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Palabras desde Londres

Cuarentena en London

Vivir en una isla tiene la ventaja de estar físicamente separado por una barrera de agua, también puede verse desde el otro lado y  decir que te une un brazo acuoso. En definitiva, el Covid-19 nos ha dado una lección muy severa. Nadie está a salvo en el planeta. Sólo los asuntos domésticos de otra índole, si así fueran, pueden ser más o menos graves que el mismo virus.

Para Occidente, el apodo de EEUU y sus países títeres, la expansión ha sido y es dura para la población civil. El confinamiento progresivo ha calado en los gobiernos según han ido en aumento  los casos y el número de muertes.

“A Word is enough to the wise”.

Hemos comprobado cómo EEUU y Reino Unido, en menor medida Australia, Nueva Zelanda y Canadá optaron por la omisión. No existe, no actuamos.

Una vez más los hechos son irrefutables y las consecuencias desastrosas,  están operando sobre la marcha y mucho me temo que nadie tiene una estrategia clara para su erradicación.

“Action speak louder than words”.

En London recibimos mensajes contradictorios todo el tiempo. El clásico sí pero no, no pero sí, quizás, a veces, si acaso…

Según iban aumentando los enfermos y las muertes, ya no se podían otorgar  otras razones, lo que hizo que el gobierno fuera decretando ciertas medidas.

Aconsejaron que todas las personas que pudieran ejercer su profesión de forma  telemática se confinaran en sus casas. Las malas lenguas viperinas atribuyen  esta falta de decisión y criterio a la influencia y el poder de las aseguradoras de la City, las cuales no tiene ningún inconveniente en dejar en sus casas a sus empleados, principalmente porque ya muchos tienen esa opción; por el contrario,  suspender las actividades les dolería mucho en el bolsillo, bajarían ganancias y los accionistas se sentirían como miembros de la clase trabajadora: doloridos, empobrecidos, aislados y con miedo a salir a la calle.

Desde NHS se empezaron a cancelar las citas no urgentes para pasar a una modalidad digital y telefónica. A los trabajadores que pudieran hacerlo desde su casa, aislados y bunquerizados se les aconsejó trabajar desde allí. El personal que presentara algún síntoma debía auto-aislarse durante una semana si vivía solo o catorce días si tenía familia o compartía vivienda, aunque sus acompañantes no presentasen síntomas.

Al poco tiempo, el lunes siguiente a los primeros consejos, justo sobre la hora de la merienda en Andalucía y la de la cena en London, cerraban los teatros y cines al público. Ahí les entró la prisa. Dos días más tarde dieron un plazo para cerrar las escuelas, pubs y todos los espacios que no prestasen servicios imprescindibles para el desarrollo de la sociedad. Exceptuamos supermercados y farmacias. En definitiva, estamos ante un confinamiento social con partes de la misma sociedad que difícilmente cumplirá este objetivo. Ya han suspendido el metro nocturno, la línea de la City (Waterloo & City) y no se descarta el cierre total del metro en breve.

Al igual que en Europa, el amor al papel higiénico es pasional. El carácter de panadero ha renacido en toda la comunidad de la isla, pero lasañas y verduras sobran, no son una prioridad para las despensas personales, o quizás  no saben cómo cocinarlas, lo verde no cuaja en la cultura británica.

Ya he visto las primeras peleas por comida en los supermercados y fue horripilante porque no faltaba comida, quizás sí un producto determinado.

Es escaso el seguimiento a los consejos del gobierno. No sirve de nada llevar mascarillas, si luego la higiene no va en concordancia, me refiero a una buena ducha con su lavadora.

Un buen número de trabajadores van a ver sus ganancias reducidas a cero. Los que disfrutan (léase con ironía) del contrato de cero horas, directamente están quebrados. Las empresas que dependen de ingresos directos, ídem de lo mismo, en  las grandes empresas ya suenan campanas de despidos. ¿Os suena está melodía?

“Add insult to injury”

Debido a la situación que vivimos los emigrantes o expatriados, usemos el término anglosajón, recomiendo a todos de permanecer en casa. Llenar bien la despensa, libros interesantes y un horario con rutina que incluya ejercicios físicos.

Los que no tengan familia y les pueda la soledad y la nostalgia con la melancolía, que tomen un avión, un barco, un tren o un bus y regresen a sus casas. Siempre es mejor estar con la familia que solo.

El clima no ayuda a esta super-gripe. Las viviendas suelen ser muy pequeñas comparadas con las de Andalucía. La convivencia con otras personas que no son tu familia no siempre es agradable al estar confinados. El transporte público puede ser un punto de contagio, evítalo dentro de lo posible.

London no es el mejor lugar para esconderse, pero hay que adaptarse. Ahí los andaluces tenemos experiencia de siglos, aguantando calamidades y soportando barbaridades e injusticias.

Y sobre todo fuerza y paciencia. Esto acaba de empezar y va para largo.

“All grief’s with bread are less”

Por resaltar algo positivo, quiero destacar cómo hemos aliviado esa presión contaminante sobre el planeta. Después de que esto se acabe, que lo hará, tenemos que replantearnos la funcionalidad, la movilidad y la calidad laboral más propias del siglo XIX en el s.XXI.

Por último os invito a buscar estos libros de la cultura inglesa de lectura aconsejada:

Swallows and Amazons de Arthur Ransome.

The Wind in the Willows de Kenneth Grahame.

Alice´s Aventures in Wonderland and through the looking glass de Lewis Carrol.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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