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Anticonceptivos

Los anticonceptivos entrañan riesgos, esto es innegable. Cuando en consulta les refería, a las que pretendían tomarlos, la serie de peligros que entrañaban su consumo, y lo hacía con el libro en la mano y no como una «ocurrencia gratuita». Y había que hacerlo porque, ante todo, hay que ser honesto y advertir a las personas de los riesgos frente a las ventajas que pretenden conseguir. Y… entonces, me desapareció la documentación que les mostraba, y no volví a ver por la consulta las pacientes que requerían el control postparto.

Ya hace años, por los dos mil, hice ver a la responsable de Distrito, del enorme gasto que suponían las revisiones y los controles de este grupo de personas, a lo cual asintió. Entonces le propuse un método totalmente inofensivo y de eficacia semejante. Envié al Distrito todo lo referente al método en cuestión, traducido al castellano. No debieron fiarse de mí – supongo- y me pidieron el original que estaba en inglés. Una vez enviado a la Junta, o donde cayera, la callada por respuesta.

Todo esto se lo propuse a mujeres jóvenes que tenían problemas de intolerancia a los anovulatorios y querían ir a la TV para hablar de ello. Cuando se lo dije a la directora… ¡No por favor, a la TV no!… con la siguiente directora me ocurrió lo mismo.

Todo esto me viene a la memoria al leer un artículo en una revista en la que se detalla la cantidad de medios anticonceptivos naturales, sin riesgo, y que las mujeres desconocen porque no interesa su divulgación. No entro ni salgo en los entresijos hasta punibles que entran en juego.

Por referir algunos: el método Billings, que estudia el moco del cuello uterino, la toma de la temperatura basal -que aumenta durante la ovulación… Otros que con los cambios hormonales produce un viraje de color en los días fértiles, y algún otro más que no recuerdo.

No me cabe otro interés que informar, y dentro de la moral de la Iglesia, poder llevar una vida sexual conyugal que no está en contradicción con los preceptos morales y cuya trasgresión tantas intranquilidades de conciencia produce; e incluso orientar a aquellas que no piensen de este modo, pero tienen una serie de trastornos de tipo síquico, o circulatorio, amén de los serios problemas que pueden llegar a padecer. Si no, ¿a qué vienen tantos análisis y pruebas de todo tipo? ¿O ahora ya no se practican pruebas y análisis? Entonces no digo nada. En mi época se hacían.

Pensando en esta disparidad de criterios, no se piensa en otra cosa: llegar a la confrontación con la Iglesia. Como siempre. ¡Ah! Y confundir a la «ciudadanía”.

Alfredo Hernández Sacristán

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