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La Junta protege una de las manifestaciones más singulares del flamenco, caracterizada por la riqueza gestual y el protagonismo de la mujer.

El Consejo de Gobierno ha acordado inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (CGPHA), como Bien de Interés Cultural, la actividad de interés etnológico denominada Escuela Sevillana de Baile, una manifestación singular de la danza flamenca que se caracteriza por el protagonismo de la mujer y rasgos propios de elegante y rica gestualidad.

La protección de la Escuela Sevillana de Baile se enmarca en las iniciativas que desarrolla la Consejería de Cultura y Deporte desde que en 2010 la Unesco incluyese el arte flamenco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Entre ellas destacan la declaración de la Fiesta de Verdiales de Málaga como Bien de Interés Cultural y los trámites actualmente en curso para inscribir en el CGPHA modalidades como la Escuela Bolera de Baile, el Fandango de Huelva, la Zambomba de Jerez y la Zambra de Granada.

La Escuela Sevillana de Baile, que surgió en torno al año 1830, se caracteriza por el protagonismo de la mujer frente al hombre. La feminidad, el señorío, la apostura y el bailar gustándose son algunas de sus cualidades. Maestras de este arte han sido, entre otras, Pastora Imperio, que puso los cimientos del estilo actual, y Matilde Coral, que ha sabido codificarlo, transmitirlo y difundirlo a través de su academia.

Entre los rasgos más llamativos destacan la composición de la figura, con la cabeza erguida, los hombros alineados y la espalda derecha; la naturalidad, elegancia y plasticidad de los pasos; el braceo armonioso; los movimientos de hombros y caderas; el rostro expresivo, y el zapateado musical. Destaca asimismo el uso de elementos como la bata de cola, el mantón, los palillos y el sombrero.

En la práctica profesional han destacado artistas como Pepa Montes, Milagros Mengíbar, Ana María Bueno, Loly Flores, Ana Moya, Merche Esmeralda e Isabel Bayón. En el baile de hombre, que también se caracteriza por la apostura y la elegancia, han dejado huella Manuel Corrales González ‘El Mimbre’ y Enrique Jiménez Mendoza, más conocido como Enrique El Cojo. De todos modos, esta forma de bailar no es exclusiva de profesionales y se puede apreciar en romerías, ferias y otras reuniones festivas.

El estilo, aprendido durante generaciones mediante transmisión oral, ha quedado fijado, entre otros documentos, en el código de la Escuela Sevillana de Flamenco redactado por Matilde Coral y Manuel Barrios. Aunque sigue practicándose por algunas bailaoras andaluzas, en los últimos tiempos ha comenzado a perder parte de sus elementos definitorios, como la riqueza gestual y, especialmente, la utilización de la bata de cola, que requiere un aprendizaje específico para su manejo.

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Antonio Campos

Antonio Campos

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla, empezó en la comunicación local y actualmente trabaja para Canal Sur TV. Máster en Gestión Estratégica e Innovación en Comunicación, es miembro...