Portada » Opinión » Vientos de estraperlo » Tu nombre quedó en el viento
fotograma-la-chica-de-la-motocicleta
Vientos de estraperlo

Tu nombre quedó en el viento

Puede ser -esta parte, desde luego, no lo sabe- que Dios, cuando se decidió a crear a los poetas, puso a los hombres en fila. Unos a otros se pedían permiso para llegar antes a la vida.

-Oiga, ¿puedo nacer delante de vos?

-Claro. ¿Qué va a escribir?

-Pues mire, empezaré con algo sencillo; me colgaré un cartel de ‘libre’ en la solapa y volveré a ser un guapo entre las guapas chulapas de Madrid.

-No es mala cosa. Yo por mi ventana veo un ciprés que toda belleza me da.

Y con esa conversación, Sabina le pidió permiso a Gonzalo Gragera para eso de llegar a la vida, y a las letras. Gragera, de la ciudad, de esa sin nombre; del exilio interior de la belleza, ha sido reconocido recientemente con el premio de poesía joven de Radio Nacional de España. Leyéndole uno cree que la infancia es eso que Gonzalo ha creado sin pedirle permiso a Dios. Un tiempo de Dioses -qué son los niños si no- que se va y no viene.

Esa Suma que nos resta, ese poemario de tapa roja, es un viaje a esas ramas de la madre cuyo perfume evoca ayeres. Un viento de levante, de estraperlo, en ese mar que es un adiós y una mano distante, y la muerte ya desnuda que es más un juego descubierto entre confidencias.

Los dioses, que vienen del silencio, los niños de París. El mundo, de los quince a los veinte años, va en los labios. Con su libro premiado, y sus atardeceres dibujados, la vida es aquello que yo descubrí en el Porvenir una mañana de Sábado; una llama cuya luz paga su rutina. Verlain, la Antilla, el Puerto de Santa María, y un desmayo por Burlerías que con mi amigo dejé soñar unas tardes de Agosto en esa plaza donde los toros son un día y la misma vida.

La vida, y el viento, pensé que eran esa puerta que se cerraba al final de Centauros del desierto. La vida, al derecho y al revés; al contrario y en el buen sentido, queda resuelta en ese misterio de la pureza de lo virgen que redescubre el poeta. Las copa de vino, la ciudad, una mirada de mujer, y el horizonte que da tanto vértigo como aquellos amaneceres de sonrisas que se dibujan en la piel vecina en el despertar.

Y… ¿qué es la vida? El nombre de la vida quedó encalado en paredes blancas y escrito en el viento.

Sobre el autor

Jaime Fernández-Mijares

Jaime Fernández-Mijares

Nacido en 1989 en Sevilla. Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y Máster en Tributación y Asesoría Fiscal por la Universidad Loyola Andalucía. Forma parte de 'Andaluces, Regeneraos', proyecto centrado en la redacción de artículos para la regeneración política, económica y cultural de Andalucía. Le interesa la historia y las relaciones internacionales.

Escribir un comentario

Escribir un comentario

El tiempo en Sevilla

Suscríbete a Sevilla Actualidad

* indicates required