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Pablo Iglesias / Moncloa, JM Cuadrado
Gabinete del doctor Tulp

Lealtad institucional y “astroturfing”

Cada vez que ha sobrevenido alguna catástrofe cuando el PP gobernaba en España los partidos de izquierda siempre han tratado de rentabilizar electoralmente la tragedia. Nunca han mostrado lealtad institucional. En esos momentos críticos en los que es necesario que todos los españoles estemos unidos la izquierda siempre recurre al “astroturfing” si está en la oposición, pero si está gobernado acusa al centro-derecha de deslealtad aunque se ofrezca a buscar soluciones pactadas y sus críticas se limiten al debate parlamentario como ocurre actualmente.

El “astroturfing” es una estrategia de agitación y propaganda que consiste en disfrazar las acciones de un partido contra su rival con la apariencia de un movimiento social independiente y espontáneo. El término proviene de una marca norteamericana de césped sintético que parece natural pero es falso (AstroTurf). Por tanto, el “astroturfing” hace referencia al carácter artificial de determinados movimientos sociales diseñados y dirigidos en la sombra por ciertos partidos políticos. Generalmente el partido que impulsa esta maniobra de manipulación no está gobernando y, por tanto, su objetivo es erosionar al Gobierno. Otras veces su finalidad es  difundir ideas o valores que apoyen su ideología o lograr que la gente crea que existe un problema (no necesariamente real) cuya supuesta solución está en manos del partido que ha impulsado el “astroturfing”. Estos falsos movimientos sociales están promovidos por asociaciones creadas por el partido y tienen el apoyo de los medios de comunicación afines. Estos medios son los encargados de que parezcan multitudinarios, hablan continuamente de ellos, los tratan como si fuesen la voz del “pueblo”, promocionan a sus representantes y demonizan a sus críticos. Detesto este tipo de maniobras políticas porque introducen crispación y división en la sociedad. Además, hacen a la gente desconfiada hacia otros movimientos sociales realmente espontáneos y sinceros.

Desde la primera mayoría absoluta del PP, obtenida en las legislativas del 2000, los “astrotufing” de las izquierdas han cobrado una gran importancia. El fortuito hundimiento del Prestige fue contestado por el PSOE con la creación del “Nunca Mais”. El atentado del 11 de marzo de 2004 fue aprovechado para asediar las sedes del PP con la ayuda de los oportunos bulos inventados por Gabilondo y García Ferreras.

Desde la irrupción de Pablo Iglesias y sus colabores las movilizaciones de la izquierda se han hecho aún más agresivas y no solo han ido contra el centro-derecha sino también contra el propio régimen democrático de 1978 y sus instituciones. Desde entonces se han organizado abucheos contra los conferenciantes que no son de izquierda en la Universidad (dejando de ser esta institución un foro de debate en tolerancia y respeto), escraches a los políticos de centro-derecha (los podemitas los llamaban “jarabe democrático”)… Todo ello al mismo tiempo que resucitaban el guerracivilismo y el frentismo. Estas prácticas supusieron el inicio de una etapa caracterizada por la intolerancia, los discursos del odio y la violencia política, cuyo momento culminante fue el movimiento “Rodea el Congreso” (25 de septiembre de 2012). Fue un “astroturfing” violentísimo, organizado por los futuros líderes de Podemos, que cuestionaba los principios más elementales de la Democracia. El lema era “no nos representan”. De esta forma, la extrema izquierda les negaba su carácter representativo a los diputados elegidos libremente por los electores. Tras las elecciones andaluzas celebradas el 2 de diciembre de 2018 los podemitas llegaron a organizar manifestaciones (no precisamente pacíficas) en varias ciudades de la región contra los resultados de esos comicios. Fue la primera vez en cuarenta años de Democracia que una fuerza política ha cuestionado el derecho de los ciudadanos a votar al partido que prefiera. Los demócratas no debemos consentir que el sufragio universal sea sustituido por movilizaciones callejeras.

En estos momentos, pese a que estamos viviendo la crisis sanitaria más grave desde 1918, pese a las terribles consecuencias que están provocando la mala gestión y las negligencias del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, no existe la crispación social que hubo en momentos de muchísima menos gravedad. La causa es que está gobernando la izquierda. Si estuviese gobernando el centro-derecha con toda seguridad el PSOE y Podemos estarían organizando escraches y todo tipo de movilizaciones contra el Gobierno de centro-derecha como han hecho otras veces en el pasado.

En 2014, siendo presidente del Gobierno Mariano Rajoy, las izquierdas dieron una vuelta de tuerca al organizar un “astroturfing” a partir de una supuesta epidemia de ébola que nunca existió en España. Ese año se declaró un brote epidémico de ébola en varios países africanos. Entre agosto y noviembre el Gobierno del PP repatrió a cinco personas para ser tratadas en el Hospital Carlos III de Madrid, de ellas solo fallecieron dos misioneros españoles. Resultó infectada una auxiliar que se curó gracias a recibir el plasma de dos monjas africanas a las que se les concedió la nacionalidad española como muestra de agradecimiento. Estos hechos fueron aprovechados por las televisiones de izquierdas para aterrorizar a los telespectadores durante casi tres meses ante la posibilidad remota de que se declarase una epidemia de ébola en nuestro país. Además deslizaron la insidia anticlerical de que la repatriación se debía a que eran religiosos (daba igual que también fuese repatriado un médico de MSF). Fueron organizadas manifestaciones de todo tipo para desgastar al gobierno de Rajoy. Pero el episodio más chocante fue el sacrificio por orden judicial del perro de doce años “Excálibur” (la mascota de la auxiliar infectada). Este episodio fue aprovechado para llamar “asesinos” a los miembros del Gobierno y pedir su dimisión. Algunos de los que afectaron más indignación por la muerte de Excálibur fueron los mismos que se habían opuesto en su momento a la repatriación de las personas enfermas para ser curadas en España, lo cual hubiese supuesto la canallada de haberlos abandonado a su suerte ¿Qué perversión metal puede llevar a alguien a sentir supuestamente más empatía por un perro que por cinco seres humanos?

¿Si la izquierda fue capaz de organizar manifestaciones, llamar “asesinos” a los miembros del Gobierno y pedir su dimisión exclusivamente por el sacrificio de un perro añoso, de qué no sería capaz si la actual crisis sanitaria, con sus más de 24.000 fallecidos, se hubiese producido con un gobierno de centro-derecha?

Pablo Casado ha apoyado todas las prorrogas del estado de alarma propuestas por el Gobierno, pese a que no ha contado con él para nada. Sin embargo, ha tenido que aguantar los improperios de Adriana Lastra en el parlamento y los discursos de odio desplegados por los periodistas de izquierdas contra los miembros de su partido. Las terminales mediáticas de las izquierdas pedían al centro y la derecha que no criticasen la gestión gubernamental al mismo tiempo que lanzaban gravísimas acusaciones infundadas y divulgaban bulos y datos trucados contra la gestión sanitaria del PP en la comunidad de Madrid.

El centro-derecha trata de ganar las elecciones apelando a los logros conseguidos cuando ha gobernado, a su amor a España y a su lealtad al régimen democrático de 1978. La izquierda confía más en la movilización de sus redes clientelares y en el “astroturfing”. Mucho me temo que los anclajes mentales de buena parte de los españoles formados en la LOGSE están más acostumbrados a codificar emociones y soluciones mágicas que prosaicos argumentos racionales.

Sobre el autor

Javier Jiménez

Javier Jiménez

Profesor de Bachillerato. Miembro fundador de la Asociación Padre Flores y autor de numerosos trabajos de Historia local.

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