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Sevilla Actualidad relata 'paso a paso' la labor de las hermandades para la puesta a punto de sus pasos ante las procesiones de la Semana Santa / Mercedes Romero
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La Semana Santa: paso a paso

Sevilla Actualidad hace un recorrido paso a paso por el montaje de los pasos para la liturgia pública propia de la Semana Santa durante este tiempo de Cuaresma.

El ritual empieza con el traslado de la parihuela, la estructura de hierro, sobre la que se disponen los demás elementos que componen el paso. Respiraderos de metales nobles o madera barnizada,  faldones de terciopelo, en ocasiones con ricos bordados. Y el exorno de la parte superior:  faroles, candelerías, y en último lugar las imágenes.

La canastilla de los pasos de misterio se mantiene montada todo el año. A excepción de los faroles, hachones o candelabros de guardabrisa y la imagen o las imágenes titulares. En algunos casos, las tallas secundarias permanecen en sus puestos el resto del año. La canastilla suele ser más grande en tamaño cuando se trata de un paso de cristo, en comparación con un paso de palio. Oscilan entre las 7 y las 10 trabajaderas, albergan en su interior de 30 a 60 costaleros que portarán a sus titulares durante la estación de penitencia. Antes, las cuadrillas realizan ensayos. La organización y disposición de los costaleros responde a la igualá realizada por el capataz meses antes, y el reparto de peso que acuerde la cuadrilla de cada hermandad. 

Dorados, plateados, barnizados

Cuando los metales son nobles, nobles deben ser los cuidados, y nobles también los gastos que exigen para su reparación, conservación y mantenimiento.

Anualmente estas corporaciones religiosas dedican parte de su presupuesto al repaso de golpes o desperfectos sufridos durante la estación de penitencia.

Lo primero que se colocan son los faldones. Tapan la estructura de hierro que sirve de soporte al paso, y a los costaleros durante el itinerario. A continuación se instala el baquetón:  estructura de madera que une los respiraderos con la mesa del paso. Estos elementos están tallados de forma laboriosa.

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Según la impronta, el devenir histórico y la estética propia de cada hermandad, la canastilla será dorada, plateada o barnizada. El proceso del dorado y el plateado de las canastillas presenta un tallado más vasto, rudo. Suave y pulido es el barnizado de la madera. Para el dorado es preciso aplicar varias capas de estuco hasta que está listo para la fijación de la capa de oro.

Cuando los metales son nobles, nobles deben ser los cuidados, y nobles también los gastos que exigen para su reparación, conservación y mantenimiento.  Anualmente estas corporaciones religiosas dedican parte de su presupuesto al repaso de golpes o desperfectos sufridos durante la estación de penitencia.  Para limpiar el dorado o plateado emplean una mezcla de alcohol y tiza, para después frotarla con cepillos. El brillo que obtienen supera al que pudieran conseguir con productos químicos que, si se usan indebidamente, pueden causar daños irreparables en el conjunto artístico.

Con la canastilla a punto, de forma manual y a pulso, o bien mediante rampas o poleas, llega el momento de trasladar las imágenes desde el lugar donde reciben culto al paso. Este momento algunas hermandades lo hacen en el recogimiento de la junta de gobierno, mientras en otras se reviste de acto piadoso y es acompañado de rezos donde toma partido también la comunidad parroquial. La figura del prioste en el seno de la junta de gobierno de la hermandad, es la encargada de decidir si las imágenes suben con las vestiduras que lucirán durante la procesión o si serán vestidas una vez colocadas en su lugar en el paso. Luego será el momento de fijar los faroles o candelabros sobre la canastilla. Le sigue la cera y, el día antes de la salida procesional, se coloca el exhorto floral.

El paso de palio

El paso de virgen tiene un proceso de mayor complejidad: es desmontado al término de la procesión, con lo cual el proceso de preparación suele llevar más tiempo. Como en el caso del paso de misterio, partimos de la parihuela. Antes de colocar los respiraderos y la candelería, irá el palio -que da nombre al paso- con los varales. La instalación de los varales sobre la parihuela requiere un esfuerzo añadido: sostener a pulso el techo de palio con las bambalinas mientras se fija cada varal en las guías de la parte superior. 

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Vestir santos

El vestidor tiene vía libre para desarrollar su labor con la ayuda de sus auxiliares. Colocan la saya, el rostrillo y el manto procesional, de grandes dimensiones, el cual va apoyado y sostenido sobre la pollera, una superficie colocada tras la imagen compuesta por varias varillas metálicas que llega hasta la parte trasera y sobresale del paso.

Cuando el calendario, el reloj y el tiempo se alinean, este trabajo se pone en valor en el encuentro de la ciudadanía con las imágenes devocionales o, simplemente, con una tradición popular que forma parte de la identidad de nuestros pueblos.

Pero no todos los varales de los pasos de palio son iguales o tienen la misma función. Hay dos tipos de varales. Unos son los maestros, los dos primeros y los dos últimos: de hierro. Sustentan el peso del palio y el techo. Los otros son los varales centrales que suelen ser de madera y son los que hacen que el palio puede mecerse. Con el palio a punto, el resto va sobre ruedas. Colocan los respiraderos, los faldones, sujetos a los anteriores mediante unas pletinas, y la candelería, estratégicamente alineada para no desvirtuar el conjunto.

Los priostes jueces siguen el montaje de la candelería. Primero se monta el soporte y luego la cera. Ésta, para que se quede bien colocada, ha de pasar por un proceso de fusión. Es decir, se mete cera pura ardiendo en el cubilete del soporte e inmediatamente se coloca el cirio ejerciendo presión. Hay que esperar a que se solidifique, de forma que la cera quede adherida a la base.

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Con la ayuda de los hermanos priostes, a pulso, elevan hasta su peana y fijan la imagen de la virgen. El vestidor tiene vía libre para desarrollar su labor con la ayuda de sus auxiliares. Colocan la saya, el rostrillo y el manto procesional, de grandes dimensiones, el cual va apoyado y sostenido sobre la pollera: una superficie colocada tras la imagen compuesta por varias varillas metálicas que llega hasta la parte trasera y sobresale del paso. Por último se colocan los candelabros de cola. Su base se mezcla con el manto y las maniguetas, que son el recuerdo de las antiguas andas de los pasos, cuando éstos se portaban a hombros.

El día antes de la salida se colocan las flores en las jarras sobre una esponja húmeda para mantener fresco el exorno floral. El recorrido por el montaje de los pasos termina, en ambos pasos, justo antes de la salida. Se hace lo que se conoce como el retranqueo: alzar el paso varias veces de forma súbita y con fuerza, para comprobar que todos los elementos del conjunto están en su sitio, bien sujetos, o si hay alguno que puede desprenderse. El propósito del retranqueo es prevenir accidentes durante la estación de penitencia.

Cuando el calendario, el reloj y el tiempo se alinean, este trabajo se pone en valor en el encuentro de la ciudadanía con las imágenes devocionales o, simplemente, con una tradición popular que forma parte de la identidad de nuestros pueblos.

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