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Sevilla

La Expo 92, el inicio de una era

Joyas arquitectónicas de la Expo 92 que todavía se pueden disfrutar

La Exposición Universal de Sevilla se inauguró el 20 de abril de 1992 y supuso una revolución, un punto de inflexión en la ciudad.

Todo empiezó cuando el Rey Juan Carlos I anunció en 1976 durante una visita oficial a la República Dominicana la intención de organizar en el país una Exposición Universal con motivo del quinto centenario del descubrimiento de América, recuerda la web oficial  de la Asociación Legado Expo Sevilla.  Siete años después, en julio de 1983 se decidió que Sevilla fuese la sede universal. Dos años más tarde se eligió como lugar para la celebración La Isla de la Cartuja y se nombró un secretario general de la exposición. En 1987 se inscribió el primer país que participó en la Expo 92: República Dominicana. Inicialmente se pensó que sería 60 el número de países pero finalmente fueron 112, un total de 30 países europeos, 33 americanos, 21 asiáticos, 20 africanos, 8 de Oceanía, así como las 17 Comunidades Autónomas y 23 organismos internacionales, junto a 6 grandes empresas de calado internacional con pabellón propio. 25 años después solo se conservan 32 pabellones.

A finales de 1987 empezaron las obras en La Isla de la Cartuja con el presupuesto de 75.000 millones de pesetas (450.758 euros), pero esta Expo no solo supuso obras de los pabellones en esa zona. La ciudad necesitaba un gran cambio de modernización en cuanto a la infraestructura para ello la ciudad contó con 800.000 millones de pesetas (4.808.091 euros). Con este panorama, Sevilla fue una ciudad caótica los años previos: carreteras levantadas a causa de la construcción de la A92, remodelación del aeropuerto, nuevas vías de trenes con la creación del tren de Alta Velocidad Española, el AVE junto con la construcción de la estación de Santa Justa y los 6 nuevos puentes construidos sobre el río Guadalquivir; puente del V Centenario, puente de Las Delicias, puente de la Barqueta, puente del Alamillo, la pasarela de la Cartuja y el puente del Cristo de la Expiración. Todas estas nuevas infraestructuras fueron una gran la oportunidad de trabajo.

Sevilla se convirtió en Sede para la Exposición Universal de 1992 y durante seis meses centro de reclamo turístico.  El mes de más afluencia fue septiembre con 10.935.342 personas y una media diaria de 237.583 personas que durante los seis meses de la exposición sumaron un total de unos 40 millones de visitantes, según los datos que ofrece la web de la Expo 92. El lema ‘La Era de los Descubrimientos’, englobaba todas las innovaciones científicas, tecnológicas y culturales desde el descubrimiento de América hasta aquellos días y se desarrolló en los Pabellones y exposiciones temáticas.

Monorrail-Lago-de-Espana.-Asociacion-legado-expo-sevilla

Un paseo por la Expo

Desde las 9:00 de la mañana hasta las 4:00 de la madrugada permanecían abiertas las 300 hectáreas del recinto para el disfrute de todos. La entrada de adulto para un día tenía un coste de unos 24 euros (4.000 pesetas). Además había pases de tres días por 60 euros (10.000 pesetas), o el pase de temporada, válido para los seis meses que duró la Exposición, en este caso el precio era de 180 euros (30.000 pesetas), según la Guía de la Expo.

Se pusieron a disposición de los visitantes más de tres mil personas para atender cualquier duda o problema, además de la mascota de la exposición, el famoso Curro, el pájaro de pico largo de los colores del arcoíris, quien animaba a los asistentes durante todo recinto.  

A lo largo del llamado Camino de los Descubrimientos, la Avenida de las Acacias, de las Palmeras o la de Europa se iban sucediendo distintos pabellones y exposiciones temáticas, además de exhibición de inventos como una máquina de vapor, un acelerador de partículas, el telescopio de Hubble. Visitar el Pabellón de Naturaleza te podía hacer viajar a la selva Amazonas pues allí se recreó la fauna de dicha selva americana.

Espectaculo-Lago.-Fuente-Asociacion-Legado-Expo-Sevilla

 

La instalación de un teleférico ofrecía la posibilidad de ver acceder a la Expo o verla desde las alturas y poder comparar la antigua Sevilla de la Giralda con la nueva del puente del Alamillo de Santiago Calatrava. Para moverse por el recinto también se podía hacer uso del monorail o los barcos por el lago y gran canal.

Cada noche, al caer el sol, un espectáculo de proyecciones de imágenes sobre pantallas de agua, hologramas, fuegos artificiales, música y luces de colores daba comienzo en el Lago de España -ahora lo podemos encontrar dentro de Isla Mágica-. Los visitantes también podían disfrutar de música en directo en El Palenque como jazz, flamenco, bossanova o incluso zarzuela y de la gran cabalgata, derroche de creatividad y alegría que mostraba las tradiciones festivas del sur de Europa.

La Expo brindó un amplio abanico de posibilidades entre joyas de los mejores museos mozárabes, kimonos japoneses, vanguardia tecnológica, mensajes éticos, actos literarios y todo bajo una sofisticada tecnología para la época, queriendo integrar el desarrollo y el humanismo y mostrando al mundo la imagen de un país renovado que miraba sin miedo al futuro.

 

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