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La Semana Santa de Sevilla es un fenómeno poliédrico. Hay quien la vive desde el enfoque de la fe. Hay otros que se acercan a las procesiones por la admiración a las obras de arte de varios siglos de antigüedad que sacan a la calle las cofradías.

Otros, sin embargo, ven esta festividad como una ocasión para evocar aquella Semana Santa que aprendieron de la mano de un familiar que ya no está. Pero, sin duda, uno de los puntos más importantes de la Semana Santa es la música. La música y el silencio, pero sobre todo la música. 

Desde que a finales del siglo XIX las bandas de música comenzaran a formar parte de los cortejos procesionales, las marchas de procesión se han convertido en un elemento trascendental dentro de este ritual secular. Las primeras bandas de música eran formaciones militares, y de ahí surge el carácter marcial de las marchas de procesión más añejas. Por la misma razón, los compositores de marchas procesionales fueron principalmente músicos militares durante muchos decenios, como en el caso de Manuel López Farfán, Emilio Cebrián, Ricardo Dorado, Pedro Gámez Laserna o Abel Moreno. Sin embargo, en las últimas dos décadas han participado en la creación de marchas compositores no militares, quienes han contribuído decisivamente a mantener esta particular cultura popular musical hasta nuestros días, eso sí, dándole un toque menos marcial y mucho más sinfónico. Tal es el caso de autores como José de la Vega, Manuel Marvizón u Oscar Navarro, entre tantos otros.

Con todo esto, es evidente que la Semana Santa es una ocasión inigualable para los amantes de las bandas de música de encontrarse por las calles de Sevilla con verdaderas obras de arte musicales. Para ello, basta con echarse a la calle y tener la suerte de que alguna de las decenas de formaciones que inundan el centro de la ciudad tras los pasos interpreten obras como ‘Mater Mea’ y ‘Getsemaní’ de Ricardo Dorado, ‘La Madrugá’ de Abel Moreno, ‘Mektub’ del célebre maestro vasco Mariano San Miguel, ‘Virgen del Valle’ del sevillano Vicente Gómez Zarzuela, o ‘Saeta Cordobesa’ y ‘El Cachorro (Saeta Sevillana)’ del cordobés Pedro Gámez Laserna. Amén de las dos marchas clásicas por antonomasia en la Semana Santa sevillana: ‘Amarguras’ y ‘Soleá dame la mano’, de Manuel Font de Anta. Sin olvidar marchas como ‘Spes Nostra’ y ‘Esperanza’ de Manuel López Farfán (el ilustre autor sevillano, más conocido por ‘Pasan los Campanilleros’ y ‘La Estrella Sublime’); ‘Jesús de las Penas’, del catedrático de piano sevillano Antonio Pantión; o ‘Valle de Sevilla’, del recientemente fallecido violinista y compositor cordobés José de la Vega.

Aunque también hay obras más recientes que están a la altura de las clásicas, como ‘Madre Hiniesta’, ‘Azul y Plata’ o ‘Santa Cruz’ del músico sevillano Manuel Marvizón, u ‘Hosanna in Excelsis’, ‘El Evangelista’ y ‘Crucifixus’, partituras estas de los compositores levantinos Óscar Navarro, José Vélez y José Alberto Pina, respectivamente, unos autores que están consiguiendo que sus obras se incluyen en los repertorios de las más prestigiosas bandas sevillanas y andaluzas.

Sin embargo, hay piezas que, por desgracia, es más complicado escucharlas a día de hoy en la calle. Son marchas que las bandas las tocan cada vez menos, aún cuando, por su calidad musical, fueron muy interpretadas durante bastantes años. Tal es el caso de ‘Cristo de la Sangre’ y ‘Jesús Preso’ del toledano Emilio Cebrián (autor de las archiconocidas ‘Nuestro Padre Jesús’ y ‘Macarena’), o de la marcha ‘Esperanza Macarena’ del músico valenciano Vicente Mas Quiles.

Sea como fuere, quedan pocas horas para que los primeros pasos y bandas de música se echen a la calle. Así que sólo hay que tener la suerte de dar con los rincones de la ciudad donde las bandas de música se recrean más en sus repertorios. Es en esos lugares donde el director mandará poner en los atriles las marchas con más solera. Y es que no hay que olvidar que Sevilla es un auditorio al aire libre durante la Semana Santa. Basta con relajarse deleitándose el oído con estas auténticas sinfonías por las calles que nos regala esta ciudad cada primavera.

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