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Ciociara, cuadro de Eduardo Rosales que está en el Museo del Prado
Vientos de estraperlo

Caos y libertad

Pongo donde se ve la palabra Libertad porque realmente querría y quería haber puesto Creación. Quizás también cabía poner Opinión, o Respuesta, o qué se yo, cabe poner tantas cosas en un papel en blanco que el pasatiempo absurdo que se desarrolla mientras lo piensa esta parte y lo lee la de en frente se llama Vida. Hablaba esta semana con una buena amiga de Madrid que es artista, no ya sólo en su tiempo libre, si no todo el tiempo, y es que cree quien suscribe que se es artista en los gestos, en las formas de moverse, en el tener cerca constantemente objetos que hagan de la existencia algo feliz, mas de lo que ya es, a pesar de que hay existencias o vidas que son patrias burguesas, como bien apuntaría otra gran amistad.

De mi buena amiga me guardaré el nombre, o mejor; la llamaremos Berta, Berta es mi nombre favorito de mujer. Se juró uno en ciertas ocasiones, no pocas, que una sus hijas se llamará Berta por lo que entraña el nombre, pues en todas las narraciones/novelas en las que encontré una Berta siempre era fuerte, paciente, alguien que va peleándose con la vida recibiendo y golpeando con dignidad sin perder la belleza. Decía todas las narraciones/novelas cuando realmente quise decir algunas novelas de Javier Marías, la Berta de Corazón tan blanco se da la mano con Berta Isla, ambas siempre esperando. Ahora que lo vengo a pensar, he perdido ya la cuenta de las mujeres a las que dije que tendríamos tres hijos, de los cuales habría una Berta. Es hora de ir admitiendo este descoque, impavidez o atrevimiento, tanto de hacer como de contar, pero por si hubiere sorpresas, queda ahí, firmado con esta letra para que luego sorprenda o no. Porque aunque me vista la inocencia, voy vestido por dentro de una sinceridad que lleva la cara vuelta.

Berta se mostraba el martes oportunamente enojada, que estar molesta es diferente que estar enojada, y de todo era causa lo que veía en Instagram, todo por mor de los llamados influencer , si bien de un tiempo a esta atractiva época y parte que vivimos dan en llamarse creadores de contenido ,pues han evolucionado a fuerza de verse desnudos, descubiertos, desabrigados ante la evidencia de que no tienen otra preocupación en su vida que no sea la combinación y la espera. La espera del repartidor que viene a hacer realidad los deseos de sus seguidores -rara vez los de ellos mismos- y la combinación de las prendas, gadgets o lo que sea que promocionen, aunque generalmente suele ser ropa lo que todos estamos esperando ver. Lo que escamaba a Berta no era un baile, si no el hipnotismo del que presumían no ya sólo algunos si no los propios medios, los que iban persiguiendo que la audiencia se quedara hipnotizada ante el propio baile.

Berta mostrábase indignada ante la repercusión del baile en cuestión, «la gente ve una cara bonita, y la cara bonita les da lo que creen que  quieren», decía yo, «conozco muchas caras bonitas que no hacen lo que la gente quiere, es una pena que una chica así sea un icono para la gente joven, sinceramente», remataba Berta, ante lo cual no supe bien qué responder. Seguimos discutiendo sobre quién merecía ser digna de admiración en ese campo de los contenidos, o no necesariamente en ese campo y cuando le dije quién me parecía digna de admirar no pudo hacer otra cosa que mofarse de mi, de forma merecida quizás aunque con matices, apostillaba que había disparado a todos los blancos, probado todas las facetas y acababa de llegar al puerto de la faceta en la que le tocaba ser íntegra en todo o tratar de ser; y coincidíamos ambos en que todos al final van viendo qué vende mas y acaban apuntándose a ello. Creo, o creía, firmemente que es o resulta admirable caer en la cuenta de la equivocación si ello nos acaba llevando a buen puerto, aún con la consecuencia de dejarnos por el camino los principios, si bien jamás perdonaré a cierta creadora de contenido que use las novelas de Jane Austen y las hermanas Bronthë como pisapapeles y/o soportes para lámparas u ordenador. Y al final, ¿qué es influir? Si hoy día tenemos a iguales haciendo que otros se vistan como ellos eso no es influir, es hacer que el resto acabe siendo una copia mala de ti. ¿Qué es el contenido de calidad? Berta, al final, acabó formulándose la pregunta y reflexión que ambos evitábamos, «si tú y yo nos ponemos a revisar a quién seguimos… quizás te des cuenta de que muy coherentes no somos». Y es cierto, es difícil ser coherente con lo que se piensa o se muestre, la coherencia es algo que siempre está en cuarentena, nunca jamás será firme. Y cree esta parte que felices y coherentes sólo son los idiotas, y no conozco aún a alguien lo suficientemente idiota como para ser plenamente feliz y coherente. 

La coherencia y la felicidad no son metas a las que se llegue rápidamente. Es difícil dar una respuesta honda, vasta, bien argumentada a cualquier diatriba que hoy se nos formula. La gente, en general, se ha mal acostumbrado a recibir respuestas rápidas a problemas complejos al fin de etiquetar a alguien y es ahí cuando y donde las opiniones acaban siendo sencillamente frivolidades y no enunciados o hechos a tener en cuenta a la hora de actuar. ¿Haríamos como Ricardo III llegada nuestra última noche? Naturalmente… no podemos saberlo, no sabremos cuándo llegará o cómo será esa última noche, tampoco somos Ricardo III, tampoco quien suscribe es Norman Foster o David Niven y por ello no sabría si sería como ellos, no estoy preparado para saberlo. No estamos preparados para ser o tratar de ser tan «buenos» como quienes nos influyen si nunca jamás, rara vez, llegaremos a ser plenamente coherentes o felices. 

En estos días grises, con estas lluvias de temperatura suave de veranos de la infancia -que evocaría el poeta- me vino a la cabeza precisamente ese pasaje de Corazón tan blanco en el que el padre del Narrador, quien trabaja en el Museo del Prado, tiene la ligera y cierta sospecha de que un vigilante quiere atentar contra un cuadro. No desvelaré lo que hizo Ranz padre, pero no fue una acción a la ligera, y a modo de resumen, el vigilante acabó sintiendo el cuadro como algo tan suyo que sólo él se permitía ir contra el mismo, precisamente porque él era ese cuadro. Al ver o tomar algo, de nuestros días que vivimos, como inspirador o modelo a seguir corremos peligro de ser cómo y no de ser, simplemente ser, y es ahí dónde está la verdadera influencia y el acierto revolucionario: ser para los demás, nunca cómo los demás.

Sobre el autor

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Jaime Fernández-Mijares

Nacido en 1989 en Sevilla. Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y Máster en Tributación y Asesoría Fiscal por la Universidad Loyola Andalucía. Forma parte de 'Andaluces, Regeneraos', proyecto centrado en la redacción de artículos para la regeneración política, económica y cultural de Andalucía. Le interesa la historia y las relaciones internacionales.

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