El periodista Fermín Cabanillas, hiperinmune al COVID tras pasar la enfermedad, ha salvado vidas gracias a su plasma sanguíneo. También ha publicado un libro contando su historia desde el inicio de la pandemia.

La pandemia de la COVID-19 está dejando pocas cosas buenas en la sociedad. Entre la preocupante crisis económica y la presión hospitalaria que está provocando tantas muertes, hay un haz de luz que demuestra que la esperanza de reducir la ingente cantidad de fallecimientos que provoca el virus, puede reducirse.

Fermín Cabanillas (Zalamea la Real, Huelva), periodista de profesión, se hizo hiperinmune a la COVID-19 tras pasar la enfermedad el pasado verano. Con su plasma sanguíneo salva vidas en pacientes graves, algo que ya hacen cerca de 5000 andaluces hiperinmunes.

P: ¿Cómo es la vida de un hiperinmune a un virus que afecta a prácticamente toda la población?

R: En buena parte, es una vida de impotencia. Las personas que donamos hiperplasma tenemos limitada nuestra capacidad de donación. No podemos estar exponiéndonos a una donación cada semana durante tres meses. Todo tiene un límite. Pero viendo lo que hay por la calle y en los hospitales me dan ganas de donar todos los días. El hiperplasma es muy necesario y cada vez hay más estudios que lo certifican. Los que vivimos esta historia, que somos ya casi 5000 en Andalucía, lo hacemos con una mezcla entre orgullo e impotencia en ocasiones.

P: ¿Cómo te llega la noticia de que eres hiperinmune a la COVID-19 y cómo lo llevaste tú personalmente?

R: A mí me llega la noticia tras recibir una serología al recibir el alta tras pasar la COVID-19. Yo tenía en la cabeza de que algo pasaba porque yo era un recurrente positivo, y como seguía dando positivo. Entonces mi médico autorizó que me hicieran un test serológico que certificara que tenía anticuerpos. Cuando el médico certificó que tenía anticuerpos, le pusieron «nombre, apellidos, y peso». Eso lo hicieron en el Centro de Transfusión Sanguínea en Manuel Siurot, aquí en Sevilla.

«Viendo lo que hay por la calle y en los hospitales me dan ganas de donar todos los días»

Fermín Cabanillas, periodista hiperinmune al COVID

P: Y, ¿cómo reacciona tu familia? ¿Qué es lo primero que te dicen al conocer la noticia?

R: Las reacciones de la gente son tan variadas como la propia gente en sí. Hay mucha gente a la que hay que explicárselo, porque es verdad que hay muy poca información sobre la hiperinmunidad. Hay gente que teme. Mi madre por ejemplo temía «que me fueran a secuestrar» para sacarme el plasma. Pero en la gente de mi alrededor predomina la curiosidad sobre algo que es normal en el sentido de que, una buena parte de las personas que pasan el virus, entre un 5 y un 10%, generan inmunidad, y una parte de ese porcentaje, hiperinmunidad y tiene la capacidad de donar plasma. Despierta sobre todo curiosidad en la gente.

P: ¿Puede un hiperinmune contagiarse hoy en día de coronavirus?

R: No. Mientras tengamos el plasma hiperinmune y tengamos anticuerpos en la sangre tenemos el equivalente a estar vacunados. Lo que pasa es que los anticuerpos en la sangre tienen fecha de caducidad. ¿Cuándo? no se sabe. Yo una vez que empiezo con esta batalla me hago un control mensual para medir los anticuerpos. En el último que me realicé todavía se mostraba un número alto de anticuerpos. A día de hoy sé que sigo siendo hiperinmune, pero no se si mañana, dentro de una semana, dentro de un mes, o dentro de 15 años, esa hiperinmunidad puede acabar.

P: Entonces, ¿un hiperinmune debe utilizar mascarilla y seguir las medidas de seguridad?

