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Semper y Goenaga / Javier Biosca
Vientos de estraperlo

Pasa sin llamar

La política es el pasatiempo absurdo más aburrido que existe, rectifico, la política es el único pasatiempo absurdo que existe. Hay gente que se centra en convencer de lo contrario, gente, personas, que en apariencia no tienen vinculación o atadura alguna con la política orgánica, que no institucional, que esta última bien se sabe que es insoportable. La ciencia política sigue siendo inútil, tanto como cuando Sartori llegó a esa conclusión -aunque luego, con los años, diera en concluir que había renacido- porque era y es una ciencia que se pierde y excede en su parte pura: la teoría. Pero no sabría quien suscribe si se puede calificar de teoría o ciencia un instrumento cuya única razón de ser es vender humo a granel esperando recompensa de quienes están arriba, estando casualmente arrimados los cónsules politólogos siempre a los próceres de determinado lado.

Digo esto y los pocos que me lean y me leen concluirán que tal opinión es infantil porque parece una indigna, extraña e impropia pataleta, pero sólo yo se -como escribiría el poeta revolucionario favorito de uno- que en mi sangre de hombre juega un niño como un fantasma. Bueno, ahora ya dejó de ser un secreto. Personalmente, no debe coger por sorpresa a nadie el abandono de la vida política que escenifica Borja Semper. No debe sorprender por ser el único roble sofisticado entre vinos viejos pelones que es el primer partido de la oposición en España. El partido popular no es más que la nada ideológica con ínfulas de liberalismo sencillamente ramplón que no quiere ser  otra cosa que no sea el complejo con vida, es decir, humanismo cristiano de tradición occidental (sic).

Ahorro de lo ulterior entrecomillar lo que a todas luces resulta patético. Esa idea del «humanismo cristiano de tradición occidental´´ fue una bendita ocurrencia de 8 compromisarios en uno de los últimos congresos/convenciones en las que lo más divertido que ocurre es que todos saben que todos tienen secretos. Lo evidente es que el Partido Popular, institución que debiera ser faro y columna liberal para los ciudadanos de a pie, no es Liberal por puro complejo propio y de quienes en él mandan, quienes no son capaces de comprender qué significa ser liberal y qué inventarse cualquier chapa que tape las culpas y complejos propias. Probablemente Semper se cansó de no tener el respaldo de una institución cuya menor intención fue la de ser un partido Liberal plenamente maduro que necesita un país como las Españas.

Pensar o si quiera tener la intención mínima de saber, querer saber y convencerse de que la lay  ley moral natural proclama, al mismo tiempo, la existencia de unos derechos naturales y sus deberes correspondientes debería ser algo sencillo para un partido que debe, en pleno siglo XXI, deshacerse de la distinción arcaica ,que no nos pertenece a nosotros en el siglo XXI, entre Izquierda y Derecha. Cuando militaba en política, es decir, cuando era joven, inmaduro, aunque con la misma cara de recién despierto y tan nonchalant como ahora mostraba el entusiasmo por la proclama que hacían los padres fundadores de Estados Unidos en la Declaración de Independencia sobre sosteniendo como evidentes ciertas verdades y determinados God given Rights: el derecho a la propia conservación, la libertad, y a la propiedad privada.

Siempre que intentaba defender que el ideario de aquellas juventudes -que por cierto sólo servían para poner vasos de agua a los próceres en los mítines- debía estar definido por una defensa cerrada de la igualdad de condiciones como base de la estructura de deseos del humano democrático la respuesta era la misma: risas y un «pero si eso no le interesa a nadie, hay que pensar cosas más útiles´´. Semper ha huido consciente y acertadamente de la nada ideológica, si bien tampoco se yo a ciencia cierta si Semper tiene su guía definida por un Liberalismo maduro, aunque desde luego está convencido quien suscribe que pega mil vueltas a la madurez ideológica del partido que abandona. Cree uno firmemente, desde su pensamiento liberal mas o menos y mejor y con sus cuitas formado, que el Partido Popular es sólo un poco más sano que el universo de Malas calles, de Scorsese, un universo con apariencia de sofisticación y sano pensamiento proporcionado de cuando en cuando por nuevos personajes en el que cohabitan profesionales liberales tapados, gente normal que tira hacia adelante apretando los dientes y personajes que se bajan de coches oficiales a la cola del que manda sabiéndose bufones listos por los secretos que guardan.

Borja Semper se ha cansado de eso y más. Por supuesto no es perfecto, nadie lo es, de lo criticable que se le pueda criticar es su postura sobre una institución de sentido existencial más que discutible que data del último cuarto del siglo XIX o el poco efecto de sus campañas. Guardo con cariño aquél poemario que escribió en el que teoriza sobre el amor de mil maneras distintas. «Vamos, pasa sin llamar´´, venía a decir en uno de los poemas de su libro, como evocando a la musa que está por venir. «De Madrid al cielo, y de su cama a pedir más´´, concluía en otro sobre el amor inesperado que sorprende cuando menos se espera, y quizás fue ese verso el que más me cautivó, pues en 11 palabras plasmaba todo por lo que merece la pena este siglo XXI que nos aflige, alumbra y da vida: la frivolidad y la belleza de la que no se quiere huir.

Lo que tienen en común todos los partidos políticos es el saber dejar abandonados y a su suerte a todos aquellos que quieren un bien en pro de la madurez de la organización de la que forman parte, dejarlos aislados y que los de en frente, sus contrarios, tan conservadores como ellos, los lloren con un lamento peor y más falso que el de los acompañantes de Savonarola que gira entorno a un lamento que treinta veces tres negarán: «ojalá pudiera odiarte, y qué pena que te vayas, pero vendo mi alma antes que votarte´´. Ese lamento sirve al soldado que se va de la misma forma que le sirve a Anguita que le recuerden su coherencia: de nada. Si Semper se va cansado de los que quedan dentro mandando sin intención alguna de ser liberales, se va también cansado de que en este país haya gente que vive cómoda, agusto y convencida de que sólo ellos y los que piensan como ellos son los buenos, los válidos y los que perdonan vidas. El partido de Semper lleva años plegado y pidiendo perdón por existir por puro complejo, no quiere ser Liberal. Mientras tanto, Borja Semper se marcha a vivir, y de forma merecida, pues la vida le pide que pase sin llamar, y es que aquí sólo estamos para veranear, frivolizar y morir en la belleza.

Sobre el autor

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Jaime Fernández-Mijares

Nacido en 1989 en Sevilla. Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y Máster en Tributación y Asesoría Fiscal por la Universidad Loyola Andalucía. Forma parte de 'Andaluces, Regeneraos', proyecto centrado en la redacción de artículos para la regeneración política, económica y cultural de Andalucía. Le interesa la historia y las relaciones internacionales.

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