4:10h: La ola que rompió la Madrugá

Domingo, 16 Abril 2017 10:00

Christopher Rivas

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Miedo, cofradías y caza de brujas

La Policía señala el origen de la avalancha en Arfe y descarta la confabulación contra la Madrugá

El equipo de periodistas y colaboradores de Sevilla Actualidad resume en este artículo cómo han vivido los episodios de esta pasada Madrugá, con experiencias, lugares y horas contrastadas, buscando una visión integral de lo sucedido. El pánico contagiado en forma de ola acabó llegando a todos los puntos en los que había gente viendo o esperando cofradías. La Policía investiga los posibles detonantes.

El hecho de contar con distintos puntos de vista en lugares dispersos del centro de la ciudad y tratar de concretar los minutos de la forma más precisa posible permite ordenar las versiones de todos los miembros del equipo de Sevilla Actualidad. Es lo que se intenta en este texto.

Las versiones ayudan a concretar la hora de la primera de las avalanchas, su dirección y el origen de la misma. Esto lleva a plantear una posible explicación lógica a modo de teoría que permite explicar y entender por qué algo que pase en un punto del centro puede acabar notándose en lugares muy distantes prácticamente al unísono. Sin embargo, primero veamos cuáles son los hechos que han podido ser contrastados de forma exacta por esta redacción.

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Los hechos

Calle Arfe. Ángel Vilches forma parte del tercer tramo del Gran Poder como diputado. Se encuentra en Arfe. Expone que del bar Virgen de los Reyes salen varias personas peleándose y terminan agrediéndose en medio del cortejo de nazarenos. La gente empieza a gritar y se escucha el ruido de gente corriendo.

Según él, logran que ningún nazareno se descomponga y se pueda mantener la calma. Al poco tiempo llegan varios agentes de la Policía Nacional desde el Arco del Postigo y preguntan sobre lo sucedido. Como no lleva reloj, desconoce la hora exacta, aunque por su ubicación en el tercer tramo y por la situación de la Hermandad del Gran Poder, el horario aproximado en el itinerario previsto por el Consejo de Hermandades sería en torno a las 04:00 horas de la madrugada.

Desde el Ayuntamiento de Sevilla señalan que aún se investiga y se tratan de encajar las distintas piezas. Pese a la lógica prudencia, dicen tener constancia de esta pelea, cuya hora está aún por determinar, pero se ubica en torno a la misma: las 04:00. Señalan también que hay más cosas que pasan en ese marco temporal en puntos de esa misma zona, lo que podría ayudar a explicar aún más el origen de la situación.

Última imagen tomada del Gran Poder por Jaime Fernández-Mijares, segundos antes de la avalanchaÚltima imagen tomada del Gran Poder por Jaime Fernández-Mijares, segundos antes de la avalancha 

Plaza del Triunfo. Jaime Fernández-Mijares está haciendo una fotografía al señor del Gran Poder. Está ante la torre de defensa de la Puerta del León, junto al Archivo de Indias. De repente asegura que el suelo tembló y vio gente corriendo “como en los sanfermines”. Se pegó a uno de los setos cercanos para evitar ser arrollado. Apunta que la ola de gente procedía del Postigo y discurría en dirección a la Casa de la Provincia. Por sus fotografías, la avalancha llega hasta allí entre las 04:11 y las 04:13h.

Avenida de la Constitución. Laura Contreras y Carlos Álvarez se encuentran en las sillas en la avenida a la altura de la administración de lotería El Gato Negro. Laura estaba en pie despidiéndose de unos familiares. Ya se iban para ver a La Macarena en otro punto del centro. Ambos describen lo que ven como un tsunami de personas levantándose en dirección hacia ellos y que procede, al menos, del cruce que conforma el eje Alemanes-García de Vinuesa.

Avenida de la Constitución. Adrián Yánez, Mercedes Serrato y quien esto firma. Son exactamente las 03:58 horas. Estamos en la Avenida de la Constitución a la altura de la calle Felipe Pérez, desde uno de los palcos frente al Banco de España. Allí vemos pasar el palio de la Hermandad del Gran Poder. Avanza en silencio hacia la Catedral. Tras él, comienzan a pasar los primeros tramos de la Hermandad de La Macarena.

Las imágenes son más concretas aún: los penitentes del misterio del señor de la Sentencia cargan con sus cruces por este punto. De repente vemos cómo, procedente del cruce de Alemanes y García de Vinuesa, la gente avanza como una ola por la propia Avenida hacia el Ayuntamiento. Desde los palcos y sillas se pide calma y prudencia y se detiene el movimiento, pero éste ya se ha producido. Son las 04:10 horas de la noche.

