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Gracias a Todos los Nombres, muchos familiares logran conocer la historia de sus antepasados/todoslosnombres
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Todos los Nombres del olvido

El proyecto, que cuenta con una extensa base digital, lleva años sumido en una batalla por recuperar la memoria de los represaliados andaluces durante la Guerra Civil y el período franquista. Ya se han subido a la web 50.000 nombres, aún quedan unos 100.000 más.

Paneles de la exposición presentada en Sevilla durante febrero/angelespinolaÁngel Espínola. Desde su corroída celda de barrotes fascistas, Antonio escribe una carta amarga al Auditor de Guerra de Sevilla. Es una epístola de súplica. Sólo pide justicia, al menos una prueba que justifique su delito. Su vida siempre transcurrió entre los pastos con que alimentaba a su piara de cabras. Vivía en el humilde barrio de Amate hasta que, ya estallada la guerra, la Guardia Civil allanó un día su hogar para arrestarle, bajo el agravio de que “con sus cabras causaba toda clase de daños en las fincas vecinas”.

La aportación de familiares e historiadores es vital para conocer los nombres borrados por el silencio/angelespinolaSu carta de súplica es la última llamada a la vida de un alma cuyo cuerpo caerá días más tarde en el abismo de una fosa común. Una fosa que conducirá a Antonio Pérez Gutiérrez, el cabrero de Amate, al olvido. El acero de los fusiles rompieron su memoria, qué ironía, un 14 de abril, cuando sólo se contaban tres años del triunfo de la República. Curiosamente ese mismo día, 69 años después, verá la luz un proyecto que rescatará  su historia de las tinieblas para hacerla eterna.

Ése es el designio de Todos los Nombres. Un proyecto que recupera la memoria de tantos fusilados, desaparecidos, enviados a campos de concentración, exiliados represaliados al fin, que cayeron en el gélido pozo de la oscuridad y el olvido. Una iniciativa que emprendieron hace unos años la Confederación General del Trabajo de Andalucía (CGT) y la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia.

Más de 250 colaboradores avalan el proyecto

El principal arma de este proyecto para curar la amnesia que vive nuestra sociedad desde hace más de 70 años, es su página web: www.todoslosnombres.org. Ya son más de 50.000 los nombres que se han lavado sus heridas, quitado el polvo de los años y han mostrado su espectro por la red, con el fin de que no se olviden sus historias. Nombres de vencidos que renacen del pasado para librar una última batalla, la de la verdad.

“Nuestra gran baza es que colaboran más de 250 investigadores, muchos de ellos historiadores que aportan información de sus propias obras. Así, poco a poco se va creando una gran base de datos en la web”, comenta Cecilio Gordillo, coordinador de la iniciativa que abarca ya nombres registrados en Andalucía, Ceuta, Melilla y parte de Extremadura.

Como resulta obvio en la recuperación de la memoria histórica, el testimonio oral y los documentos de los propios familiares, son pilares básicos con los que construir el pasado de un país que prefiere el silencio a la verdad. “Las familias se animan al ver la extensa base de datos que hay,  y algunas de ellas incluso mandan sus micro biografías, que después contrastan los investigadores antes de publicarlas”, continúa Gordillo.

La memoria de los olvidados

El trabajo es lento y arduo, pues no todos los archivos son accesibles, y muchos testimonios orales están lacrados por demasiados años de silencio. Pero aún así el portal digital ya cuenta con más de 400 micro biografías redactadas por toda suerte de historiadores, escritores, antropólogos, etc. Pequeñas semblanzas de ilustres represaliados, así como de gente común, cuyas vidas anónimas dejan de estar omitidas como lo estuvieron sus muertes.

Micro biografías, investigaciones, noticias, vídeos, todo lo relacionado con esos nombres que un día se perdieron están presentes en el portal de Todos los Nombres. Incluso es posible encontrar a ese abuelo del que sólo conocemos sus apellidos por ser los nuestros, que nunca regresó aquella tarde de primavera. Basta con responder a una pregunta tan vulgar que se hace cruel tras décadas de interrogantes: ¿A quién buscas?.

El esfuerzo de Todos los Nombres no sólo queda reflejado en Internet, pues el papel también queda manchado de memorias en sus publicaciones, la última presentada en Sevilla. “La cuestión de fondo es que, a estas alturas, las administraciones no han creado los mecanismos necesarios para dar este elemental servicio de información sobre sus ciudadanos”. Un servicio que, gracias al duro esfuerzo de esta iniciativa, consigue mostrar la verdad de un período histórico todavía lleno de incertidumbres.

Hace unas semanas pusieron en marcha su exposición itinerante en la Casa de la Provincia de Sevilla, acompañada de diversas conferencias que apagaron muchas sombras ardientes de la represión en Andalucía. “La de Sevilla ha tenido paneles muy específicos, es una exposición básica, más que todo divulgativa sobre el trabajo que estamos realizando. Con el tiempo se aumentará el tamaño de la misma”, asegura Gordillo.

Es muy sencillo aplaudir un proyecto que despeja incógnitas para sustituirlas por nombres. Pero claro, el espíritu del franquismo y el miedo parece que aún laten en las entrañas de las instituciones, y pocas se atreven a colaborar. La historia de Todos los Nombres es la de un auténtico perenigraje en busca de financiación. Una batalla sin armas, quizás la última de la Guerra Civil.

Una batalla sin armas

Tras varios años de investigaciones, la web se abrió al público en 2006 con el apoyo de la Consejería de Justicia y la Universidad Pablo de Olvide, junto a otras empresas como El Monte. Dos años después, tras no renovarse el convenio, fue el Ministerio de la Presidencia el que se atrevió a auxiliar al proyecto.

El acuerdo, sin embargo, se acabó en agosto de 2009 y en los últimos días ha sido denegado el recurso para que el Ministerio otorgue otra subvención. Por lo que, hasta que no aparezcan nuevos apoyos institucionales, trabajarán sin financiación. “Hasta ahora, la cuantificación económica recibida no ha llegado al 55% del coste total del proyecto. De hecho ahora mismo hay 15.00 nombres pendientes de subirse a la web. Pero no hay dinero para pagar a investigadores que verifiquen esos nombres y los suban a la base de datos” comenta el coordinador del proyecto.

Y es que no basta con el trabajo voluntario y altruista de sus cientos de colaboradores, ya que “cada nombre tiene detrás un grupo de trabajo bastante amplio, cuyo fin final es verificar la información. Incluso hay colaboradores que trabajan exclusivamente para enriquecer la base de datos de la web”. Se hace patente así que no todos quieren recobrar la memoria de un período de nuestra historia que fue cruel a la hora de elminar sus restos.

Con el tiempo, Todos los Nombres quiere tener una coordinación estatal y abrir su campo de investigación. Pues se estima que todavía faltan más de 100.000 nombres que desaparecieron de la historia, pero aún duermen en papeles resecos y archivos desterrados en ayuntamientos y cementerios. Incluso pretenden crear un centro de alumnos para que no se pierda el afán de investigar nuestro pasado entre los jóvenes.

Como Antonio, el cabrero de Amate, hubo miles de represaliados del franquismo, que nunca pudieron gritar al mundo la sinrazón que les acompañó en los últimos días de sus vidas. Una injusticia que Todos los Nombres denuncia con el único arma del testimonio, el documento, el recuerdo de los silenciados por el olvido. Con el único fin de que sus nombres no se pierdan en la historia.

www.SevillaActualidad.com

Sobre el autor

Ángel Espínola

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