R: Teóricamente estamos inmunizados para cualquier tipo de contagio, pero si, por ejemplo, toco la barra del autobús donde alguien ha dejado el virus, y luego le doy la mano a alguien, se lo estoy pasando a esa persona. Entonces procuro cumplir absolutamente todas las medidas de seguridad. Hay gente inmunizada, por lo que, si salen a la calle, se seguirán poniendo la mascarilla, ya no solo como precaución, sino también como costumbre. Para que esté tranquila la gente con la que se cruza. Soy muy olvidadizo y siempre llevo una mascarilla en el bolsillo y otra en la mochila. Se me ha dado el caso de ir por la calle sin la mascarilla, y me he dado cuenta porque la gente te mira como queriendo asesinarte.

P: ¿Es necesario que un hiperinmune reciba la vacuna?

R: Sí, lo que pasa es que el medidor de cuándo me tocaría ponerme la vacuna me ha dado cita para junio de 2023. La única prisa es que tengo una enfermedad respiratoria, y eso quizá me coloque un poquito por delante de una persona de mi edad que no la tenga. Pero afortunadamente no estoy en ningún grupo de riesgo. Aunque sí es verdad que, a lo mejor, en un control de sangre que me hagan dentro de, por ejemplo, siete meses, me marque que ya no tengo hiperinmunidad. Entonces en ese momento pasaría a ser un ciudadano «normal» en el sentido de estar menos protegido contra la COVID-19. En mi caso, pensándolo egoístamente, quizá cuando llegue ese momento ya tengamos la inmunidad de rebaño y estemos olvidando este maldito bicho.

P: ¿Pesa la responsabilidad de que, con tu sangre, se pueden salvar vidas?

R: Sí. El hiperplasma da un 60% de eficacia y hay un 40% de gente a la que no le hace efecto. La medicina no es matemática. Se puede dar el caso de que con la donación de plasma haya curado a seis personas o a ninguna. Una vez que pasa el hiperplasma a una persona, tiene que dar a su cuerpo la posibilidad de admitir ese plasma y generar el anticuerpo.

Es un proceso lento de entre cuatro y seis días. Si funciona es maravilloso y que si no funciona es plasma que «se ha desperdiciado», lo que sí es verdad es que una parte del plasma va a investigación, a vacunas, a medicamentos, a laboratorios… Entonces acaba siendo útil siempre, y sabes que ese trocito que te quitan, dentro de 15 años servirá para que alguien tenga un medicamento contra este bicho.

P: ¿Has hecho un cálculo aproximado de a cuánta gente has podido ayudar con tu hiperplasma?

R: La verdad es que no he hecho el cálculo. He hecho varias donaciones, cada una con dos bolsas de plasma. Matemáticamente he hecho seis bolsas de hiperplasma, hasta que el médico dejó de recomendarme donar por temas de presión arterial. La campaña de concienciación que hemos hecho es muy fuerte. En Andalucía antes había unos 300 donantes en el mes de septiembre, y ahora estamos rozando los 5000. Cuantos más donantes, a más gente se puede ayudar. Ahora mismo en Sevilla hay lista de espera para donar plasma, lo que es una magnífica noticia.

P: Sobre tu libro, ‘Diario de un hiperinmune’, donde explicas tu historia como periodista hiperinmune al COVID y tu donaciones de plasma, ¿qué te lleva a escribirlo?

R: Pues la misma inquietud del periodista que me lleva a contar la historia del hiperplasma cuando llega septiembre. Esa misma inquietud me lleva a plasmar en un diario todo lo que yo he vivido durante el confinamiento. La gente que he conocido, los enormes científicos que se han cruzado en mi camino, porque cuando yo empiezo a donar plasma éramos pocos los que donábamos en Andalucía.

En mi caso, el doctor que se encarga es Salvador Oyonarte, que es el coordinador nacional del programa de hiperplasma para la Comisión Europea. Y conocer a alguien de esa importancia científica y no entrevistarle es un crimen. Entonces, de esa larga entrevista que le hice en su día, surgió uno de los capítulos del libro. Cuando tenía esa entrevista ya publicada en la Agencia EFE, pensé que sí, podía sacar adelante más capítulos podía escribir un libro. Eso se convirtió en un reto, y en 20 días el libro entró en imprentas.

P: Como periodista hiperinmune al COVID, ¿cómo valoras la cobertura de los medios de comunicación, tras casi un año con el virus entre nosotros?

