terminar con la danza del reloj

Los países europeos introdujeron las disposiciones sobre la hora de verano el siglo pasado con el objetivo de ahorrar energía, especialmente durante la guerra y la crisis del petróleo de los años 70. A principios de los años 80, la Unión Europea fue adoptando de manera gradual legislación que ponía fin a los distintos esquemas nacionales de cambio de hora, así, unificó el procedimiento del cambio de hora en 1980. De acuerdo a la norma vigente, los países deben cambiar al horario de verano el último domingo de marzo, y de vuelta al horario estándar el último domingo de octubre.

No obstante, en 2018, el objetivo inicial resulta mucho menos relevante, con estudios que parecen indicar que el ahorro de energía es mínimo y con cada vez más quejas por parte de los ciudadanos por los efectos negativos para la salud.

Protección del Mercado Único

Los países de la UE y la Comisión deberán coordinarse para garantizar que la aplicación del horario de verano en unos países y el de invierno en otros no perjudicará al funcionamiento del Mercado Único europeo. Si la Comisión concluye que el desfase puede afectar de manera significativa y permanente al mercado interior, podrá proponer retrasar la fecha de aplicación de la directiva, ahora mismo, sin plazo definido tras la crisis sanitaria y socioeconómica del Covid19.

Clara Fajardo

Clara Fajardo

Plumilla por vocación, he trabajado en radio, televisión y prensa on line. Profundamente europeísta y convencida de que el Periodismo es el motor de cambio de la sociedad y hay que salvaguardarlo. Para...