Calle Villegas. Candela Vázquez y Miguel Arco están viendo pasar el palio de la Virgen de la Concepción de la Hermandad del Silencio. El cortejo procede de Francos y va en dirección a la Plaza del Salvador.

Candela está intentando subir un vídeo que tarda en cargar a Twitter. Mientras, el palio se arría brevemente. Al levantarse de nuevo, prosigue su recorrido ya revirando hacia el Salvador. Es entonces cuando una marea de gente procedente de la calle Álvarez-Quintero y Entre Cárceles desemboca tras al palio empujándolos hacia la Cuesta del Rosario. Los dos se refugian en el portal que un vecino abre para que la gente pueda acceder. Es el número 5 de la calle Villegas, junto al estanco. Desde ahí, y en medio de una situación de nervios, publica un tuit a las 04:13 horas.

Plaza del Salvador. Antonio Campos cuenta que los diputados de tramo del cuerpo de nazarenos de la Virgen se afanan por hacer el acordeón para ajustar los espacios. Él se encuentra aproximadamente a unos metros de la puerta principal del Hospital de Nuestra Señora de la Paz, el característico edificio con dos torres que se ubica frente al Salvador. Ante sí ve el cuerpo de ciriales. El palio de la Virgen de la Concepción acaba de arriarse. Tiene la mirada puesta en el paso, que viene desde la calle Villegas.

Antonio también cifra la hora aproximada en las 04:10. Apunta que en ese momento “prácticamente no se cabe en la plaza” y, de repente, ve venir “a una masa compacta en desbandada, una verdadera estampida, con un ruido sordo”. En apenas dos segundos tiene encima a toda la masa y empieza a escuchar los primeros gritos.

Él no corre, pero se apresura a situarse junto a la fachada del hospital antes de que la multitud le arrolle. Es entonces cuando empieza a escuchar los primeros gritos que piden calma. "¡No pasa nada, no pasa nada!” es lo que escucha y que empieza a repetir como intentando colaborar por llamar a la tranquilidad.

La carrera se detiene poco después, pero la Plaza del Salvador se ha quedado ya prácticamente vacía. El palio, donde estaba. El cuerpo de ciriales descompuesto, también los músicos de capilla que acompañan al palio, y poco a poco todo trata de recomponerse. En el cortejo, los diputados de tramo “comprueban cómo se encuentran los hermanos y miembros de fila. En la delantera del paso, muchos niños monaguillos que forman parte del cortejo. Prácticamente todos contienen el aliento. Todavía no dan crédito. Apenas pueden caminar sin que se les note aterrorizados por lo que han vivido”, señala Antonio Campos.

En la plaza, el silencio se ha roto ya y el trasiego de personas es constante, sobre todo, de quienes buscan calles aledañas para abandonarla con evidentes signos de preocupación en su rostro y con el susto aún en el cuerpo. Narra que ve algunos niños a su alrededor, con sus familias. Algunos lloran. Tienen miedo y sus padres tratan de tranquilizarlos, pero ellos tampoco lo están. No dejan de repetir "Ya está, ya pasó, no ha pasado nada, vámonos, ya está...".

Los pocos que quedan ya en el Salvador vuelven a acercarse a las filas de nazarenos a esperar a que pase el palio como deseando que vuelva la normalidad cuanto antes. “Empezamos a ser conscientes de lo que hemos vivido. Y el cuerpo empieza a reaccionar también. Pasa la Virgen de la Concepción pero, desde entonces, la Madrugá ya no es la misma de antes”, señala. Antonio sólo puede precisar que la ola llegó por el lateral de la plaza de Villegas y Álvarez Quintero hacia la calle Cuna. Lo que sí vio con claridad es que corría desde esa zona de la plaza hacia la opuesta.

Santa Ángela de la Cruz. Pasadas las 04:00 horas, una avalancha empuja a una nazarena de Los Gitanos desde Santa Ángela hacia San Juan de la Palma. Ella se refugia en un bar de Jerónimo Hernández. Posteriormente vuelve al cortejo como queriendo retomar la normalidad. Pero otra ola arrolla al tramo de nazarenos donde está ella, cuando va saliendo de Alcázares pasadas las 04:30. Finalmente, acaba pegada al mercado de la Plaza de la Encarnación. Y finalmente decide volver al templo y dejar su cirio para después irse a casa. 

San Juan de la Palma. Álvaro Ceregido está con su madre y unos amigos. Ve el paso de la Hermandad de Los Gitanos que, desde Dueñas, discurre hasta Santa Ángela. En esa curva, con el Convento del Espíritu Santo detrás de ellos y mirando hacia la cofradía, ve cómo pasadas las 04:11 y procedente de Santa Ángela de la Cruz, llega una marea de personas hasta allí que les hace huir de ese punto y volver a casa. 