R: Hemos chocado con un problema fundamental, el bajo nivel que tiene la política en España. Con todo hacen política porque al fin y al cabo España vive en una continua campaña electoral. Cuando yo tenía 18 años, solo había mítines los 15 días de campaña electoral. Ahora cualquier fin de semana hay un mitin de cualquier partido político. Entonces creo que los periodistas y los ciudadanos también hemos chocado muchas veces con eso, que hemos visto demasiada batalla política en la televisión.

También hemos encontrado picos de información que nos comían la moral. La gente no tiene en la mente el señor que sale de la UCI después de tres meses. Tiene en mente el palacio de hielo de Madrid lleno de ataúdes, entonces es muy complicado. Los periodistas chocamos con un problema. Que todo el mundo es periodista con un Twitter en la mano, y pelear contra esto en una época en la que es muy importante informarse por medios serios es una verdadera batalla.

P: ¿Crees que la política española ha hecho a este virus más letal?

R: No, porque por mucho que nuestros políticos nos quieran engañar en apariencia, los que mandan en esto son los médicos. Y nuestros médicos están en un altísimo nivel. No es que esté habiendo más casos de cáncer porque haya menos médicos, sino porque la sanidad en España está herida de muerte. Pero hay unos profesionales con batas blancas que salvan lo que pueden. Hay una máxima en la ciencia y en la medicina sobre todo, que es el no improvisar. Igual que soy partidario de que en un pueblo de mil habitantes haya un médico. Aunque no lo vea nadie durante un mes, también tiene que haber un hospital preparado para una pandemia. No puede ser que en España hayamos construido dos hospitales, además de IFEMA en Madrid, las carpas… Eso no puede ocurrir. Tenemos que estar preparados.

Los políticos no es que lo hayan hecho mal ahora con respecto a la pandemia. Es que no tenemos una Sanidad Pública, o una sanidad en general asentada para recibir una crisis «muy gorda». Lo que sí es verdad es que, quitando la política, nuestros profesionales médicos están haciendo lo que pueden. La vacuna española, que si no sale antes de editar esta entrevista va a salir poco después, será la más segura de todas, y no por casualidad.

«La gente no tiene en la mente el señor que sale de la UCI después de tres meses, tiene en mente el palacio de hielo de Madrid lleno de ataúdes»

Fermín Cabanillas, periodista hiperinmune al COVID

P: ¿Qué es lo que más echas de menos de la «antigua normalidad»?

R: Lo que más hecho de menos es tocar a la gente. Hemos tenido reuniones sociales, pero juntándonos cinco o seis al aire libre. Echo mucho de menos también desayunar en un bar sin mirar el cronómetro. Los hosteleros lo están pasando mal, y cuando un hostelero te pone el café y te dice «tiene usted 15 minutos para tomárselo». Ese hombre sufre lo más grande, y a mi me duele mucho eso. Y sobre todo echo de menos salir a la calle sin comprobar que llevo mascarilla.

P: ¿Qué le dirías a una persona que es hiperinmune que aún no ha donado plasma?

R: Básicamente igual que a mí, que yo tengo fobia a las agujas. Lo único que le puedo decir a alguien que tenga esa fobia, es que se siente con su médico, y éste le presente alternativas. En mi caso la alternativa era muy sencilla. Es donar la misma hora, los mismos días a la semana, la misma enfermera y los mismos protocolos.

A mí no me cambian a mi enfermera de referencia, mi coordinadora, Maite, siempre es la misma. Y si tenía algún problema durante la donación, estaba en mi zona de confort. Estaba en mi hora concreta, la misma luz del sol que entraba por la ventana, etc… Parece que son tonterías pero que te relajan en el sentido de que no te cambian tu estatus. Yo he donado siempre a las 11:00 horas de la mañana con Manoli, la enfermera, atendiéndome y con Maite coordinando. El médico me propuso eso como opción para superar el miedo a las agujas.

Miguel Salvatierra

Miguel Salvatierra

Periodismo. Apasionado por la comunicación. Aprendiendo todos los días.

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