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Un paseo estival por siglos de historia carmonense

El verano es tiempo de playa o montaña pero también es tiempo para la cultura. Si desea conocer una de las localidades más bellas de la provincia no lo dude, tiene una cita con Carmona. Sus calles y monumentos dejarán prendado al visitante que sólo deseará una cosa, volver. 

Manuel Torres. El tiempo ocioso de la época veraniega no es sinónimo de aburrimiento. Si es uno de aquellos a los que la crisis les está haciendo mella o simplemente unas vacaciones en la dorada arena del Atlántico son incompatibles con su trabajo, tiene una cita con Carmona.

Recorrer las sinuosas calles del centro nos transporta a tiempos remotos donde ni las prisas ni el ajetreo diario eran el pan de cada día. Casas Palacio, conventos, iglesias y hasta dos Alcázares son algunos de los secretos que esconde esta localidad situada en plena campiña sevillana. El recuerdo de nuestra visita no sólo perdurará en nuestras mentes ya que nuestro paladar también disfrutará con la excelente cocina carmonense.

Comenzamos nuestra visita a Carmona, entrando por la antigua N-IV que atravesaba la localidad. Tomaremos como punto de acceso la entrada desde Sevilla, por la primera salida de la autovía. Una vez dentro llegaremos a la calle de Sevilla. Recibiendo al visitante, una estatua de la diosa romana Servilia (emplazada allí por el ex alcalde, Sebastián Martín Recio (IU), da la bienvenida al visitante.

Siguiendo las indicaciones, nos dirigimos hasta la Necropolis Romana. Este monumento único, descubierto casualmente en 1.868, es uno de los conjuntos funerarios más importantes de España. Está compuesto por varios centenares de cámara sepulcrales, escavada en la roca de los Alcores. En algunas de las tumbas todavía se conservan restos de decoración mural sobre el estuco. Su período de uso se sitúa entre los siglos I a.C y IV d.C.

En esta primera parada no podemos dejar de visitar las tumbas de Servilia y del Elefante. Justo en la acera opuesta a la Necrópolis, un gran descampado repleto de piedras nos sorprende. Sí, es lo que usted cree, un Anfiteatro Romano. El recinto nos evoca, por sus similares dimensiones al de las ruinas de Itálica. Aunque está cerrado al público y las intervenciones en su interior han sido escasas, podemos observar la magnitud del monumento. Dejando volar la imaginación aún retumbarán en nuestras mentes los choques de espadas y los aplausos del público ante una batalla de gladiadores.

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Tras una breve parada en alguno de los bares del Paseo del Estatuto, para tomar un refrigerio para continuar nuestra visita, vemos de lejos un impresionante gigante de piedra. Es el Alcázar de la Puerta de Sevilla. De origen Cartaginés está emplazado en la parte de más fácil acceso a la localidad, de ahí sus infranqueables muros. El visitante puede entrar en la oficina de Turismo ubicada en su interior e informarse sobre la oferta turística de la localidad. Sin duda muy recomendable por el trato del personal de esta oficina. De paso visitaremos el patio del Algibe y el Salón de Presos Alto y Bajo. Mientras subimos a la parte superior del Alcázar observamos una mezcolanza de arquitectura romana, medieval e islámica, símbolo de las civilizaciones que hicieron grande a Carmona.

Una vez bajamos, podemos comprar un refresco en la tienda incrustada en la muralla que recibe el nombre de “Paco Vago”. Este comercio es como diríamos popularmente de toda la vida. Tiene de todo y si no lo tiene te lo encuentra. Es un lugar donde podemos comprar desde un kilo de altramuces (chochitos) hasta una maquinilla de afeitar o productos de broma.

Continuamos, refresco en mano, hacía la plaza de San Fernando o de Arriba. En sus inmediaciones se cree que estuvo uno de los templos más importantes de la Hispania Romana. Todavía se pueden observar restos de su capiteles y columnas en las inmediaciones de la cafetería Forum (A la hora del café y copas volveremos a este emplazamiento).

Legado romano

Tomamos como punto neurálgico este sitio desde aquí distribuimos nuestra visita. Para comenzar podemos visitar la plaza de Abastos, de estilo neoclásico y que data de 1.842. Volvemos a nuestro punto de partida y nos vamos hasta la Iglesia Prioral de Santa María.

Una de las mayores joyas que conserva Carmona. El edificio actual fue construido entre los años 1.424 y 1.518. Es de estilo tardogótico andaluz. Consta de planta de salón con tres naves y capillas laterales. Sin duda algo que dejará impresionado al visitante en el calendario visigótico tallado en una de las columnas del patio de los Naranjos. No dude en detenerse un instante para encontrarlo, es único.

