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Imagen del retablo tomada por el laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla. Lva
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El retablo mayor de Martínez Montañés destruido en el 36 en Alcalá de Guadaíra

El Museo de Bellas Artes de Sevilla ha puesto de actualidad la obra de Juan Martínez Montañés (1568-1649). Este imaginero, uno de los principales de todos los tiempos, realizó el antiguo retablo mayor de la parroquia de Santiago de Alcalá de Guadaíra destruido en los saqueos y quemas de los edificios religiosos perpetrados al inicio de la Guerra Civil. Según el historiador y profesor alcalareño Javier Jiménez, «la única fotografía que se conserva de esta magnífica obra fue tomada en 1922 por el Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla».

Así lo recoge un reportaje publicado por La Voz de Alcalá. Este retablo renacentista incendiado en 1936 se componía de un banco o predela, dos pisos y ático, así como de cinco calles –tres centrales y otras dos oblicuas–. Según el historiador y crítico de Arte José Hernández Díaz, el conjunto original fue realizado entre 1585 y 1595. Su estructura arquitectónica era obra del taller constituido por Miguel Adán, su suegro Juan de Oviedo el Viejo y su cuñado Juan de Oviedo el Mozo. Los relieves y las esculturas de bulto redondo fueron encomendados en 1586 al imaginero Diego de Velasco, que no pudo concluir el encargo al fallecer siete años más tarde. La obra sería finalizada por Martín de Oviedo en 1594. Pero permanecería sin dorar hasta 1629.

El retablo fue atacado muy pronto por la carcoma, posiblemente porque algunas de sus imágenes habían sido hechas en madera de pino. En el segundo cuarto del siglo XVII, se le encargó a Juan Martínez Montañés sustituir los relieves y las imágenes deterioradas por otras realizadas por él. El relieve de la Virgen con el Niño del segundo piso sería la única obra escultórica de Diego de Velasco que llegaría hasta el siglo XX. Existen sendos documentos de 1626 y 1633 que acreditan la intervención de Martínez Montañés. En 1626 serían contratadas las escenas de la Visitación, la Encarnación, el Nacimiento y la Epifanía, así como las figuras de los santos Sebastián, Roque, Pedro y Pablo. En 1633 le encargaron otras siete figuras también en cedro: las tres figuras del Calvario, dos Virtudes, un San Sebastián –de cinco cuartas– y el titular de la parroquia –de tamaño natural–. Se fijó un plazo de tres años para su ejecución y unos honorarios de 800 ducados. Según Hernández Díaz, «la policromía estuvo verosímilmente a cargo del pintor Baltasar Quintero, que actuó de fiador».

La ejecución de los relieves y las esculturas del retablo mayor de Santiago coincidió con una época difícil para Martínez Montañés, que frisaba en la vejez. Sufrió la pérdida de su gran colaborador Juan de Oviedo (1625) y de su discípulo más brillante Juan de Mesa (1627). En 1629 padeció una enfermedad que lo tuvo postrado en la cama durante cinco meses. También tuvo que afrontar varios pleitos. Sin embargo, su prestigio era tan grande que en 1635 fue llamado a Madrid para realizar el retrato de Felipe IV que formaría parte de la estatua ecuestre de Pietro Tacca.

Según Hernández Díaz, la imagen de Santiago, concertada en 1633, «era una escultura magistral que recordaba vivamente en su indumentaria a la Santa Ana del Buen Suceso –obra del mismo tiempo–, muy superior en calidad al santo de idéntica advocación de San Leandro» También destacó «su dramatismo expresivo y la abultada corporeidad del ropaje, signos del barroquismo montañesino» e identificó rasgos miguelangelescos.

«El antiguo retablo mayor de la parroquia de Santiago fue la obra de arte más importante de cuantas fueron quemadas en el saqueo de las iglesias alcalareñas durante la madrugada del 18 al 19 de julio de 1936», según el profesor Javier Jiménez. No obstante, el mismo historiador considera que «la pérdida de los archivos parroquiales fue tan grave como la destrucción de las obras de Arte» y que «aquella aciaga madrugada los alcalareños no solo fuimos despojados violentamente de las mejores piezas de nuestro patrimonio material sino también de la memoria de nuestros ancestros». En este sentido, matiza que «a causa de la quema de las iglesias, nunca podremos saber, por ejemplo, cuándo fueron bautizados, se casaron o murieron nuestros antepasados» y concluye que «el incendio de las iglesias durante la Segunda República y la Guerra Civil fue un terrible ejemplo de terrorismo cultural, imposible de justificar».

Actualmente, la mejor síntesis sobre la evolución del retablo de Santiago se puede encontrar en la monografía de Enrique Ruiz Portillo sobre la Parroquia de Santiago.

Martínez Montañés

Fue uno de los artistas europeos que marcaron la transición del Renacimiento al Barroco. Nacido en Alcalá la Real y formado en el taller granadino de Pablo de Rojas, completó su formación en Sevilla, ciudad en la que viviría al menos desde 1587. Renovó la Escuela Sevillana de escultura y, junto con su discípulo Juan de Mesa, posiblemente sea uno de sus dos representantes más destacados. En su época le apodaron el «Lisipo andaluz» en clara alusión a su estilo equilibrado y clásico.

La exposición de Juan Martínez Montañés (1568-1649) del Museo de Bellas Artes de Sevilla ha vuelto a poner de actualidad a uno de los principales imagineros españoles de todos los tiempos. La muestra, inaugurada el pasado 29 de noviembre, ha reunido un conjunto de 48 esculturas y diez pinturas. Estará abierta hasta el próximo 15 de marzo.

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