Opinión Palabras desde Londres El cielo azul
Palabras desde Londres

El cielo azul

Ya han transcurrido dos meses de confinamiento parcial en las islas. No se le puede llamar total porque no lo ha sido. No ha dejado de haber gente por las calles ni reuniones en las casas, pero el tráfico ha descendido en un enorme porcentaje gracias al teletrabajo y al cierre de negocios de venta directa, de restaurantes,  de comerciales, de librerías, etc… Dejar la ciudad solamente para el transporte público, la seguridad estatal y los profesionales de distribución nos ha filtrado el cielo. Sí, ese cielo maravilloso que difícilmente se observa con esos colores vivos cuando hay  smog (smoke+fog).

“Kiss and make up”

La música es otra, al coincidir las normas de “confinamiento” con la primavera ha habido una explosión de población silvestre. El número de pájaros que  cantan es exponencialmente mayor; los loritos verdes, animal invasor traído por el turismo de los londoners del exterior, vuelan en bandadas que forman una pintoresca imagen con el entorno de la ciudad. En las noches, los zorros, cánidos que buscan entre la basura, están totalmente desaliñados y dan mucha pena, han conseguido que sus cachorros sobrevivan a una edad adulta y ahora se disputan la comida de sus contenedores de basuras. Los ruidos son particularmente extraños la primera vez que se les oyen pelear. Las aves en el río, en los lagos artificiales…La vida se abre camino en cuanto le damos un respiro y dejamos de contaminar a una velocidad suicida. Y no sólo las especies animales, la más estúpida del planeta, la especie humana ha vuelto a caminar, a correr y a montar en bicicleta como si estuviésemos en 1920.

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“Inside out”

Sinceramente, debemos adaptar un teletrabajo con garantías, reducir el uso del automóvil, por ejemplo dos días por semana de forma rotatoria dentro de la ciudad, nos iría mucho mejor. Obviamente London no es Sevilla, Málaga, Córdoba o Granada; su tamaño, en Europa sólo es comparable con París o Moscú. Nuestras ciudades, comparadas con el área metropolitana londinense y el hormiguero humano en que se ha convertido, parecen puros barrios residenciales. La recuperación de la fauna local y de la fauna salvaje de los alrededores sería mucho más veloz y con ello los arroyos y los ríos que bañan nuestras ciudades Andaluzas. Con una ciudad saludable, nosotros seremos más eficaces ante pandemias como la actual, y mucho me temo, que no será la última. ¿Cómo hacerlo? Enfocando la industria hacia el medio ambiente y poder realizar trabajos desde casa con garantías dignas. No se puede vivir sólo del turismo, ni este puede ser el pilar de una sociedad, aún menos, con contratos basuras y temporales.

Aquí los negocios están abriendo tímidamente sus puertas, London es cafetera y de Fast Food. Las colas se forman en los establecimientos para pedir un café, comprar pescado y la de “siempre” en los supermercados. Parece que en vez de evitar a la gente, se les busca.

“Keep you hair on!”

Ahora la calidad del aire es óptima, comparada con la de antes, para pasear por la orilla del río, no invito a la gente a salir porque está concurrida desde la mañana, muy temprano. Como decía antes el número de bicicletas ha crecido y las Santander de TFL se encuentran en algunos puntos ocupadas, cierto que el personal del NHS podemos usarlas gratis tras una gestión que mostrará la eficacia del Team Leader de turno. El tiempo en mayo es el más apetecible, no hace frío, apenas llueve, y nada de olas de calor para una ciudad que sigue sin estar preparada.

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La otra cara de esta realidad son las  casi 40.000 personas que ya han muerto. Ha habido una gran demora en la atención a las residencias de ancianos y poca información sobre  el número de enfermos que se recuperan. Es muy triste navegar en este mar de injustificadas tropelías que van desde el Prime Minister a los ineficaces “jefecillos de turno” del sistema de salud.

Se quiere ocultar la apatía generalizada, la falta de solidaridad y el atropello a la colectividad con carteles bonitos dedicados al NHS, con  los aplausos y  las donaciones de comidas para su personal. Eso está bien, mil gracias, pero hay que resolver el problema de raíz.

Debemos mantener las precauciones  y respetar las distancias. Dejar de salir de casa por puro placer, parece que todos nos estamos preparando para los JJOO de Tokio con tanto deporte. Lo más absurdo que he visto en el aparcamiento de un parque es  a un vendedor de “algo” con mascarilla, entiéndase algo con lo que puedas imaginar, en ese mismo lugar, botellonas de grupos de varias personas. Y la policía paseando por ese parque. En fin, no creo que compartir un cigarro aliñado o una litrona (lata) sea la mejor manera de estar a salvo y no esparcir el contagio.

“It is cutting edge”

Aunque eso no es todo.  En el canal que recorre varios puntos no interconectados de London, desde el cual puedes visitar Little Venice, hay muchas residencias que son barcas, tienen un tamaño determinado, por regla general de unos 10 a 15 m de eslora, quizás de 2 a 3 m de ancho y no creo que alcance los 2 m de altura en su interior. Algunas con “balcones” o “terrazas” mínimas. Os aseguro que he visto barbacoas de grupos en algunas de ellas. ¡Estamos locos!

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¿De qué vale este sacrificio? ¿Estar encerrados? ¿Los muertos? ¿Keyworkers muertos? Debemos reflexionar de este egoísmo que se antepone a todos  y recapacitar que nuestra libertad acaba donde empieza la del otro.

Hoy  se puede decir que no somos una sociedad, sino un grupo de millones de personas en London, nadie le importa a nadie excepto uno mismo. En vez de aprovechar esta crisis humanitaria para mejorar y aprender de los errores, parece que vamos a afianzar un clasismo donde la vida de otros no significa nada y vale menos que mi derecho a comprar pollo frito, beber un café aguado en cartón o jugar al tres en raya en un coche minado de gente. Sin embargo tengo la esperanza de que seremos capaces de convencerlos. Hay esperanza.

“Keep dreaming”.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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