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Puerta Europa

Bosones en extinción

El descubrimiento de la ‘partícula de Dios’, también conocida como bosón de Higgs, ha corrido como la pólvora y se ha hecho eco en todo el mundo en cuestión de horas. En todos los rincones del planeta durante unos días se ha roto el discurso económico y se está hablando del que será-si se confirma- el hallazgo científico más importante en décadas que aparece en un momento idóneo, cuando el vendaval de los planes de austeridad están tambaleando los pilares de la investigación científica.

Aún es pronto para conocer el detalle del descubrimiento. Falta averiguar más sobre los resultados del hallazgo. A partir de ahí, comenzará el desarrollo de todo un paradigma que supondrá un nuevo reto de la ciencia. Eso forma parte de la ciencia ficción. La realidad es que, con los medios de los que se disponen, en 2012 se ha podido encontrar la causa que explica la existencia de masa en los cuerpos del universo, un acontecimiento que se registrará en los libros de historia de los próximos años.

Más allá de los vítores y celebraciones contenidas, el hallazgo llega en un momento crucial. El avanzado desarrollo tecnológico y científico alcanzado hasta la fecha se contrapone con unos hechos irrefutables: la inversión en ciencia está bajo mínimos, especialmente en España. La contención que están imponiendo los estados europeos está suponiendo un importante sacrificio para la mayoría de los sectores económicos pero la voluntad política de los mandatarios puede dirimir si lo que sufre la ciencia es un parón temporal o un batacazo irreversible.

En España, como viene siendo habitual, somos campeones olímpicos en pérdida de competitividad. Mientras países como Alemania, Francia o Estados Unidos incrementan ligeramente sus partidas dedicadas a la investigación, el gobierno de austeridad presidido por Mariano Rajoy ha cercenado para el año en curso un 25% del presupuesto destinado a la investigación científica, amparada bajo las siglas I+D+I. Con las cifras de inversión actuales -6.400 millones de euros- el gobierno español desde 2009 –antes socialista, ahora popular- ha recortado un 35% el presupuesto dedicado a I+D+I.

Frente a esta situación, los científicos españoles responden de dos formas. Los que pueden, abandonan el país por la falta de incentivos y buscan experiencias en las grandes potencias europeas o en Estados Unidos. Una huida de cerebros que provoca una ingente pérdida intelectual, de conocimiento y riqueza. Los osados que permanecen, intentan avanzar en investigación con un presupuesto ínfimo a la vez que se organizan para denunciar la situación aunque con escasas esperanzas de mejoras. La carta abierta a favor de la ciencia es el mejor ejemplo, aglutina a casi 27.400 firmas pero no ha tenido respuesta del Ejecutivo.

España representa actualmente uno de los principales lugares de castigo de los científicos. Si en el siglo XVI, combatía el progreso con el azote de las hogueras, quinientos años después, el castigo se inflige con recortes presupuestarios que indudablemente tendrán consecuencias en el desarrollo futuro. Tecnologías, vacunas o curas para algunas enfermedades están sufriendo un retroceso definitivo en su implantación para los próximos años.

En mitad de este volcán en erupción, aparece un bosón, una micropartícula que se está transformando en la gran esperanza para la comunidad científica. El hallazgo es la mejor respuesta que puede ofrecer la comunidad científica a los ataques al presupuesto y se traduce en la constatación de que la ciencia supone una inversión paciente aunque segura. El descubrimiento cuenta, además, con una importante repercusión social, un estímulo que la comunidad científica necesita para convertir este avance en un punto de inflexión en la inversión en I+D+I.

Ahora, cuando la ciencia ocupa portadas por sus descubrimientos y comienza el carrusel de elogios por los logros conseguidos, es el momento ideal para que la comunidad científica exija voluntad política para la ciencia. El bosón de Higgs ha generado una nueva coyuntura que debe convertirse en el motor de la recuperación del compromiso para potenciar en los próximos años la investigación y el desarrollo a través del incremento gradual de sus partidas presupuestarias. De lo contrario, bien haríamos en despedirnos de los bosones porque este tipo de avances científicos entrarían en un verdadero peligro de extinción.

@lexbalbuena

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Sobre el autor

Alejandro Balbuena

Nació en Sevilla y pronto supo que lo suyo sería la comunicación. Es licenciado en Periodismo en la Universidad de Sevilla y Máster en Marketing Digital por la Universidad de Málaga. Especialista en Comunicación Estratégica y Publicidad, es miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

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