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Sevilla en Bici

Canal de los presos

En 1940 comienza en Sevilla una obra faraónica que consistía en una infraestructura hidráulica destinada originalmente a poner en riego una superficie de 56.000 hectáreas de las provincias de Sevilla y Cádiz.

Actualmente riega una superficie de 80.000 ha. Parte del embalse de Peñaflor, en Sevilla y recorre 158 km. La obra ya estaba prevista desde el siglo XIX ,pero no es hasta 1940 cuando el dictador Francisco Franco decide emplear a miles de presos politicos para la realización de tan majestuosa obra arquitectónica. En dicha obra fallecen cientos de ‘obreros’ a causa de enfermedades y hambre.

Barrios como Bellavista, Valdezorras y Torreblanca nacen de asentamientos de familiares de los presos que en el canal trabajaban. La obra concluye en 1962. No se conoce con certeza el número de fallecidos, incluso se comenta que algunos cadáveres fueron sepultados en el mismo hormigon que usaban para aquella obra. El número de muertos ascendió muchos años despues de acabar la obra: suicidios, ajustes de cuentas, ahogados y sobredosis…

Este canal del Bajo Guadalquivir, tambien llamado Canal de los Presos, lleva muchas muertes a sus espaldas y mucho dolor y angustia. Un cocktail favorable para que se produzcan fenómenos paranormales.

Existen múltiples testimonios extraños a lo largo de sus 158 kms de longitud. Son muchos los que cuentan que escuchan cánticos propios de la Guerra Civil española. Lamentos, figuras extrañas, apariciones de personas vestidas de época…

El canal, a su paso por los barrios de Parque Alcosa y Sevilla Este, deciden taparlo por seguridad, aunque sigue abasteciendo de agua a los regadios. Esta protección es ideal para un lugar de escondite para drogadictos en los años 80 y 90. Algunos fallecen allí dentro, en esa especie de túnel subterráneo en que se convierte el Canal de los Presos. A algunos los arrastra el agua kilómetros abajo del cauce y son encontrados sin vida en lugares muy lejanos.

Se decia que cuando bajabas al canal y paseabas por un camino que tenía el canal debajo del armazón de hormigón se podian ver luces como de mecheros, velas… que rápidamente eran atribuidas a drogadictos, pero cuando te acercabas allí no había nadie. Aquel lugar era muy oscuro, pues no entraba la luz del sol.

Ver sombras y siluetas humanas era bastante común y escuchar gente hablar también, pero nunca había nadie dentro de aquel lugar lúgubre y sin vida. Muchos se aventuraron a recorrer los tres kilómetros donde este canal está tapado y fueron testigos de aquellas luces y siluetas, pero allí no había nadie más que nosotros. Podría ser que fuésemos víctimas de la sugestión y el pánico. No lo sé, pero de lo que estoy seguro es de que no estábamos solos…

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Javier Lobato

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