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El Hospital de la Caridad de Sevilla en la Guerra de la Independencia

Poco antes de comenzar la guerra de la independencia, era elegido Hermano Mayor de la Caridad el Mariscal de Campo Eusebio de Herrera y Rojas. Fue Hermano Mayor entre los años 1807 y 1812 como antes lo había sido un tío suyo, Antonio de Herrera y Morón que dejó un gran recuerdo en la Hermandad. Nacidos los dos en lo que entonces era la Capitanía General de Chile del Virreinato del Perú, fueron “criollos” que como Olavide, vivieron parte de sus vidas en aquella Sevilla ilustrada y afrancesada de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Sus lápidas pueden verse en el atrio de la Iglesia de San Jorge aneja al Hospital de la Caridad donde ambos figuran en la relación de Hermanos Mayores. Antonio era hermano del también Mariscal de Campo Jerónimo José, Regidor perpetuo de Santiago de Chile y casado con María de las Mercedes de Rojas y de la Cerda. Eusebio era uno de los hijos de Jerónimo y Mercedes.

El Hospital de la Caridad, extramuros de la ciudad en aquel entonces, comenzó sirviendo para atender enfermos desamparados y se ocupaba también del enterramiento de cadáveres desconocidos arrastrados por el río en sus frecuentes crecidas.

La Hermandad fue fundada por Miguel de Mañara, aristócrata sevillano de vida  disoluta. En un momento de su vida cambió de actitud y dedicó su tiempo y su fortuna al cuidado de los más necesitados. Se cree que inspiró la obra teatral de Tirso de Molina el burlador de Sevilla, que recoge el mito de D. Juan Tenorio. También se refiere a él el poeta Antonio Machado en sus conocidos versos que comienzan evocando a Sevilla: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla…”afirmando después que: “ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido/ ya conocéis mi torpe aliño indumentario…” 

En el Hospital de la Caridad y su aneja Iglesia de San Jorge hay magníficas obras de arte de Valdés Leal, de Roldán o de Murillo que fue amigo de Mañara. Algunas por desgracia no son originales, pues por ejemplo, el conjunto iconográfico pintado por Murillo para representar las seis obras de misericordia, fue expoliado por el Mariscal Soult, del ejército imperial de Napoleón, durante la Guerra de la Independencia. 

Se salvaron dos cuadros posiblemente por la resistencia del Hermano Mayor y el Cabildo de la Hermandad a entregarlos: “Moisés haciendo brotar el agua en la peña del desierto” y “El milagro de la multiplicación de los panes y los peces”.

Sin embargo los otros cuatro, terminaron en París y fueron más tarde vendidos por los herederos de Soult. Hoy día se encuentran: en el Ermitage de San Petersburgo el “San Pedro libertado por un Ángel”, en la Nacional Gallery de Londres “La curación de un paralítico”, en la Galería Nacional de Washington “La vuelta del hijo pródigo” y en la Galería Nacional de Ottawa “Abraham y los tres Ángeles”

Antonio Joseph de Herrera y Morón, conocido en la Sevilla de la época como “el criado de los pobres”, era un hidalgo hijo de Joseph Cipriano de Herrera y Loyzaga, Presidente de la Audiencia y Chancillería Real de la Plata o de Charcas, el más alto tribunal del Virreinato del Perú; y de Ana Inés de Morón y Torres. 

Fue durante 34 años Hermano Mayor de la Caridad, Hermandad a la que hizo grandes donaciones y murió asesinado en una noche de mayo de 1800, en su casa de la calle Ancha de San Martín, a manos de unos ladrones que allanaron su morada.

También fue miembro de la Real Sociedad Patriótica de Sevilla, germen de la Sociedad Económica de Amigos del País, junto a Olavide y Jovellanos, exponentes de la Ilustración española.

El apellido Herrera estaba emparentado con otros ilustres linajes sevillanos, a través de María de la Concepción de Velasco y Tovar, prima de Antonio Joseph casada con Diego Tous de Monsalve y Clarebout y padres de Manuela Luisa Tous de Monsalve, Marquesa de Caltojar, casada  con Juan María de Castilla, Marqués de la Granja. 

Eusebio de Herrera y Rojas, contrajo matrimonio en 1801 con una hija de los Marqueses de la Granja y Caltojar: Constanza de Castilla Tous de Monsalve, que era sobrina tercera suya.

Eusebio, era el cuarto de sus hermanos y en consecuencia no heredó los mayorazgos familiares, y siguiendo la tradición familiar ingresó en el ejército en 1770, en el Regimiento de Caballería “Dragones de la Reina”.

Tres años después Eusebio ingresó en la Armada y se trasladó a España. En 1778, siendo alférez de navío, realizó las pruebas para la concesión del título de Caballero de la Orden de Alcántara. En 1792 asciende a Coronel con uniforme oscuro de Guardia de Corps, en la Compañía Americana que había creado el Rey Carlos IV dos años antes. Era también Guardia de Corps en esas fechas Manuel Godoy a quien retrató con ese uniforme el pintor Goya. En 1803 ya es Mariscal de Campo y en 1807, el Rey Carlos IV nombra a Eusebio de Herrera Teniente de Alcaide de los Reales Alcázares de Sevilla. 

