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En el kilómetro 4, de la Huerta las Clarisas, terminó tristemente, la historia del más grande andalucista. Ese fatídico 11 de agosto de 1936, se aplazó en Carmona, el sueño de Blas Infante, al que quitaron del mundo, a tiros. Sin sus ideales, es más que probable que hoy no fuera un día tan especial para el andalucista de a pie. También es más que posible, casi seguro podríamos decir, que el de Casares no estaría para nada orgulloso de lo que su más digno sucesor, Don Manuel Chaves, está haciendo con la Andalucía de sus utópicos sueños.

Ángel Espínola. Sin muchos más ideales que el andalucismo federal, aunque muy cercano al anarquismo, Infante abrió la veda para definir el nacionalismo de un pueblo, el andaluz, diferenciando su región con el resto de los pueblos del mundo. Nacido en 1885, en el ya mencionado municipio  malagueño, pasa su infancia entre jornaleros, viendo “pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales…», como escribiría ya de mayor.

En plena adolescencia será su abuelo materno, Ignacio Pérez de Vargas y Salas, el que lo instruyera en el mundo intelectual y literario. Hasta el punto de que, en 1906, ya se había licenciado en Derecho –como su padre- por la Universidad de Granada, habiéndose matriculado por libre. Tuvo que esperar cuatro años, para poder ejercer la notaría en el municipio sevillano de Cantillana –era necesario ser mayor de 25 años-.

En 1913, ingresa en el Ateneo de Sevilla y participa  en el primer Congreso Internacional Georgista en Ronda (Málaga). Es una etapa del malagueño en la que su formación ideológica y filosófica comienza a facilitarle capacidad para argumentar sus teorías sobre el futuro de su pueblo. Así, en 1915 publica su obra principal ‘El Ideal Andaluz’. Libro necesario para todo ciudadano andalucista, que hoy día podemos encontrar por un módico precio en cualquier librería.  En él expone su punto de vista sobre los problemas andaluces, su historia y su propuestas.

«Éste es el problema: Andalucía necesita una dirección espiritual, una orientación política, un remedio económico, un plan de cultura y una fuerza que apostole y salve». De esta forma comienza el prólogo de la primera obra de Blas Infante.

Andalucía, nación histórica

En 1918, tras la creación del Centros Andaluz de Sevilla, tiene lugar la Asamblea Regionalista en Ronda. En ella, se asume las líneas maestras de la Constitución Federal de Antequera de 1883. Además es esta asamblea el lugar de nacimiento de la bandera andaluza, recuperada de la tradición de Al-Ándalus, documentada desde el 1095. También se decide el escudo con el Hércules inspirado en la ciudad de Cádiz y el lema inscrito en él “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”. La justificación de éste último, la haría el propio Infante al asegurar que “es una expresión síntesis de la Historia de Andalucía”.

En el año 1919, se crea el Manifiesto del 1 de enero en Córdoba, donde se define Andalucía como nación dentro del estado federal español. “Sentimos llegar la hora suprema en que habrá que consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España   (…).Ya no vale resguardar sus miserables intereses con el escudo de la solidaridad o la unidad, que dicen nacional.”, son algunas premisas que se aclaran en dicho manifiesto.

Nuestro protagonista dedica los siguientes años de su vida a escribir obras, e interesarse por Motamid, el último rey de Sevilla. En ‘La Dictadura Pedagógica’, Infante dejó unas palabras de filósofo para el recuerdo que bien podrían tener valor hoy día, no sólo en el contexto de Andalucía, sino en cualquier zona del planeta: “la crisis actual antes que crisis política y crisis económica, es crisis humana. Es crisis de humanidad”.

En 1923, el inicio de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, sorprenderá al andalucista en Madrid, donde acudió por la muerte de su padre. Infante, como es obvio, nunca quiso colaborar con la dictadura fascista, que ejerció una gran represión, cerrando los Centros Andaluces y prohibiendo la celebración de actos. Fruto de ello, se retira a Isla Cristina (Huelva) como notario, donde se aleja de la actividad política hasta la llegada de la II República. Se dedicará a escribir y viajar por diferentes lugares del mundo.

El anteproyecto estatutario

Con la llegada de uno de los períodos más izquierdistas de la historia de España, Infante se traslada a Coria del Río como notario. Allí diseñará una casa que llamará Dar al-Farah (‘Casa de la Alegría’), de arquitectura de Al-Andalus, algo que interesaba, y mucho al político y escritor. La República consiguió así reavivar sus esperanzas por conseguir el reconocimiento de Andalucía Libre. Por ello, mediante las Juntas Liberalistas de Andalucía –generadas a raíz de los extintos Centros Andaluces- crea una campaña pro-estatuto.

Para lograr el Estatuto de Autonomía, el gobierno de Manuel Azaña, había estimado tres fases a recorrer: redactar el propio texto estatutario y aprobarlo en el gobierno local, someterlo a referéndum ante el censo poblacional, y por último, conseguir la aprobación del Parlamento. Sin embargo, el estatuto andaluz, no llegaría a cuajar, como sí lo hizo el catalán, pues no se llegó a establecer más que el proyecto del mismo en 1933. No pudiéndose a llevar a cabo la segunda fase del proyecto estatutario.

Perola actividad política de  Blas Infante era tal, que incluso decidió  presentarse a  las elecciones  para las Cortes Constituyentes de 1931, en una candidatura republicana andalucista, que tendría , no obstante, poco apoyo popular por ser harto radical. Con el paso del periodo republicano, el giro que da este hacia la derecha, Infante se irá alejando cada vez más de la política del gobierno, aunque seguirá formando parte –no sin reticencias- de la Comisión Pro-Estatuto.

En 1933, el malagueño derramará otro grano de arena, que décadas más tarde defenderán todos los ciudadanos del Sur de España, esto es, el Himno de Andalucía. A raíz de una melodía  religiosa cantada por los jornaleros al finalizar su jornada de trabajo, ‘Santo Dios’, compuso Infante la letra de un himno que, a día de hoy y junto al escudo y la bandera, sigue vigente en el artículo 6.2 del Estatuto de autonomía de Andalucía.

Pocos pasos más daría Blas Infante a favor del andalucismo. Sí fue importante la Asamblea del  5 de Julio de 1936 en Sevilla, donde es elegido Presidente de Honor de la futura Junta Regional de Andalucía, que esperaba someterla a un referéndum en septiembre. Todo iba así en bien encaminado, incluso dos días después se estrenó el Himno.

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