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Palabras desde Londres

Inseguridad perceptible, democracia en peligro

En toda urbe masificada nos encontramos con la desconfianza en el vecino, la apatía a la socialización gratuita que junto con la apisonadora que es el estado neoliberal sobre los ciudadanos van  generando una masa social desgraciada y pobre, proclive a la delincuencia en muchos aspectos, siendo la delincuencia infantil la más visible y palpable en cada momento del día.

La delincuencia de guante blanco, en cambio,  solo se percibe en la cola de una urgencia en un hospital, la caracola donde se ubica a unos estudiantes o el desalojo de una anciana por la policía, y no todos son capaces de identificar a sus autores. De ahí que movimientos xenófobos y fascistas con un programa a la medida de Trump son votados por la gente a la que más perjudican sus políticas.

Una de las burradas más grande es el “pin  parental”; ya de por sí, la escuela está desprotegida y tiene pocas herramientas para luchar contra ese tipo de medidas. La delincuencia infantil tiene un origen muy claro, la educación. Y si  a ello unimos pobreza, falta de oportunidades, auge del racismo y discriminación política favorecida por la acción del Estado, tenemos un cóctel molotov, y eso ocurre en London.

En Andalucía se ha identificado, generalizando mucho, la delincuencia juvenil normalmente con gitanos, como si los payos no estuviesen libres de culpa y como si todos los gitanos en su adolescencia fueran gamberros. Desafortunadamente ese topicazo está lejos de extinguirse, aunque ahora parece que el foco mediático se está centrando en los adolescentes extranjeros. Recordemos moro, pobre y delincuente contra  árabe, rico y bueno. La amenaza con granada a un centro de menores ha sido una acción procedente de un grupo interno de las FFAA, no hay duda, pero dudo que tenga la misma sentencia que haya tenido un tuitero y titiritero; de hecho es ingenuo pensar que la investigación conseguirá encontrar a sus autores, ya la Historia nos lo recuerda en estos casos.

En Greater London vivimos con una realidad social muy opuesta a la andaluza. Principalmente la población es superior en algunos millones de personas, la diversidad, debido a que London ha sido un centro de emigración mundial, no es comparable con el paso migratorio andaluz.  Sin embargo tienen en común el desprestigio constante de la escuela pública, la desfachatez con la cual las autoridades actúan y recortan ingresos pero multiplican de forma sistemática sus gastos superfluos; quizás lleguemos a un momento como en otras CCAA y países donde la escuela privada-religiosa tenga más dinero del heraldo público que la otra.

“What are you driving at?”

La ley española de educación, la LOMCE,  ha ido marcando el camino de la desigualdad  y jerarquización de la sociedad. Ojalá se actuara con la misma eficacia en dirección opuesta. La liberación de la educación en el Reino Unido trajo consigo escuelas de diferentes velocidades en la misma calle. Allá donde los padres y los profesores en la asociación Parents & Teachers Association (PTA) (equivalente del AMPA pero con la participación de los profesores que trabajan en el centro) las escuelas consiguen recursos y con su programa abierto imparten sus clases, pagan sus instalaciones y tienen cierta independencia de la miseria que les da el gobierno británico y el Council de turno. Entiéndase Council como Ayuntamiento.

Indudablemente en  las zonas más empobrecidas las escuelas se han convertido en lugares con peores instalaciones por falta de mantenimiento, sus profesores tienen peores salarios, el abuso de la figura de Teacher Assistant (TA) quien no necesita una cualificación oficial para ejercer, en vez del profesor. Un currículo que rompe todas las expectativas antes de que tengas 11 años.

Es cierto que el sistema británico, British state school, favorece al alumno interesado en aprender y, en cierto modo,  al alumno desmotivado  a desentenderse del aprendizaje. En otra ocasión ahondaremos en su método. Cuando se cercena la educación y ese espacio lo llenan grupos de personas que te ofrecen otro camino más fácil para conseguir por ejemplo: respeto, entendido como miedo de los otros hacia ti; dinero, conseguido de pequeños hurtos y  generando un enriquecimiento muy por encima de la ayuda social que pueden conseguir sus progenitores; status social,  no es lo mismo ser un cajero de un supermercado y estudiar derecho de noche y apenas poder ir a un Nandos (cadena de comida rápida afroportuguesa) que ir en un mercedes con ropa cara y estar sentado en una plaza todo el día para que los que pasen por ahí te saluden como a una celebrity (famosillo).

“Making a show of it”

Son varios los episodios que he vivido o visto en el transporte público, en la calle y en centros comerciales, donde un grupo de adolescentes atacan, roban, agreden a otras personas. Por regla general, buscan menores solos que a simple vista no se puedan defender. Las autoridades suelen hacer la vista gorda. Los responsables del TFL (Transpor for London) igualmente, la solidaridad de las personas para socorrer al agredido es cero,  pero desde el primer insulto hasta cuando está en el suelo ensangrentado, asombrosa frialdad de esas personas que huyen del lugar sin llamar a las autoridades. Una carencia de absoluta solidaridad y compasión.

“Doing the swedish”.

Cuando se ha quebrado la sociedad, la democracia ha muerto. ¿Quién va pensar en votar? Cuando te sientes inseguro o te atemoriza dejar a un niño de doce o trece años a la vuelta de la esquina a la una de la tarde, empiezan a calar las ideas de esas personas que cuando han tenido oportunidad gobernando han desviado el dinero de educación a otros menesteres, esquilmando la policía a números ridículos, banalización hechos que atentan contra los DDHH para justificar el credo de algún lobby religioso-político a escondidas. Estos mismos se presentan como la solución a la violencia con su mano dura a precio de derechos civiles para así seguir alimentando el bucle.

La educación debe ocupar un porcentaje altísimo del PIB y nunca puede recortarse, los resultados en el RU son apabullantes, con una violencia que nada envidia a países de otra parte del orbe.

“the time is up!”.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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