La ceremonia de su toma de posesión es aún propia del antiguo régimen y la describe pormenorizadamente Ana Márquez Redondo en su reciente libro “Los Alcaides del Alcázar de Sevilla” editado por el Patronato del Real Alcázar en 2010 del que tomo la siguiente descripción:

“Eusebio Antonio de Herrera, Caballero de Alcántara, Alférez Mayor de la Rinconada, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos, y Primer Teniente de la Compañía Americana de la Real Guardia de Corps tras el juramento y ceremonia de “pleito homenaje”, toma posesión de los Alcázares y Atarazanas Reales de la ciudad de Sevilla y sus anexos y del Palacio y bosques del Lomo del Grullo y de las Rocinas en el territorio redondo a ellos anexos que es en el Aljarafe. El cargo lleva implícito asiento en el Cabildo o Ayuntamiento de la ciudad, junto al Asistente o Alcalde.

Ante el Asistente, el escribano de la Audiencia y otras personalidades, Eusebio de Herrera juró por la cruz de su hábito de Alcántara defender el misterio de la Purísima Concepción y guardar las ordenanzas de los Reales Alcázares así como ejercer fielmente su cargo e hizo “pleito homenaje”. A continuación el Conserje de los Reales Alcázares le entregó en una bandeja de plata las llaves de las puertas y de los postigos del Alcázar y de la vivienda que dentro del Palacio le correspondía. Eusebio de Herrera las tomó en señal de verdadera posesión quieta y pacífica y en asistencia de todos los testigos pasó a la capilla del Palacio en la que hizo oración.

Después se dirigió al salón de monumentos y pinturas de la Escuela de las Tres Bellas Artes cuya presidencia también le correspondía y en presencia del Director y Secretario de la Escuela tomó posesión de su presidencia. 

A continuación bajó a los jardines y paseó por ellos e hizo soltar agua de sus fuentes en señal de verdadera y legítima posesión.”

Poco tiempo de tranquilidad disfrutó Eusebio de Herrera del cargo pues la parsimonia del antiguo régimen estaba a punto de finalizar. Un año después, en septiembre de 1808 se instala en el Alcázar la Junta Suprema Sevillana que declarará la guerra al Emperador Napoleón, y en menos de dos años, en febrero de 1810 reside en el Alcázar el Rey intruso José I, hermano mayor del Emperador Napoleón.

Eusebio Antonio de Herrera fue miembro de la Junta Suprema sevillana que se constituyó ante el vacío de poder producido por el secuestro de la monarquía española perpetrado por Napoleón. Esa Junta fue la que declaró la guerra al Emperador y tuvo que aliarse con Inglaterra, su tradicional enemiga, con la que sólo tres años antes había luchado la Armada franco española en Trafalgar. Gran dilema, los aliados pasaban a ser enemigos y viceversa.

Durante la ocupación francesa de Sevilla, permaneció en la ciudad y se mantuvo al frente del Alcázar aceptando la nueva legalidad; pero hizo lo posible por minimizar los daños al patrimonio artístico de la ciudad. Así lo afirma Gómez Imaz en su libro sobre los cuadros sustraídos en Sevilla donde recoge un acta de la Santa Caridad de 25 de febrero de 1810 en la que el Hermano Mayor y el resto del Cabildo intentan demorar la orden de traslado de cuadros con destino al Museo del Alcázar. El Hermano Mayor era precisamente Eusebio de Herrera, que a la vez era Gobernador del Alcázar. 

Y otro ejemplo es el reflejado por Gómez Imaz en su publicación de un Manuscrito inédito del Monasterio de Santa María de las Cuevas. En el manuscrito, el padre Carlos Corona, monje cartujo, hace un relato revelador: el Sagrario y otras obras de arte se salvaron gracias a la protección del Gobernador del Alcázar, Mariscal de Campo D. Eusebio de Herrera. El Gobernador conservó en el Alcázar el Santo Cristo de Martínez Montañés, el archivo, la sillería del coro y los relieves del Sagrario todo lo cual fue devuelto a los cartujos en 1814. Refiere el cartujo como los gabachos como él los denomina, usaron la Iglesia como almacén de víveres y el claustro como cocina: “tuvimos la fortuna de que poco antes de que ellos entrasen aquí a hacer tanto trastorno, el gobernador del Alcázar que era español, y de buenas intenciones, dispuso que las sillerías del coro y pinturas de la Iglesia y sacristía, como también los papeles del archivo e imágenes de la Iglesia, principalmente la efigie prodigiosa del Santo Cristo, se trasladase todo al Alcázar, donde se conservó todo, como también el retablo del Sagrario, que sino aquí le hubieran pegado fuego”.

Al morir, en 1834, Eusebio de Herrera era Teniente General y como Hermano Mayor de la Caridad que había sido, fue enterrado en el atrio de la Iglesia junto a su tío Antonio Joseph y otros que le precedieron entre los que está el fundador Miguel de Mañara.

El Hospital de la Caridad y la Iglesia de San Jorge próximos al río Guadalquivir y a la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla  son una visita obligada en la bella ciudad hispalense.

Fuentes:

Archivo Histórico Nacional. PARES.

M. Gómez Imaz: “Inventario de los cuadros sustraídos por el Gobierno intruso en Sevilla año 1810” reedición 2009 

M. Gómez Imaz: “Un manuscrito inédito procedente del Archivo de Santa María de las Cuevas de Sevilla” 1917

.Ana G. Márquez Redondo: “Los Alcaides del Alcázar de Sevilla” 2010

José Antonio López Rodríguez

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