Aponte-Trajano. Ángel Espínola está viendo el paso de la Virgen de la Macarena en el cruce de la calle Aponte con Trajano, por donde discurre la cofradía. De repente se produce “un tumulto”. La hora la fija entre las 04:00 y las 04:15 horas. Se repite la escena: revuelo previo y la gente pidiendo calma después. El palio siguió hacia delante. Tras su paso, queda gente llorando. A los cinco minutos empezó a pasar El Silencio por Jesús del Gran Poder, en dirección a la Plaza del Duque. Pudo ver el discurrir sin problemas ni tensiones.

Arco del Postigo. Auxiliadora Peña y Miguel García Rizo. Llegan, junto a los padres de Auxi, en un taxi que los deja en el paseo Colón. Ven hueco y se apostan en la calle Arfe frente al Arco del Postigo, dando la espalda al edificio municipal. Cuando se ubican, le cuentan que hacía unos minutos se había producido ya una avalancha desde Arfe en dirección al Postigo. Ellos están tranquilos. Acaban de llegar. Ambos graban cómo el señor de Sevilla entra en Arfe. Justo entonces, otra nueva ola -la segunda- les viene desde Arfe hacia el arco. Pero siguen grabando.

Sus imágenes son estremecedoras. En ellas los ciriales del Gran Poder se retiran tratando de evitar la marea, y buscando dar salida a los pequeños monaguillos que están ante el paso. El miedo se apodera de varios de ellos que salen disparados hacia la calle Dos de Mayo. Se ve como tropiezan con algunas vallas y caen al suelo. Un segundo después, la gente pide calma, de nuevo. La fotografía realizada por Auxi no deja lugar a dudas respecto a la hora. Son las 04:35 horas de la noche.

Miedo, contagio y aglomeración

No podemos obviar el clima de miedo social en el que vivimos. Especialmente tras los últimos atentados de París, Niza o Londres, en los que se han usado camiones, coches o simples armas para atentar contra la gente. Eso, unido al nivel de alerta y los mensajes e informaciones de días y semanas previas, hace que los asistentes sean conscientes de la posibilidad o riesgo de algún acto violento generando más sensibilidad de lo habitual.

Durante la Madrugá, los cortejos circulan por el centro en un difícil equilibrio para no crear literalmente un atasco. Los cortejos están formados por más de 18.000 integrantes que circulan por las calles del centro. Todos ellos conforman una especie de serpientes en un laberinto que evita en su discurrir cruzarse con otra de ellas.

Además, durante el recorrido de las cofradías, la gente se aposta horas antes esperando su paso –algunos de ellos con sillas y mesas- y la ubicación de las hermandades a esa hora, permiten dibujar el flujo de personas distribuidas en las calles como una perfecta cadena de distribución de la siguiente forma:

El Silencio está en las calles Cuna y la Plaza del Salvador. Hay gente esperando su paso por Laraña, Orfila y Lasso de la Vega. El Gran Poder, entre Castelar y la avenida de la Constitución, con la gente esperando en García de Vinuesa y Zaragoza. También en el entorno de la Plaza del Triunfo y el Archivo de Indias, la gente está viendo el discurrir del Gran Poder. Por su parte, La Macarena entre la Avenida y la calle Trajano y con un reguero de personas esperando su paso por las calles Alemanes y Francos.

El Calvario, saliendo de La Magdalena hacia las calles Murillo y O’Donell. La Esperanza de Triana, entre Reyes Católicos y la calle Pureza, a lo que hay que sumar toda la gente que en San Pablo, La Magdalena y Rioja espera para ver pasar la cofradía, ya que en esta zona, además, se podrá ver minutos después al Gran Poder cruzar hacia Gravina. Por último, Los Gitanos, entre la Plaza de la Encarnación y Santa Ángela de la Cruz y Gerona, con gente esperando en Laraña y Orfila.

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En todas estas zonas hay mucho público. El centro está vertebrado por seis cortejos que suman dos decenas de miles de miembros y una importante cantidad de personas en sus recorridos. Todos juntos forman una masa única de una consistencia invisible. Estos sectores están interconectados por los recorridos de las hermandades en los que la gente espera. Como resultado: una marea conectada. Un continuo de personas que no tiene principio ni fin definido, pero que está unido y conectado.

De alguna manera, esa masa se mueve de forma ordenada, aunque no lo sabe, porque no son más que la suma de muchos individuos. Todos ellos se adaptan a espacios, trayectos y recorridos. Cualquier cosa que afecte a una parte acaba afectando al todo. Especialmente si lo hace al unísono.