De vuelta a nuestro punto central podemos admirar la belleza de las casas palacio, con un estilo señorial típico de la Carmona del XVI y XVII. Una vez allí marcharemos hasta el Ayuntamiento. Siguiendo recto encontramos la iglesia del Salvador, con su cúpula inacabada, si tiene la suerte de encontrarla abierta no dude en visitarla.

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Es mediodía y usted empieza a escuchar un gruñido en su interior. No se apure hombre, es el hambre. Como la oferta de Carmona no sólo es cultural, salga de la iglesia del Salvador y verá una taberna típica, y si es cofrade, quedará prendado.

Es el Mingalario. En este bar, taberna, tasca o como se le desee llamar, puede encontrar un gran surtido en chacinas, montaditos, platos típicos y todo ello aderezado con una cerveza que ‘quita tol sentío’.

Tras reposar un poquito la comida, no olvidemos que estamos en Carmona y el sol es de justicia, nos marcharemos para el convento de Santa Clara. Recientemente abierto al público es una auténtica joya de la vida monacal. La amabilidad de las hermanas que habitan en él serán sin duda un motivo para volver. Visitaremos la torre, el claustro y por supuesto el templo. De este recinto religioso no les daré más pistas, así se llevarán una agradable sorpresa. Por último no olvide llevarse una buena muestra de los dulces artesanos que preparan las monjas.

Una vez visitado Santa Clara, volvemos a nuestro punto neurálgico. Allí, y como es la hora del cafelito, nos acercamos hasta la cafetería Forum. En este lugar podemos refugiarnos un poco del calor y tomar algo fresco, ya saben lo de siempre café o copa.

Parador Nacional de Turismo

Vamos a dar el último tirón de nuestra visita. Se recomienda coger el coche ya que vamos hasta la otra punta del casco histórico. Si la temperatura es agradable se puede hacer andando perfectamente ya que se tarda menos de 15 minutos.

Nos dirigimos hacia el Alcázar del Rey Don Pedro o de Arriba. En él se emplaza el Parador Nacional de Turismo. Previamente pasaremos por la puerta de Córdoba, de origen romano pero con restauraciones posteriores. Si vamos bien de tiempo podemos echar un vistazo a la Vía Augusta, recientemente restaurada y que se encuentra a escasos metros de la puerta de Córdoba.

Antes de llegar al Alcázar/Parador, pasaremos por la plazuela de Santiago, donde se encuentra la iglesia del mismo nombre. Como curiosidad decir que es el único recinto religioso de Carmona que no tiene casas anexas. En sus inmediaciones estuvo emplazado el antiguo colegio Salesiano, hoy día situado en extramuros.

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Una vez llegamos al Alcázar de Arriba merece la pena rodearlo para ver los restos de sus murallas. Llama la atención un círculo defensivo conocido como ‘El Cubete’. Esta construcción realizada por los Reyes Católicos, sirvió de ensayo para otras fortificaciones.

Entrando ya en el Alcázar encontramos el patio de Armas, que actualmente sirve de aparcamiento del parador. A la izquierda está la puerta que da acceso al recinto del Alcázar. Actualmente se están llevando a cabo trabajos de restauración y puesta en valor por lo que no podremos visitarlo.

Cae la tarde y el tiempo es más agradable. Entramos en el Parador Nacional de Turismo. Sin duda uno de los más bellos de toda España por su emplazamiento y diseño. Entrar en el parador es sentirse como un cortesano de palacio. Mobiliario medieval, armaduras, espadas y sobre todo un patio que nos remite a la Carmona Andalusí.

Para finalizar nuestra visita podemos tomarnos una copa en el patio de la fuente acompañados del sonido del agua o si se prefiere en la terraza del parador. Desde este lugar se goza de unas de las vistas más bellas de Carmona ya que se contempla toda la Vega.

Si se ha quedado con ganas de más, tranquilo hay más, pero eso será en próximas visitas a Carmona. Por otra parte si desea quedarse a dormir puede hacerlo en el propio Parador, en el hotel Alcázar de la Reina de 4 estrellas y gran belleza o en el hotel Casa de Carmona, de gran lujo y 5 estrellas.

Si por el contrario desea algo más asequible siempre puede acudir al hostal San Pedro o la pensión Comercio, con una gran relación calidad precio, limpieza y trato agradable.

Hora de partir en el caso de que no se quede, pues aproveche para contemplar el atardecer desde el Molino de la Romera. Esta antigua almazara de aceite convertida en restaurante ofrece también unas vistas inigualables.

Cuando uno se marcha de Carmona siente una sensación extraña. La explosión de cultura, arquitectura, gastronomía y trato humano que ronda nuestra cabeza sólo puede ser por una cosa. Has quedado hechizado por el embrujo del ‘Lucero de Europa’. 

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