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Rueda de reconocimiento

Las deudas de Espartinas

Me van a permitir ustedes que hoy vuelva los ojos a la provincia, a esa provincia tan querida para mí, donde he vivido los mejores momentos de una juventud que, poco a poco, me abandona, dejándome el regusto del recuerdo de lo que, como en las leyendas, en otro tiempo y lugar me regalaron tantos y tantos buenos amigos.

Hoy la Rueda se marcha al Aljarafe, no rodando para evitar las grandes caravanas, sino con el pensamiento y la palabra. Nos vamos a Espartinas, un pueblito «aljarafeizado» pero quizás, non tanto como otros, en el que, tanto los oriundos del lugar como los durmientes de los chalés se encuentran de bruces con un problema bastante serio: Endesa, por impago, amenaza con dejar a oscuras la Feria que el pueblo dedica a su patrona, la Virgen de Loreto.

Es una situación que parece irreal, que no pudiera darse, pero ahí lo tienen ustedes: una localidad que, por no pagar el consumo eléctrico que disfrutan todos los vecinos, ve que estos mismos vecinos, que son los que pagan en verdad, no pueden disfrutar de su pueblo y de su forma de vivir esos días de fiesta que anualmente se esperan con impaciencia y alegría. Los números quizás no importan tanto en concreto, porque la deuda es mayúscula y hasta hoy mismo van a apurar todos los plazos y posibles soluciones.

Dice el Ayuntamiento, antes popular y ahora naranja, que la deuda viene acumulada desde hace años, lo que significa que las partidas destinadas a ese consumo tan necesario para todos han ido siendo desviadas desde hace los mismos años que no se paga la luz comunal. Ojo, que no digo que nadie lo tenga en el bolsillo ni creo que se haya malgastado; más bien habrá ocurrido que, buscando la necesidad prioritaria, la urgencia más acuciante, se haya invertido en otras causas, posiblemente puntuales, que ahora -de aquellos barros estos lodos- ponen a la Feria de Espartinas «al pie de los caballos».

Aquí viene la habitual reflexión sobre la ostensión del poder público y las posibles polémicas que puede generar. En el silencio del despacho y de la intervención, pueden ajustarse las cosas de una forma u otra, con buena intención, siempre con buena intención. Pero ahora, que sabe uno eso de la administración corporativa cuán complicado es, que sabe de tantas restricciones y tantos nos a unos compañeros y otros con sus propuestas, se admira uno lo que debe suponer encontrarse en la obligación de guardar cantidades astronómicas para, por ejemplo, el consumo de la luz de todo un pueblo, y sabiéndolo, ir dejándolo para más tarde, y más tarde.

No pongo en duda la honradez de quien administró aquello, pero seguramente ahora, por bien o por mal, le recorre un caballo desbocado la conciencia. Esta situación, aunque en Espartinas llegue a solucionarse y la Feria se desarrolle con normalidad -es lo que todos queremos- debe servir sin duda como ejemplo de donde no ha de llegar la laxitud administrativa de una localidad, marcando parcelas que son inamovibles porque desatenderlas supone un perjuicio mucho mayor.

Vayamos a la rueda, hoy desde el Aljarafe. A la rueda los administradores férreos, que prefieren la fama de agarrados e inamovibles antes que perjudicar a muchos otros con sus gastos desmedidos. A la rueda, por su lado, los que no pensando en más que en aquello que, por el momento, beneficia, permiten y autorizan el gasto en cosas quizás menos importantes y duraderas por aquello del relumbrón del momento. Espartinas está padeciendo esas decisiones equivocadas. Esperemos que ese pueblo del Aljarafe encuentre las vías adecuadas para solucionar tal conflicto con Endesa y pueda vivir felizmente su Feria, una de las que llenan de colores y sonrisas este verano ya cansado que se derrama hacia Poniente por los pueblos y collados de la provincia sevillana.

Sobre el autor

Francis Segura

Sevillano habilitado por nacimiento, ciudadano del mundo y hombre de pueblo de vocación. Licenciado en Historia del Arte que le pegó un pellizco a la gustosa masa de la antropología, y que acabó siendo recepcionista de notario y estanquero. Investigador en la historia y en la literatura, preguntón, atrevido y gesto hecho hombre.

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