Acaba de publicar un poemario repleto de emociones, Desde dónde, hacia cuándo.

Historia publicada también en La Voz de Alcalá

Pablo Macías Partida, publica un nuevo libro: Desde dónde, hacia cuándo, un poemario repleto de emociones que parten de la realidad para darle un giro y encontrar poesía en todas partes. Con un lenguaje actual, este poeta y profesor del IES Albero intenta eliminar los prejuicios del concepto de poesía y llegar a todos los lectores.

–En su anterior libro analiza la poesía de Karmelo C. Iribarren, ¿cómo ha sido la experiencia de ver nacer algo propio?
–Arriesgada y grata. La escritura propia de un poemario se siente como una criatura diferente con la que uno en realidad está más expuesto. En un libro de poemas, uno tiene que hablar a tumba abierta. Me da cierto reparo que alguien que pueda leer el libro me conozca más de lo que quizá yo desearía.

–¿Qué encontrará el lector en su poemario?
–Si es un lector habituado a la lectura de poesía, intento que encuentre un vínculo con la tradición, pero al mismo tiempo una ruptura de esta. Intento que encuentre un lenguaje que siendo poético no huela a naftalina, no sea antiguo, sino del tiempo actual. Para aquel lector menos avezado espero que si tiene algún prejuicio sobre lo que es leer poesía, lo rompa con este libro y encuentre risas, emoción, cabreo, cierto rencor, ironía y angustia.


–Su poesía parte en muchas ocasiones de la realidad para darle un giro y convertirla en poesía.
–Siempre hay una chispa en la realidad que hace encender la bombilla poética. Hay un poema en el libro, La gran antropometría azul, que es el cuadro de Ives Klein. Ese poema nació unas navidades en el museo Guggenheim. Había una pequeña adorable que estaba viendo este cuadro abstracto y escuchando la audioguía mientras dirigía su mirada a los lugares que esta indicaba. Ahí vi algo poético. Vi desde el principio que estaba siendo enseñada a obedecer una voz masculina que le decía dónde mirar y desde qué perspectiva. Y esa visión se transformó en un alegato de libertad de la visión de la niña frente a la voz del que le ordenaba qué ver, dónde ver y cómo mirar.

–¿Qué falla en el sistema educativo para que sea tan difícil captar nuevos lectores?
–El sistema educativo no es una cosa aislada del contexto social. Es un producto de un contexto y momento social determinado. La lectura está compitiendo con otros estímulos que son muy inmediatos. La lectura necesita tiempo para decantarse y cogerle el gusto. Que algún alumno prefiera El guardián entre el centeno al Fortnite o mandar Whatsapp supone un acto de rebeldía. Los profesores de literatura intentamos abrir una pequeña grieta en ese constructo tan férreo de los estímulos inmediatos.

Poesía

«Que un alumno prefiera El guardián entre el centeno al Fortnite supone un acto de rebeldía»


–Pensó en un primer momento en ser ingeniero, ¿cómo terminó en el camino de la filología?
–Cuando entré en Ingeniería Superior de Telecomunicaciones, que el nombre ya asustaba, tenía la parte científica que siempre me había gustado, pero eché en falta la parte literaria. Tanto, que dejé de encontrarle sentido a lo científico. Contra viento y marea me planté delante de mi padre y le dije que iba a hacer Filología Hispánica. Es la mejor decisión que he tomado en mi vida. La poesía tiene algo que ver con la ingeniería. La exactitud, la precisión y sobretodo el trabajo que hay detrás es lo que tienen en común.

–Alcalá fue su primer destino y tras varios años ha vuelto, ¿lo marcó este pueblo?
–Cuando yo estaba estudiando las oposiciones, un par de semanas antes del examen, dos amigos me dijeron que nos íbamos a ir a la Feria de Alcalá de Guadaíra. Yo ni sabía dónde estaba, me arrastraron. Cuando pasé por la puerta del Albero, obsesionado con la manía de las oposiciones, la miré y les dije a mis amigos: «aquí voy a dar clases yo». Cuando aprobé pedí este instituto y me enseñaron a ser mejor persona. Aquí siempre me he sentido feliz. Tanto, que siempre quise volver y después de siete años lo hice. Algo de mí se formó aquí y quería volver aquí, porque uno es de donde siente, y yo sentí aquí.

IES albero

«Aquí siempre me he sentido feliz. Tanto que siempre quise volver y después de siete años lo hice»


–También ha traído a autores importantes para fomentar la lectura entre los jóvenes.
–Gracias a un programa del Ministerio podíamos traerlos al instituto. Siempre me gustó picar alto, aunque fuesen famosos. Todos se muestran muy cercanos, muy dispuestos. Los adolescentes se muestran mucho más emocionalmente. Los adultos tenemos un freno con lo que debe ser o no debe ser. Los críos no. Y eso a un autor lo llena, porque ve que su obra está viva.

–¿Qué otros proyectos ha llevado en el Albero?
–Un taller de escritura creativa hace un par de años. Cada semana les proponía un tema, cogíamos un texto de un autor consagrado, lo explicábamos, analizábamos su mecanismo, hacíamos un poco de «Jack el Destripador» y ellos tenían que reescribirlos desde su punto de vista.

–¿Cómo surgió la idea de leer poesía en los recreos?
–Aunque parezca mentira hay alumnos que están deseando que se les ofrezca una perspectiva nueva y enfoques distintos. En las clases lo hacemos, pero estamos más encorsetados por un temario, aquí es el reino de la libertad. La idea, por muy descabellada que pareciera fue, desde mi punto de vista, exitosa. Yo les veía cara de disfrute, o eso o eran muy buenos actores y actrices.

–¿Qué versos recomendaría para enganchar a los jóvenes a la poesía?
–Siempre va a depender de la sensibilidad de cada uno. Hay un libro de un poeta, Pablo García Casado, que se titula La cámara te quiere. Es la vida de una actriz porno pero no centrándose en los aspectos mas sórdidos sino en los más emocionales. En ese libro se nos abren los ojos muchísimo con una perspectiva de género muy certera.

–¿Cómo vive la situación actual del COVID-19 en las aulas?
–El rostro es una herramienta comunicativa fundamental y nos estamos comunicando con un tercio, con los ojos. Cuando entré al aula y los vi la primera vez con mascarilla me resultó extraño y triste. Afortunadamente los llegas a conocer también a través de la mascarilla, pero falta algo. Eso viéndolo desde un punto de vista más optimista. La parte pesimista es que no tenemos distancia de seguridad, hay aulas en primero y segundo de ESO con 30 o 32 alumnos. Vivimos situaciones de inquietud.