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Hermosín es redactor, editor y coordinador de la delegación de la Agencia Efe en la ciudad nipona
Sevilla

Un periodista sevillano en Japón: «Fue como aterrizar en otro planeta»

Antonio Hermosín Gandul tiene 34 años y es periodista. Su primer contrato tras las prácticas le llevó a Bruselas y, de allí, nada menos que a Tokio. Actualmente es redactor, editor y coordinador de la delegación de la Agencia Efe en la ciudad nipona y se ha encargado, entre otras, de hacer la cobertura de las últimas andanzas norcoreanas.

Echa de menos su Alcalá natal cada vez que tiene que enfrentarse a los trayectos infinitos de la monumental Tokio para quedar con un amigo, pero sobre todo porque es aquí donde están esos vínculos creados en la infancia que ni todo el exotismo del mundo puede sustituir.

Aun así, ávido de experiencias, no se pensó dos veces la idea de trabajar fuera de España y, a día de hoy, sigue acumulando historias y periodismo lejos de casa.

-Trabajar y vivir en Japón no es algo frecuente. En su caso, ¿cómo llegó a su actual puesto?

-Estudié Periodismo en Madrid y, tras hacer prácticas en varios medios, empecé a trabajar allí en la redacción central de la Agencia Efe, con una beca que duraba dos años. El segundo me enviaron a continuar mis prácticas a Bruselas, donde también estudié un año de Erasmus. Tras terminar mis prácticas me contrataron como redactor en la misma delegación de Efe. Bruselas fue mi verdadera escuela de periodismo, en mi primer año de prácticas allí aprendí más que en 5 años de facultad.

Después de seis años viviendo en Bélgica, decidí emprender una nueva aventura profesional. Asia siempre me había fascinado y, en concreto, China y Japón por su cultura y por el peso creciente que tenían en el mundo. Me surgió la oportunidad de trabajar en la delegación de Tokio y no lo dudé.

Antonio Hermosín / SA

-¿Por qué Japón?

-Decidí irme a Japón sin haberlo pisado nunca antes. Era un país que me llamaba mucho la atención por su exotismo y por lo poco que sabemos de él más allá de lo típico (manga, anime, videojuegos, sushi, etc.).

Vivir aquí me ha dado la oportunidad de conocer a fondo su cultura y su historia y de aprender japonés hasta tener una base sólida. Esto último es importante, porque es muy difícil hacer vida en Japón sin saber manejarte con el idioma.

-Es una cultura muy diferente, ¿cómo ha sido la experiencia de empezar a vivir en Tokio?

-Mi comienzo en Japón fue como aterrizar en otro planeta. Lo que más me chocó al principio fue lo silenciosa, limpia y organizada que resulta Tokio, a pesar de ser la megalópolis más poblada del mundo. Y sus contrastes: hay avenidas con rascacielos repletas de tráfico y de gente y, a la vuelta de la esquina, encuentras un callejón estrecho y tranquilo con casas antiguas de madera.

-¿Qué le gusta más y qué menos?

Lo que más me gusta de la ciudad es su oferta infinita en todos los sentidos, desde restaurantes hasta museos o sitios para salir. También las conexiones con el exterior: el hecho de tener tanto la montaña como la playa a una o dos horas en tren.

Lo que menos me gusta es lo difícil que resulta improvisar planes con amigos, la gente trabaja demasiadas horas y las distancias son enormes dentro de la ciudad.

-En cuanto a su trabajo periodístico, ¿cómo se ve el clima político internacional con Corea y EEUU desde la delegación que coordina en Japón?

-Desde nuestra oficina en Tokio también seguimos Corea. Precisamente, a mí me tocó cubrir la primera cumbre entre el presidente surcoreano Moon Jae-in y el dictador norcoreano Kim Jong-un, además de parte de las reuniones que mantuvo este último con Donald Trump.

Sin duda, la apertura del diálogo con el Norte ha sido un paso muy esperanzador y, sobre todo, una enorme mejoría respecto a las amenazas de guerra nuclear que había poco antes, aunque no hay que hacerse demasiadas ilusiones. Corea del Norte lleva décadas aislada del mundo y preparándose para combatir, no va a abandonar sus armas nucleares de la noche a la mañana, máxime sin obtener nada a cambio.

-Pasando a temas culturales, se habla de que hay bastantes japoneses a quienes gusta mucho España y, especialmente, el flamenco, pero ¿se nota realmente allí ese interés?

-España es un país que cae muy bien y por el que hay, efectivamente, cierto interés en Japón, aunque este se reduce a sota, caballo y rey (flamenco, Barcelona y su Sagrada Familia, la paella y el fútbol).

-Concretando aún más geográficamente, ¿tiene representación Andalucía en las noticias que llegan a Japón?

-Pocos japoneses ubican Sevilla, Córdoba o Granada, aparte de quienes han ido a estudiar flamenco o son muy aficionados al género. A Japón llegan pocas noticias del exterior, sigue siendo un país muy hermético. La mayor representación que tiene Andalucía es sin duda por su cultura y su gastronomía, pero aun así es bastante limitada.

-Si trajese a Alcalá a un japonés, ¿a dónde lo llevaría? ¿Qué le sorprendería más?

-Ya tuve visita nipona y lo primero que hice fue llevarla al Parque Oromana, a la Cuesta del Águila y al Castillo, y después a tapear por el centro.

Lo que más le sorprendió fue la alegría de la gente, además del hecho de que yo fuera saludando a todo el mundo mientras caminaba por la calle, también la cantidad de naranjos que había por las calles y, por último, el Castillo. Creo que no se esperaba algo tan descomunal.

-¿Cuánto tiempo lleva fuera de Alcalá? ¿Qué echa de menos?

-Me marché con 17 años y desde entonces solo regreso por vacaciones. Lo que más extraño es, sin duda, mi familia. También quedar para tomar algo, charlar y reír durante horas con mis amigos de la infancia.

Sobre el autor

Deborah Pérez Marrodán

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