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El Hospital de Osuna usa bótox para tratar la parálisis facial

Con una incidencia de 24 casos cada cien mil habitantes, esta lesión nerviosa puede dejar secuelas graves para la calidad de vida.

El servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital La Merced de Osuna ha incorporado una técnica para el tratamiento de la parálisis facial periférica (PFP) mediante el empleo de toxina botulínica tipo A (TxBA). La parálisis facial periférica es una lesión nerviosa que suele presentar una evolución clínica favorable. Sin embargo, hay casos severos en los que no se produce recuperación o bien ésta es lenta o incompleta. El origen de la parálisis puede ser intracraneal, intratemporal o extracraneal y su causa traumática, tumoral, inflamatoria o infecciosa.

La forma más frecuente de PFP es la parálisis de Bell, con una incidencia de 24 nuevos casos cada cien mil habitantes y año. De ellos el 70 por ciento presenta resolución completa y del 30% restante, la mitad quedará con secuelas leves y la otra mitad con secuelas graves que pueden tener un impacto negativo en la calidad de vida de la persona que lo padece. Produce una discapacidad relevante por la combinación de los trastornos físicos y psicológicos.

Independientemente de la etiología, la regeneración anómala del nervio puede producir sincinesias (aparición de movimiento facial involuntario y no deseado acompañando a otro voluntario), contracción muscular mantenida y espasmos que suelen resultar dolorosos. El tratamiento rehabilitador es complejo y debe ser individualizado para cada paciente. Suele combinar varias técnicas (reeducación neuromuscular facial, mimoterapia y biofeedback) cuyo objetivo es mejorar la simetría facial tanto en reposo como en movimiento además de disminuir el dolor si está presente.

En este sentido el médico rehabilitador emplea la TxBA como parte del tratamiento no quirúrgico de la parálisis facial periférica, lo que suponen una ayuda muy eficaz  para paliar las secuelas producidas por las lesiones no recuperadas del nervio, tanto por su acción directa en el músculo (denervación química mediante bloqueo presináptico de la motoneurona alfa) como para la facilitación en la reeducación neuromuscular.  El efecto de la TxBA comienza al tercer día y suele perdurar hasta al menos el final del tercer mes post-infiltración. La mejoría obtenida con la toxina contribuye a motivar a los pacientes a continuar con los ejercicios faciales en su domicilio y su empleo está indicado en cualquier paciente con PFP, independientemente de su causa.

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