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Los medios españoles condenan a Isabel Pantoja

Maltratada por los medios, la llegada de Isabel Pantoja a los Juzgados ha sido el espectáculo más lamentable de cuantos han tenido lugar en el panorama judicial español de los últimos años. ¿Hubiera pasado lo mismo si los protagonistas fueran reconocidos políticos del PP o del PSOE implicados en escandalosos casos de corrupción?. Para juzgar están los jueces, y aún no se han pronunciado.

Juan C. Romero. Todos la hemos visto abriéndose paso muy lentamente, escoltada por efectivos de la Policía Nacional, enmedio de una cantidad ingente de personas que le acosaban. ¿Tendría algunas declaraciones que hacer?. Una corte de cámaras, micrófonos, grabadoras… y de curiosos que a modo de público se concentraban dispuestos a disfrutar del espectáculo de la miseria. Parece que nadie previó el indeseable baño de multitudes que ‘la reo’ debería sorportar, de ahí que todos se avalanzaran sobre ella, como fieras, a pillar su bocado. Carne fresca para lanzar a las barbacoas de la parrilla televisiva y del papel couché.

Con gafas de sol para ocultar sus ojos, rostro pálido, desangelado, hoy llenará páginas allá donde es reconocida la tonadillera, y será portada en numerosas publicaciones tanto de la prensa seria como de la prensa más sensacionalista que de nuevo harán su agosto a costa de la artista sevillana. Isabel Pantoja llegaba a Marbella para rendir cuentas ante la Justicia. Se le acusa de un presunto delito continuado de blanqueo de capitales a través del ayuntamiento marbellí, durante la relación que  mantuvo con el ex alcalde Julián Muñoz.

Ante el filón de ingresos que el caso Malaya sigue prometiendo, las principales cadenas de televisión pasaron el día de ayer repitiendo una y otra vez las mismas imágenes: las de una persona humillada y maltrada, camino de su encuentro con el juez. Diez interminables minutos de dedos inquisidores, empujones y abucheos antes de presentarse, con su vestido desgarrado, en el despacho donde se le informaba de la apertura de un juicio oral.

Ya en los programas de televisión, toda suerte de sabelotodos, licenciados en el tema y colaboradores de media tinta se permiten especular día, noche y madrugada, serenos: se saben impunes. Sin temer que en algún momento les puedan parar los pies. Y es que del árbol caído todos hacen leña. No fueron necesarios jueces ni juicios. De cara a la opinión pública todo esta dicho desde hace años; Pantoja es culpable.

«Me han acusado durante durante cuatro años, no he tenido la presunción de inocencia cuando en este país la tiene todo el mundo exceptuando a mí» criticaba esta semana la tonadillera desde los micrófonos de La Ventana de la Cadena Ser. «Para juzgar están los jueces» sentenció.

Las imágenes de la artista caminando entre los empujones de los medios de comunicación dieron ayer la vuelta por el mundo hispanoparlante. Yo las vi desde Montevideo. Todos fuimos testigos del duro castigo que ha recibido. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de una popular tonadillera se tratase del presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, o del ex presidente de la Junta de Andalucía -ahora vicepresidente territorial del Gobierno de Zapatero- Manuel Chaves?.

A estas horas el debate sería diferente. Nunca vimos nada parecido. Y de haberse dado el caso, la maquinaria política habría girado la rueda para inmediatamente censurar y criticar la necesidad de dar semejante trato a una persona que presuntamente ha delinquido.

¿Puede usted imaginarse a dos reconocidos personajes de la política española, Camps (PP) y Chaves (PSOE-A), ambos implicados en sendas tramas de corrupción, en una escena similar a la que ha vivido Pantoja, o cree que se habrían cuidado las formas y diseñado un dispositivo para no dañar su imagen?.

Ambos son personajes públicos presuntos en estos momentos: uno por la supuesta financiación ilegal de su partido que se investiga en el caso Gurtel, y otro por no inhibirse a la hora de dar una cuantiosa subvención a la empresa en la que trabaja su hija, que se  investiga en el caso Matsa. Ninguno de los dos ha dimitido, siguen fieles a su presunción de inocencia. ¿Por qué no han sido castigados por los medios? ¿Por qué no ha llegado el circo a pregonar a sus puertas?.

Si así se trata, sin el menor pudor, a »algunos» presuntos en España… ¿Habrá piedras lo suficientemente grandes para lanzar en el caso de que salieran, por decisión judicial, verdaderamente culpables?.

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Juan Carlos Romero

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