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Miguel Martínez / SA
Sevilla

Los secretos del éxito de visitas a la Catedral de Sevilla

Sobre la mesa del despacho de un alcalareño –criado cerca de la calle Silos de la localidad panadera, para más señas– recae el peso de una responsabilidad: la de coordinar las visitas culturales a la Catedral de Sevilla. Peso literal, como atestiguan montañas de documentos que se reparten por el escritorio. Este alcalareño, de apenas treinta años, se llama Miguel Martínez Torres y, entre otras tareas, se ocupa de que cada detalle –desde las colas hasta los mostradores, pasando por los trípticos o las audioguías– esté a punto en uno de los monumentos más atractivos del mundo y el más transitado de la capital andaluza.

Las cifras lo corroboran. Después de estar varios años por detrás del Alcázar –principalmente, por sus horarios más amplios o por acoger conciertos–, la Catedral puede presumir ya de ser el lugar más visitado por los turistas que llegan a Sevilla. Crecimiento al que ha contribuido Miguel Martínez, que no se olvida de recalcar que «todo se debe al esfuerzo de los 300 trabajadores» de los que dependen las visitas.

«Sacrificio y silencio»

Doblemente licenciado en Derecho y en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca, Miguel Martínez dio el paso a la gestión cultural de la Catedral tras un periodo de trabajo en la Iglesia del Salvador, donde aún sigue colaborando –con «sacrificio y silencio»– y donde fue consciente de las posibilidades turísticas que ofrecía la Archidócesis hispalense.

El entusiasmo por su labor se evidencia a cada paso por el complejo catedralicio. Desde la misma entrada, en la Puerta del Príncipe, Miguel comienza con las explicaciones históricas y artísticas que va alternando con la atención al público, al que se ofrece para resolver dudas de horarios o para indicar dónde se encuentra el baño más cercano.

Entre la babel de idiomas y visitantes pertrechados con cámaras fotográficas, Miguel se mueve con soltura, sin ocultar la satisfacción de los logros alcanzados. Uno de ellos, por ejemplo, es el de la iluminación led del fastuoso Altar Mayor, cuya gigantesca reja nos abre recordando que «esto solo es privilegio de la familia real». Escena por escena, la parte central del retablo gótico diseñado por Pedro Dancart –considerado el más grande de la cristiandad– recibe un foco de luz que fija la mirada en la Virgen de la Sede, en la parte inferior, hasta alcanzar la cima, donde se encuentra el Cristo del Millón, llamado así «no por el dinero, sino por la cantidad de demandas de indulgencia que recibía».

Mejoras y retos

Sin duda, la parte artística es la que parece fascinar a Miguel Martínez. Pero los guiños a la tumba de Cristóbal Colón o a la exposición que se celebra con motivo del Año Murillo, no le apartan de sus obligaciones en aspectos administrativos. Entre las cuestiones más prosaicas que le atañen, están las relativas a la seguridad, de gran relevancia tras los atentados recientes. «En este sentido –señala Miguel Martínez–, se ha mejorado a través del refuerzo de personal de vigilancia, cámaras, mayor formación o unas normas de procedimiento que me he encargado de redactar».

Otra parcela de la que se siente orgulloso es el de la accesibilidad para personas con discapacidad, que ha avanzado a partir de la instalación de nuevas rampas y ascensores, la eliminación de pasarelas o la inclusión de tapas metálicas para las canaletas del Patio de los Naranjos, «que provocaban muchas caídas».
La mejora de la página web, las facilidades en los métodos de compra por Internet o la agilidad en las colas de acceso al monumento –«donde no se espera más de quince minutos, ni siquiera en los días de mayor afluencia de público, que son los martes y miércoles, cuando desembarcan los cruceros»– están también entre los objetivos cumplidos por el coordinador de visitas.

Entre los retos, afirma que son tres los que más le preocupan a corto plazo. En primer lugar se halla la «ampliación de idiomas en las audioguías, sobre todo en chino y coreano», cuya demanda ha aumentado considerablemente. Lo segundo es «cuadrar la cartelería», que «falta en un 40% debido a que los bienes muebles van cambiando». Y, por último, entre los propósitos –aunque esto no dependa de su competencia– destaca «la creación de más puestos de trabajo que hagan más eficaz la gestión cultural». «En lo que se puede, intento recomendar a alcalareños», dice con una sonrisa.

Proyecto Samuel

Muy unido a las hermandades de la Virgen del Águila, La Amargura o El Perdón y miembro de la Coral Polifónica Nuestro Padre Jesús Nazareno del Padre Manuel Ángel Cano, Miguel Martínez mantiene también un vínculo profesional con Alcalá, como abogado, y con otras iniciativas sociales, como el Proyecto Samuel, que coordinó durante cuatro años y en el que paricipa como voluntario de Cáritas. Asimismo, está ligado al proceso de beatificación de Agustín Alcalá y Henke, que se encuentra «en fase romana» y en el que actúa como notario.

Ante la pregunta sobre lo que necesita Alcalá para mejorar en materia turística, Miguel Martínez no se esconde al señalar el importante déficit del Ayuntamiento en el «impulso de la gestión». «Falta coordinar las entidades públicas y privadas, mejorar el trato con las agencias de viajes o los guías turísticos, pensar en las posibilidades de la ciudad a nivel de congresos… En cuanto a patrimonio no tenemos nada que envidiar a Écija u Osuna, pero es difícil hacer ante la falta de infraestructuras hoteleras».

Sobre el autor

José Romero

José Romero

Periodista y guionista. Doctor en Periodismo y Máster en Guión y Narrativa Audiovisual. Interesado en la cultura en (casi) todas sus manifestaciones: literatura, música, cine, artes plásticas...

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