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La malministración

“Sucede que me canso de ser hombre”. Recordamos el verso de Neruda cuando leemos los periódicos y los titulares de la prensa, cuando oímos los boletines en las radios, cuando el televisor nos asfixia con su retahíla de sucesos inverosímiles pero, qué remedio, verídicos.

Sucede que me canso de ser andaluz, parafraseando al poeta chileno, sucede que me canso, sí, cuando detienen en el puerto del Nuevo Mundo al exconsejero que tanto exceso en nombre de fondos públicos recibió –presunción de inocencia siempre presente-, nada menos que 7.290.861,08 euros en un solo día. Cursos de formación para parados que paraban el desarrollo de Andalucía mientras, en la otra cara de la oxidada moneda, un discurso de innovación y de progreso se vendía en aras de un mañana siempre prometido, de crecimiento y de avances. La hipocresía sí que era imparable.

Sucede que me canso de ser andaluz, sucede que me canso porque, qué narices, leo la Constitución que consagró nuestras libertades y nuestro Estado de Derecho y en su artículo 103.1… La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales… Intereses generales que, traducidos al lenguaje de lo cotidiano resultan intereses particulares de un poder perpetuo y, en determinadas ocasiones, incuestionable.

De esta tergiversación de los fines de la Administración en Andalucía nace un concepto de nuevo cuño: la malministración. La malministración es la inclinación del interés público al oficio propio, al interés de la esfera personal, a las pretensiones subjetivas que derivan, en la mayoría de los supuestos, en la corrupción del sistema.

Clamoroso ejemplo de malministración lo encontramos en la Dirección General de Memoria Democrática, centrada sin tapujos en la difusión y divulgación de un episodio concreto de la historia de España analizada desde el sectarismo y el dogmatismo ideológico más recalcitrante. Asumida la dirección a Luis Gabriel Naranjo, la Administración Pública se reserva la potestad de estudiar un hecho -la guerra más incivil jamás padecida- que resulta, por cuestiones evidentes, controvertido y complejo.

La Historia –explicar tal obviedad me causa dolor y vergüenza- la estudian los historiadores, profesores e investigadores en la materia, admirados estudiosos como José Manuel Macarro o Alfonso Lazo. En Andalucía, en otro orden de prioridades, es el Estado quien ostenta ese privilegio, esa ratio, ese discurso histórico discrecional para sentenciar qué o quiénes fueron los hombres que escribieron los reglones torcidos de un tiempo pasado. ¿Memoria democrática? Nominalismo de inspiración idealista del poder que maquilla los inescrutables caminos de la verdad. Qué táctica tan manida…

Dejando a un lado tan espinoso asunto, podríamos mencionar, cómo no, la televisión pública que ofrecemos a quien la consume. Al margen de los muy citados programas que producimos desde lo público, es conveniente resaltar uno novedoso –por aplicar un adjetivo- y reciente. En Canal Sur emiten un espacio en donde un grupo de chavales compiten al modo de la telerrealidad por ser toreros.

La temática y el contenido del programa emana la casposidad propia de quien utiliza las artes como excusa para unos fines comerciales… ajenos al mundo del toro no han conocido, ay, el hambre y la carestía que sufrieron esos hombres del campo pícaros y humildes; toreo de fama y elitismo pretenden inculcarnos. Tratar de ser original desde el esperpento impostado, un clásico en la televisión pública.

Por último, diseccionamos un tema que, a pesar de todo, no calibramos con exactitud su profundidad; jamás alcanzaremos la cantidad de organismos públicos que poseemos. Hablamos de los observatorios. Andalucía es la segunda CC.AA. que más ha reducido en gasto destinado a entes públicos, buen camino, no obstante insuficiente. Insuficiente si comprobamos las letanías de observatorios que aún perduran en la inmensa teleraña de la Administración.

Entre ellos, de los más desconcertantes e irrisorios, el observatorio del agua. ¿Necesaria la invocación de un ente permanente para consecución de los fines que se disponen en la ley que figura en el enlace? La moda snob de observar y controlar constantemente desde la posición de unos extremos que suponen hacer el ridículo.

La malministración, en consecuencia, subsiste en el inframundo de la res pública. La limpieza del deterioro de estos muros de la Andalucía nuestra garantizará la supervivencia de la Administración, su eficacia, su gestión, su transparencia. Torear con la memoria de la democracia deberá nutrirnos como el agua que sacia la sed de la renovación de nuestros ideales.

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Sevilla Actualidad

Gonzalo Gragera/AR

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