No necesita moverse mucho. Sólo requiere de un segundo para que el movimiento se expanda. Y el continuo incesante de personas hace el resto. Primero, el efecto generado por el movimiento de las personas que cada uno percibe. El segundo, el llamamiento a la calma y las palmas para tranquilizar. Pese a la percepción de quietud, el movimiento se expande como una ola en el mar.

 

El pánico expande la ola a gran velocidad

Con todos estos elementos, y usando sencillamente la lógica, cabe preguntarse si un suceso en un punto determinado sería capaz de provocar el movimiento en cadena.

Una pelea en la calle Arfe o unos gritos de los que daban algunos de los detenidos en esa misma zona pudieron provocar una reacción lógica y casi inconsciente: apartarse. Eso se produce de repente. No hay planificación ni aviso. La llamada a la calma también se contagia y es inmediata, pero lógicamente, posterior.

Y ante una acción, la reacción se produce en cadena ante la afluencia de personas en el centro. Pero esa gran masa sólo reacciona ante lo que ve. Así, en la aglomeración de una esquina -por ejemplo García de Vinuesa con Arfe y Castelar- se puede producir un movimiento de varias personas que se extenderá por esas vías y sus calles contiguas de manera natural. Sólo dura unos segundos hasta que la calma vuelve, pero el movimiento ya está en marcha.

Y creado el movimiento, que toma forma de ola o ‘tsunami’, éste simplemente se expande por toda la masa de personas distribuidas por el centro. El pánico y el miedo hacen el resto y, como una gran ola en un estadio de fútbol, la marea acaba llegando a puntos que, aun distantes, son alcanzados a una velocidad sorprendente, tal y como muestran algunos de los vídeos.

Con el mismo ejemplo del estadio de fútbol, esa ola recorre en pocos segundos los centenares de metros de sus gradas. En 2002, un estudio de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest analizó videos de 14 olas de los principales estadios mexicanos de fútbol. Halló que sólo se requiere de la iniciativa de pocos asistentes para disparar una ola. Además, la velocidad del movimiento es elevada, de entre 10 y 12 metros por segundo.

Esto explicaría que, ante el supuesto planteado en Arfe, sus consecuencias, trasladadas a través de esa gran masa de individuos que se distribuye por el centro, acaben llegando a un punto que está a 1.400 metros de allí, como San Juan de la Palma, en poco menos de dos minutos. De ahí la sensación de que el efecto se repite al unísono en todos los puntos del centro, pero en realidad es la misma ola.

El origen, en el Arenal

Así lo afirma el dispositivo de Seguridad, que desde el principio ha apuntado a la zona del Arenal-Reyes Católicos-Julio César. La procedencia de la primera de las avalanchas señala al Arenal. Desde aquí se desplazó hacia San Pablo, y por aquí hacia fuera del centro por Reyes Católicos.

También desde el Arenal hacia la Avenida y la Plaza del Triunfo. También por Alemanes, Francos y el Salvador, para por último llegar a través de Cuna, Laraña y Orfila hasta la zona de la Encarnación y San Juan de la Palma.

La masa formada por las personas que veían o esperaban a las cofradías hicieron de hilo conductor de este gigantesco impulso que sólo llega a su fin cuando la masa termina. Es decir, cuando no hay gente a la que trasladar la ola.

Los testigos y los vídeos confirman que a San Juan de la Palma la ola llegó por Santa Ángela. A la Encarnación, por Laraña y a ésta por Cuna. Hasta allí desde el Salvador; y aquí desde Álvarez-Quintero por Alemanes. Hasta allí y hasta el Triunfo vino del Postigo y García de Vinuesa. Y allí está el suceso contrastado de la pelea y las denuncias de vandalismo y gamberrismo confirmadas por el CECOP y que podrían ser uno de los posibles detonantes, algo que aún se sigue investigando.

Tras una primera avalancha, creada de forma insconsciente por la reacción natural de cada persona, el pánico y el miedo ya está propagado. Ahora sólo se requieren delincuentes comunes o, sencillamente, algún irresponsable para propagar el miedo y generar otra ola de nuevo.

Esta explicación no requiere coordinación ni implicaciones complejas. Con gente suficiente distribuida en recorridos, un impulso será bastante para expandir el efecto en cadena. Una enorme ola que, como círculos concéntricos en el agua, se acaba expandiendo huyendo de gente que huye. Y, como cualquier otra explicación basada en hechos y datos certeros, debe -al menos- tenerse en cuenta.

Al final será la investigación policial la que, uniendo las máximas piezas disponibles de un enorme puzzle humano, pueda dar explicación a lo sucedido durante la Madrugá. Esa información es necesaria, no sólo para la tranquilidad de cuántos quieren disfrutar de la Semana Santa de Sevilla, sino también para garantizar la seguridad de una celebración que requiere del máximo control ante la masiva afluencia y la delicada organización que necesita.

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